Se alza el telón La tarántula Art Noveau de Hugo Argüelles
por Malkah Rabell
Es cierto que la dramaturgia —o la comediografía— de Hugo Argüelles nunca fue muy amable ni consoladora. Pero en el presente caso, me parece que a ese autor de profundo temperamento dramático, se le fue un poco la mano. A ese drama —o comedia— de Argüelles que se presenta actualmente en el teatro Coyoacán bajo el titulo de La tarántula Art Nouveau. yo más bien le pondría el titulo realista de: La escuela de los asesinos. Ya que en esa historia de un matrimonio de ancianos. ambos se odian y tratan de asesinarse mutuamente. Y como son ricos, buscan —y encuentran— para semejante tarea poco grata. a unos asesinos a sueldo. Lo que lamentablemente nos lleva de la mano a ciertas situaciones públicas similares en la actualidad. Y más aún, nos enfrenta a una realidad trágica que impone ciertos rasgos a la fisonomia nacional, sobre todo para ojos ajenos. Y no puedo dejar de sentir y de pensar, que en los actuales tiempos no es político llevar al escenario historias paralelas, que pueden sugerir una imagen falsa del
pueblo mexicano.
En cuanto a la obra de Hugo Argüelles, para mejorar la imagen humana de sus dos protagonistas, responsables
intelectuales de los asesinatos que al fin y -al cabo no se realizan (por lo menos en la obra de Hugo Argüelles) el autor les busca nuevas vivencias y nuevas amistades que encuentran entre prostitutas, ella, y travestis él. Unas amistades que transforman sus almas de burgueses empedernidos en nobles ciudadanos, que tratan de plagiar sus conductas sobre la imagen de sus recién adquiridos amigos... Lo que desde luego crea el lado cómico de la pieza.
Creo que en la conducta de Artemisa, la Tarántula, no se trata de "Ad Nouveau" sino de un arte viejo como el mundo, de asesinar, de matar, de odiar. En todas partes del mundo se puede
decir con cierto viso de realidad: "Los asesinos están entre nosotros".
En una época cuando un pais que vivía años de paz y de crecimiento pacifico, le llegó la desgracia de tener que enfrentar la máxima locura, la de dos asesinatos en el transcurso de unos pocos meses. de dos personajes de alta alcurnia, no es sorprendente que el miedo, la desesperación y la furia se hayan introducido entre sus filas. Y no es sano ni diplomático representar esa atmósfera en el escenario, con ese lenguaje tan temperamental y dramático. cuando no grotesco, como lo emplea algunas veces Hugo Arguelles.
La Tarántula —que según ya toda
una carrera de protagonistas zoológicas ha instaurado en la dramaturgia mexicana Argüelles— la interpreta una actriz ya muy conocida entre público y critica, Rosita Quintana, pero que personalmente nunca tuve la oportunidad de ver en el escenario, y es la primera vez que la veo actuar, en el papel de Artemisa, la reina de las tarántulas. Intérprete que me parece dominar a ese personaje de asesina. Y lo mismo se puede decir de otro actor Ernesto Vilchis, como el marido (si no me equivoco). En cuanto a la dirección, aunque el director Luis Francisco Escobedo, me resulta absolutamente desconocido, no me parece tan defectuosa su dirección como lo pretendían algunas personas del mundo teatral a la salida.
Aunque no puedo defender la teoria del autor de que la verdadera vida y su alegría se encuentra del lado de la prostitución, y semejante pretensión me parece bastante absurda, si el autor nos lo presenta en forma de broma. como una salida cómica, la acepto, como probablemente lo aceptó y se divirtió con ello, el resto del público, que me parecía aplaudir con verdadera sinceridad.