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Se alza el telón Entropía... Teatro danza triunfa, en la Universidad

por Malkah Rabell

 

Indudablemente se trata de un espectáculo muy original que no puede compararse fácilmente con ningún otro. Una idea muy novedosa e interesante, este popurrí dancístico realizado con los acontecimientos de una década en México. Durante la década de los treinta, lo que ya no es fácil. Pero hacer semejante labor con la letra de las canciones que durante esos años difíciles hicieron llorar y reir a toda la ciudad, y probablemente a todo el país, esas mismas canciones que cantaba la generación pasada y que no deja de cantar aún la generación presente conquistada por la musicalidad de la cual carece la música popular contemporánea, la que se considera moderna, eso ya se puede considerar una heroicidad. Semejante realización exige mucha fuerza de voluntad, mucha paciencia y talento, y también conocimientos. Un texto que realmente necesita una pluma capaz y a un creador dotado de fantasía y paciencia. Creo que Tomás Urtusástegui, el ex-médico del Seguro Social, recientemente jubilado, tiene esos dones y además esa pasión por el teatro que le permite llegar hasta el final del espectáculo.

Pero, sucedió un milagro inesperado. Se presentaron unos nuevos candi-latos a renovar la representación: músicos, coreógrafos, bailarines y poetas, y le pusieron movimiento plástico a la música y suprimieron la palabra. En

 

 

 

 

primer término la coreógrafa, Graciela Henriquez, que coordinó la totalidad de la coreografía y de la dirección, ayudada en cada uno de la especialidad por Luis Rivero, dramaturgo musical, luego por voces de cantantes como Margarita Castillo, Luis Rábago, Juan Stack, y lo mismo Rivero y Graciela Henriquez.

Y el milagro se hizo. Las canciones bailadas al son de su música original resultaron un triunfo y crearon un nuevo género. Llámenlo teatro-danza, o radio-danza o como quieran. Un ballet que dramatiza una década de acontecimientos a través de sus canciones que a su vez una toda una historia nacional con todas sus debilidades y sus grandezas; que nos cuenta desde la entrada de México en la guerra hasta las bofetadas que algunos maridos daban a sus esposas en los lugares menos apropiados. Y esta música de Gonzalo Curiel, de Roberto

 

 

 

 

 

 

Battie, de Cole Poder, de Luis Alcaraz y de tantos otros, que cantaban por aquellos años en todas partes, en casa en la calle, en los momentos de trabajo y en los momentos de amor, y cuyos autores no eran a menudo desconocidos, ahora vuelven a nosotros con renovada aureola.

No importa si las canciones eran ingenuas, no importa si la letra era inocente, tal vez hasta resulta una nueva gracia, esas canciones nos llegaban al corazón con su maravillosa melodia en aquella época lejana cuando aún eramos jóvenes y esas canciones se cantaban a las novias debajo de las ventanas, y a las madres los días de sus onomásticos, o en la excursión en torno a la hoguera. Y ahora las volvemos a cantar, para nosotros mismos con sus Camino de ayer, "Camino donde ha sangrado mi corazón". Porque "Recordar su amor, es volver a vivir... O bien recordamos esa canción de Esperón-Cortázar;

 

 

 

 

 

 

 

El apagón, esos apagones que hacían parte de nuestra vida cotidiana, que nos hacían recordar que somos vecinos de un país en guerra y otra guerra sangrienta se desarrolla en la lejana Europa, noticias que sólo conocíamos por la radio o por los periódicos. La radio que empezaba apenas a penetrar en nuestra vida, y que toda familia, hasta la más pobre, poseia.

Canciones entre las cuales no encontramos ninguna de Agustín Lara lo que es una lástima. Pero también una ventaja, ya que nos demuestra que México tenia una multitud de buenos cancionistas... Y aún hoy, cuando en un taxi escuchamos una canción de aquellos lejanos tiempos, el chofer comenta: "Esas eran las canciones de antaño, bellísimas. No como las actuales..."

Un espectáculo donde el público que llenaba la sala Miguel Covarrubias, parecía reír de esos detalles chuscos que no faltaban en la vida nacional, y que los autores del espectáculo no olvidaron, al lado de los dramas cotidianos que tampoco faltaban. Un espectáculo donde el público parecía reir constantemente, pero donde no faltaban quienes, discretamente, sacaban sus pañuelos para limpiarse los ojos por las lágrimas que asomaban.

Un espectáculo novedoso, que crea un género nuevo: ¡La Danza-Teatro!