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Se alza el telón Trabajo sucio de Leonor Azcárate

por Malkah Rabell

 

Extraño caso ese Trabajo sucio de Leonor Azcárate. Y esa autora, ¿quién es? ¿Seré hombre o mujer? Imagino que ese nombré, Leonor, es de mujer. Aunque le falte una a al final. Si, extraño autor que no sabemos qué busca y qué trata de expresar. En cambio, lo que se adivina desde un principio, es que el autor —o la autora— adora jugar con el sadismo, que le encanta jugar con el sadismo, con el lesbianismo, y con todos los "ismos" que pueden hacer daño. Este Trabajo sucio tiene indudablemente sus raíces en Las manos sucias, aunque sólo sea el titulo, de la obra de Sartre. Pero más que manos sucias, parece revolcarse su conciencia en el lodo y en la sangre. El escenario parece de pronto transformarse en un concurso de sadismos. A ver quién inventa un juguete más sádico, más cruel, más malvado. Y para ellos se necesita una sala de teatro, un escenario, un público...

He viajado a muchos lugares, a lugares lejanos en muchos paises. Y en ninguna parte he asistido a semejante juego. Aunque sé que existen semejantes lugares. Y no tan lejos. He aqui cómo cuatro seres humanos, por lo menos tres de ellos, se divierten en martirizar a un cuarto que es una mujer, casi una niña, de 16 años. Y en una sala de teatro, la del teatro Foro Shakespeare bastante ocupado por un público silencioso

 

 

 

 

 

 

y atento, y puede decirse que gozando cada bajeza, cada maldad, cada crueldad, tragándolos con los ojos bien abiertos, y con los labios cerrados, y al final aplaudiendo con entusiasmo, como si estuvieran en una sala de baile donde se llevan a cabo juegos de adivinanza. ¿Qué trataba de decirnos ese dramaturgo tan raro? ¿De qué se trata en esa obra de sucios colores? ¿Quién es el maestro de ese pernicioso, cruel, y completamente inútil juego idiota? Si una mujer puede inventar algo semejante, tan absurdo e inútil, entonces todos somos unos enfermos mentales. Y ese bazar de crueldades, donde se viola a una menor de edad, primero por el hombre, y después por la mujer, entonces nuestro mundo es un manicomio, un hospital de degenerados y enfermos

 

 

 

 

 

 

 

 

mentales.

¿Por qué todo ello? ¿Quién es el amo de esa casa de locos? Porque durante toda la duración del espectáculos ignoramos las razones de la situación y de quienes la manejan.

En cuanto a la actuación, más que obra de autor y actores, se antoja obra de director de escena. Enrique Pineda me es conocido por muchas otras puestas en escena. Pero en ninguna otra dirección se ha mostrado tan maestro y dueño de la actuación dramática del reparto. Pineda maneja con mano maestra ese juego de degenerados y dementes. No puedo negar que a pesar de la demencia de la obra, cuyo final me ha conquistado, pues no puedo negar que Pineda logró manejar a los actores con verdadera maestría. Cuatro actores que

 

 

 

 

 

 

 

 

desconozco. Por lo general no son malos. Pero su juego tiene algo de mecánico, que no sabemos si se debe porque a la dirección a veces se le pasaba la mano de la disciplina, o a los pocos conocimientos artisticos de los j6venes comediantes.

Los cuatro actores: Guadalupe Quintel, Paz Aguirre, Jorge Reyes y José Luis Castilla, son muy jóvenes, y sus mejores momentos de actuación son cuando el llanto se mezcla con la demencia y la crueldad. Creo que los sádicos siempre suelen mezclar ambas actitudes, el sentimentalismo con la crueldad. En cambio, nos ha parecido terriblemente-exagerado el realismo de las escenas eróticas, cuyo auténtico nombre debe ser pornografía. Me parece sobrado tanta exageración en el realismo de las escenas fuertes. No puedo dejar de pensar, de qué pudiera suceder si en las escenas de violación alguien de los actores se hubiese equivocado y tomado el acto por la realidad.

A veces he tomado las escenas de violencia por un deseo de los creadores de la representación de reflejar esa terrible guerra de Yugoslavia, donde esas escenas son diarias.

El caso más triste es que el público se deja seducir por la morbosidad de esos horrores, y tal vez ése sea su mayor gusto por la obra.