Se alza el telón Teatro y premios
por Malkah Rabell
Como de costumbre como lo hace la Asociación de Críticos de Teatro de México se reunió para elegir lo mejor del año en ese terreno en nuestro país. No voy a repetir la larga, excesivamente larga lista de nombramientos, que además ya apareció en numerosos periódicos. En cambio, me han pedido los responsables de esos galardones —a cuya votación no asistí por muchas razones, una de ellas por ser, enemiga de las premiaciones, a las cuales considero un hecho incomprensible y a menudo deshonesto—. Pero en fin, esmenester aceptarlos porque gran parte de la humanidad así lo hace, y tal vez porque ofrece a los ganadores un poco de felicidad.
En cambio me han pedido algunos ccomentarios acerca de los mismos. Y me apresuro a hacerlo, sobre todo cuando me doy cuenta que la mayoría de los lauros corresponde a mis propias opiniones.
Veo que uno de los primeros premios corresponde a Salomé, y tiene una excelente aceptación en numerosos ramos. Puede decirse que es la obra más premiada entre las del año pasado. He aqui sus lauros: como la mejor producción nacional; con la mejor es. cenografía; con una directora revelación: Marta Verduzco; y la revelación de la primera actriz, en el papel de Salomé: Lorena Gleniz Ferris... ¡Cuatro galardones!
Mas, caso extraño: lo mejor de esa rrepresentación, la espléndida actuación de Claudio Obregón, fue ignorada. No me lo explico: ofrecer una lista enorme de premios y no laurear a quien en el papel de Herodes Antipas creó la figura más singular de la puesta en escena. Fue una interpretación hecha con las entrañas y con todo el sistema nervioso en tensión, que sólo pudo llevar a cabo un actor de las dimensiones de Claudio Obregón.
En cuanto a los demás laureados, me parecen correctos. Sobre todo el galardón
jadjudicado a Lorena Gleniz Ferris, una muy joven intérprete, más bailarina que actriz, pero que promete alcanzar muy pronto el nivel de una consumada dominadora de su prolesión.
En cuanto a las demás premiaciones, la de HONOR adjudicada a un poeta dramaturgo, Hugo Arguelles, me parece una brillante oportunidad para demostrarle el respeto y la admiración que por su obra siente. no sólo la asociación sino el país.
Voy a repetir algunas opimiones que ya emití en anteriores críticas:
"Las obras de Hugo Argüelles nunca fueron fáciles ni de comprender ni de interpretar. Pero este último de sus dramas: El cerco de la cabra dorada, que bordea constantemente la tragedia, es especialmente compleja, con sus siete protagonistas que son como un nudo de siete destinos, que nunca logran liberarse uno del otra. Hasta ese final que aúna para siempre a dos seres en la muerte".
Por la misma obra, El cerco de la cabra dorada. también fue galardoneado su director de la puesta en escena, Bruno Bert. un hombre con una inmensa cultura universal. pero con una aún más grande modestia. Personalmente escribí acerca de la misma representación:
Hace ya muchos años, tal vez una década, que no he sentido tal fuerza de realidad
en la intervención de un director de escena. la imposición de una exigente mano directiva en cada movimiento de los intérpretes y en la unidad de un texto, en el transcurso de una obra dramática, como en ésta, debida a Bruno Bert. Yo sabía desde mucho que Bruno Bert era un buen director, pero me quedé no sólo sorprendida sino apabullada por la fuerza impositiva de esa dirección. Sobre todo resultan visibles los resultados de ese dominio sobre la actuación de los actores. De los siete protagonistas, ninguno parece insignificante, cada papel adquiere un significado muy especial, en el conjunto del texto. que podria fácilmente caer en el melodrama en manos no apropiadas, en cambio aquí adquiere tonos de traqedia".
Y para finalizar, hablemos un poco de esa obra nacional que tuvo tanto éxito en el teatro y fuera del teatro: Amistad Castigada. lo que significa entre nosotros: "cuatismo" y que le dio a Héctor Mendoza el Premio al mejor autor mexicano. He presenciado ese espectáculo hace unos meses en muy malas condiciones de salud. que no me permitió verlo hasta el final, y lo visto sólo me dejó un recuerdo de muchos enredos amorosos, tantos enredos que ni el propio Juan Ruiz de Alarcón los pudo desenredar. Y todo ello transcurría entre gente vestida con trajes monacales, que por cierto me entusiasmaron, y supongo que debían tener un significado simbólico, teatral. Probablemente
los empleaban en lugar del vestuario de los tiempos históricos en que se desarrollaba el trama. Lo que resultaba más sugestivo y bello que la vestimenta clásica... y más barato.
Pero la obra tenía un final que solamente llequé a ver ayer en el teatro Santa Catarina. Y este final valía oro y transformaba esa comedia de amor desatado en comedia política, que supongo se debe más a la pluma de Héctor Mendoza que a la de Juan Ruiz de Alarcón. Y todo el mundo sabe que nuestro público adora las comerlas políticas, sobre todo cuando se burlan de los propios políticos. Por lo mismo el auditorio se despertó, empezó a reir y a aplaudir y todo el mundo salió entusiasmado del teatro.
La representación contaba con un grupo de jóvenes actores, dotados para la escena, pero todos ellos dominaba la voz y la personalidad de Ricardo Blume en el papel de Dión, un hombre de Estado que llega a ocupar el trono del cual arroja a su antiguo monarca... Don Ricardo Blume no sólo es un actor excelente dotado de una voz potente y de una dicción perfecta: es el intérprete que ganó el premio como el mejor actor del año... el lugar que debió ocupar Claudio Obregón en el papel de Herodes. Por lo general cuando dos grandes actores se encuentran frente a frente en semejante posición. lo más correcto y aceptable es dividir el premio en dos y ofrecerle a cada intérprete el suyo. Aunque el papel de Herodes es mucho más difícil que el de Dión, hay que tomar en cuenta que uno actúa en una obra extranjera y el otro en una obra nacional. Pero con el premio dividido hubiera sido acallado cualquier incidente.
Pero el problema de los premios va mucho más lejos que el de unos cuantos determinados incidentes, y tienen raíces de podredumbre más hondas y dolorosas.