Se alza el telón Luis Sánchez Zebada: 50 años de crítico
por Malkah Rabell
Para festejar los 50 años de critico que cumple el compañero Luis Sánchez Zebada, se ha llevado a cabo en el teatro Rafael Solana una representación a cargo de Fernando Luján: La divina garza que ha hecho reir alegremente durante dos horas a un público que llenaba la bellísima sala del
Centro Veracruzano.
Y he aqui que nos vuelve el humor español ausente de nuestros escenarios desde hace tanto tiempo Fernando Luján, que dirige y actúa en La divina garza, domina el escenario vestido de mujer, en el papel protagónico, que como resulta comprensivo, es la divina garza, o de otro modo, la tía Carmelita que llegó de España a México para visitar a su sobrina, que vive en una bellísima mansión. donde se han venido a refugiar una pareja de novios amigos de la dueña de casa, en busca de un techo para resguardar sus amores aún no legalizados por la ley ni por las viejas tradiciones casamenteras. Pero los tiempos han cambiado. La tradicionalista tía Carmela ya no se preocupa mucho por la intervención del cura en los amores juveniles, y se hace de la vista gorda ante esa pareja, simbólica de una generación nueva, que ya no teme a Dios, y aún menos al diablo, y vive su vida con toda la libertad, que en la época de Fernando del Paso y de Miguel Mihura
estaba desconocida.
Fernando Luján, con mucha gracia, a veces excesiva, sobre todo cuando empieza a manejar el lenguaje muy liberal, que llena de un humorismo muy a la española, los dos actos de la comedia, que no dejan aburrirse a nadie, y a veces hasta hacen ruborizarse a no pocos hombres. Pero, según es costumbre en las comedias, todo termina en el mejor de los mundos. La tia Carmelita, muy modernista. pese a sus años tiene sus propias aventuras, y la pareja ya no necesita esconder sus amores pecaminosos que su tía había descubierto desde un principio y le parecían la cosa más natural del mundo. Ya la pareja juvenil no necesita esconder su situación "vergonzosa" de no casados que viven como esposos. La tía le da una lección de modernidad y de audacia al público. Aunque no le explica, a ese mismo público, que todas estas audacias de las cuales hace demostración, se deben a una géneración anterior que pagó con
su sangre y ha menudo con sus vidas que terminaron en las cárceles. Una generación que se atrevió a tomar por su propia mano, lo que le hacía falta: ¡La libertad!
Desde luego, Fernando Luján es un comediante hábil, que sabe sostener el ritmo de la comedia. de esa Divina garza de un autor para mi desconocido, llamado (si no es un nombre inventado por Fernando Luján para enmascarar el suyo propio). F. Bernarth. Que probablemente sirvió para enmascarar al verdadero autor de ese texto, que más bien se me hace que pertenece al propio Fernando Luján. El lenguaje es mucho más simple que el de un Alfonso Paso o de un Miguel Mihura.
Y la personalidad del protagonista es mucho más barata con su amoralidad moderna un poco grosera. Es decir que su lenguaje es pobre, como lo es igualmente su psicología, aunque ambas son modernas, actuales.
En cuanto a los protagonistas que lo rodean, tales como Roberto Rafael Banquells Núñez, (hijo del antiguo director y actor, Rafael Banquells), en su papel de Antonio el acompañante de la anciana, no deja de parecerse a su padre y ofrece cierto sentido del humor.
En cuanto a Carlos Cianguerotti es de plano aún inmaduro para un papel tan importante como el que desempeña en la comedia. Lo mismo se puede decir de las dos mujeres: Carolina Valsaña y Mariana Castro.
Pero, en realidad creo que al público le importa muy poco el resto del reparto, es decir todos los actores que rodean a Fernando Luján, este último ocupa todo el escenario y acapara toda la atención de los espectadores.
El espectáculo, realizado para homenajear los 50 años de actividad profesional en el escenario y en los periódicos, de este hombre clave en el movimiento teatral de la critica, que es Luis Sánchez Zebada en México, finalizó con la entrega de sendos diplomas en madera, a cada uno de los dos presidentes de cada una de las asociaciones de críticos que ahora existen en nuestro ambiente teatral. Esos dos presidentes fueron designados como los mejores críticos de México. Lo que no deja de ser una exageración, casi tan exagerada como las bromas de la Tía Carmelita.