mismas metas. Una de las
características básicas de ese movimiento es la de llegar, por medio del
absurdo, a universalizar los problemas del hombre; en tal teatro no hay casos
particulares, el personaje no es un
hombre, sino el hombre. Juan
García Ponce en cambio finca su planteamiento en otras bases; si bien utiliza
el recurso del absurdo, lo hace no para universalizar, más bien para marchar
hacia el centro del problema, de ahí que lo descuartice para analizar mejor sus
partes El conflicto que presenta es particular y en ello radica su eficacia; es
quizá por eso que al desviarse de esa vía centrípeta -al hacer aparecer dos
personajes de carácter universal: el juez y su secretaria- se produce un choque
interno dentro de la obra que la hace perder su camino primordial.
La
dirección de Gurrola es dinámica, atrevida como todo
lo suyo, no le teme al absurdo, de ahí su éxito. No trata de justificar lo
injustificado ni de dar explicación a lo inexplicable. Hace amena la acción,
sin ser superficial -a pesar de que en esta ocasión sus actores masculinos tenían
cierta tendencia hacia lo superficial-. Por fortuna esa tendencia fue
contrarrestada por Beatriz Sheridan, una actriz que hace nacer las palabras
desde la raíz de la emoción y el gesto desde lo más profundo del inconsciente,
pasando por la consciencia después y por el razonamiento. La actuación de ella
revela todo el mundo interno de su personaje, al grado de convertir lo
cuantitativo en cualitativo. Ella es lo que se llama una actriz de verdad.
Excelente la escenografía de Von Gunten.
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Jacobo o la sumisión
Sala Villaurrutia.
Autor: Eugène Ionesco. Dirección: Anya Herrera A. Escenografía: Sergio Jiménez. Reparto: Julio Castillo, Wilebaldo López, Beatriz Sámano,
José Luis Contreras, Mireya Cordero, Raquel González, Selma Marinni,
Luz María Hidalgo y Jesús Escalona L.
En la Escuela de Arte
Teatral del INBA, Anya Herrera ha dirigido esta obra
de Ionesco como examen final correspondiente a la carrera de directora de
escena. Múltiples son sus aciertos y hallazgos. Supo vencer las dificultades de
un texto sembrado de escollos y manejar con habilidad a los jóvenes actores,
todos alumnos de dicha escuela (algunos de los cuales cursan el primer año de
actuación).
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Una firme promesa se
revela en Julio Castillo, quien posee grandes cualidades histriónicas y que
bien pronto dará qué hablar, pues está apto para ser aprovechado ya en los
teatros profesionales. Sobresalen también Wilebaldo López, Beatriz Sámano, José Luis Contreras y Mireya
Cordero. La escenografía, por demás sencilla, de Sergio Jiménez se ajusta a las
mil maravillas al carácter de la obra. Fue sin duda, para Anya Herrera, un brillante examen profesional.
Susana quiere ser decente. Sala 5 de diciembre. Autor: J. Llopis Establier. Ambientación: Jorge Landeta y M. A. López. Dirección: Jorge Landeta.
Escenografía: David Antón. Reparto: Irma Lozano, Chucho
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Salinas, Manolita Saval,
Roberto Guzmán, Héctor Lechuga, David Hayat, Marta
Yolanda González y Susana Cabrera.
Profunda
decepción producen muchos de los teatros comerciales, y éste, de entre ellos, se
lleva las palmas. Jorge Landeta ha pasado de la
comedia ligera al sketch descarado.
El diálogo, totalmente deformado por esa necesidad de trasladar la acción a
México, no es sino un continuo juego de palabras, de calambures, de chistes de
la más reconcentrada vulgaridad e intrascendencia. La meta del director y de
los actores no es otra que la de hacer reír a toda costa a un público poco
exigente. Siendo la comedia un género tan noble, se ve empequeñecido con tal
cúmulo de despropósitos.
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