Ladislav Fialka. Teatro de Pantomima de Praga. Mimos: Ladislao Fialka, Ludmila Fialkova, Milan Jedicka, Jiri Kaftan, Zdenka Kratochvilova, Ivan Lukes, Bozena Vechetova, Richard Weber, Antonin Hosek, Jiri Kanka, Mirka Kovarova, Jiri Miller, Evzen Novacenko y Milan Vomacka. Director: Vladimir Vodicka.
El Teatro de Pantomima de Praga no es la primera compañía de pantomima que nos visita, pero si es la
primera que muestra un trabajo de equipo.
Cuando
vino Jean Louis Barrault con su compañía teatral, hizo él solo
algunas demostraciones de su arte mímico,
pero como algo aislado del conjunto. Marcel Marceau,
por su parte, fincaba todo el espectáculo en su propia figura. Alexandro Jodorowsky, a
pesar de ser un mimo excelente y de haber
formado a una serie de jóvenes en sus cursos de
pantomima, prefirió dedicarse a la dirección teatral y por
último Samy Molcho también realizó su espectáculo sin colaboración de otros colegas. De suerte que ver a
un equipo de dieciséis elementos sí representó
una novedad en nuestro país.
Cada uno de estos mimos a su vez
ha tenido sus propias características de contenido,
más que de forma, puesto que la mímica es no sólo destreza
corporal,. sino exposición
de pensamiento, lenguaje filosófico. Sobre la temática
de Ladislav Fialka, creador y
eje del Teatro de Pantomima de Praga, puede decirse
que muestra un mundo doloroso a veces, pero en el que anida todavía la esperanza,
ve la muerte como una transformación, no como una nulificación; tiene fe en
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diorama
teatral
por mara reyes
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la vida y en el hombre. Ejemplos
de ello son sus pantomimas: Lo que vio el hombre en el parque, Rumbo perdido y La vida del árbol, entre
otras. En esta última esto es muy claro: el árbol nace, vive, cambia de hojas; llega el hombre, lo corta… y con la madera construye un violín. Nace otro árbol. (Por cierto que la música debía haberse iniciado desde el momento de tocar el violín, ya que el
hacerlo antes, hace que pierda fuerza el sonido
del violín). Sus pantomimas de crítica al
hombre y su sociedad, como El hombre y la silla son más bien superficiales. De éstas la mejor lograda indiscutiblemente es La vida de pie. (En ésta, en cambio, el recurso de la música está empleado con positiva perfección). En otras de ellas hay cierto dejo romántico, rayando casi en lo cursi, como en El
piano y la máquina de escribir o como en Movimientos
y sensaciones. Pero lo mejor de Fialka no son sus historias trascendentes, sino sus demostraciones técnicas y sus juguetes cómicos. En ellos domina la frescura, la
elegancia, la viveza. La belleza plástica
de algunas de sus
pantomimas, como Cariátides, Alta escuela,
la Entrada del circo más pequeño y
especialmente El hombre y la máquina son muestra más que
suficiente del talento de Fialka y de las
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posibilidades infinitas de este excelente conjunto de mimos.
Fialka emplea dos recursos básicos colaterales a su arte:
la música y la iluminación. En sus primeras historias,
especialmente, la música esta ensamblada en tal forma
a la pantomima que no podrían separarse la una de
la otra. Y en las últimas (que corresponden a la
etapa cuarta del programa a la que engloba bajo el titulo de
Metamorfosis) la luz es como un
mimo con movimiento y dinámica propios. Al aplaudir
a Fialka se aplaude también
a ese artista invisible que supo manejar la luz con tal arte.
Fialka y sus mimos son artistas de verdad. La mímica -como dijera en un curso de pantomima, Alexandro Jodorowsky- no es un arte de muecas. El secreto de la expresión facial consiste en retener la expresión del sentimiento, pero que el sentimiento se trasluzca a pesar de los esfuerzos. Imaginemos que el mimo tiene una máscara inexpresiva pegada al rostro. Él debe sentir por debajo de la máscara con tal intensidad que el dolor, la alegría, la cólera, se filtren por los poros de esa mascara. Esa es la expresión noble. La expresión bastarda, bufonesca, utiliza la mueca exterior.
Fialka y sus mimos tienen precisamente esa expresión noble que engrandece al arte de la pantomima.
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