Se alza el telón Trampa de muerte en el teatro Manolo Fábregas
por Malkah Rabell
Para los amantes del género policial, pocas obras pueden tener la atracción de esa comedia dramática del escritor norteamericano Ira Levin. Creo sinceramente que hasta los que siempre se han negado a aplaudir una obra de esa clase no podrán resistir la fuerza seductora de esa Trampa de muerte que esconde una multitud de misteriosos trucos, a los que el autor va sacando de la manga poco a poco, paso a paso, y acto tras acto, y hasta episodio tras episodio.
Desde luego, los norteamericanos son amos en el género policial después de los ingleses. Pero en esta Trampa de muerte les ganan nuestros vecinos del Norte. Estos últimos son menos inteligentes pero más divertidos. Y salvo el último acto, que tal vez se me antoja algo superfluo, todo lo demás parece funcionar como una máquina bien aceitada y todas las sorpresas forman como una gran unidad.
Hace unos años, no recuerdo exactamente cuántos, la obra de Ira Levin subió al escenario de un teatro mexicano con el propio Manolo Fábregas, en el mismo papel se presenta otro excelente actor, Juan Ferrara, que tiene de dónde heredar su sangre de intérprete de primera fila. Es hijo de la grande y magnífica actriz: Ofelia Guilmain. Y el hijo
no le queda en zaga a su madre. Si he tenido algo de miedo ante un nuevo intérprete en reemplazo del soberbio Manolo Fábregas, ese miedo ya lo he perdido a los 15 minutos de iniciarse el primer acto.
Al lado de Juan Ferrara un muy joven actor le da la réplica, en el papel de un personaje que logra engañar a todo el mundo del reparto. Se trata de Fernando Colunga, que no deja de ser una sorpresa. Con su juventud, y con sus pocos años en la profesión, parece dominarla con toda madurez, y logra vencer todas las dificultades de un personaje muy complicado, y conquista todos los aplausos.
Y para completar el terceto de primeras figuras que crean la base de la obra, se encuentran la encantadora actriz Yolanda
Mérida, a quien veo por primera vez en un papel cómico, además del personaje ya de edad avanzada, lo 'que no deja de ser una dificultad para una actriz joven. Y como sucede a menudo cuando una actriz dramática interpreta a un personaje cómico, no deja de sobreactuar, porque ella mima se divierte con su comicidad. Lo que inconcientemente conquista al público. Y Yolanda Mérida conquistó al público con toda su fuerza.
Y por fin, para completar las sorpresas de esa comedia llena de sorpresivos misterios, la encabezaba un director igualmente joven, Humberto Zurita, a quien he dejado de ver en el escenario desde hace muchos años, pero a quien recuerdo perfectamente como un excelente
intérprete cuando se iniciaba en el dificil arte de conquistar el escenario con las más diversas interpretaciones, desde el drama hasta la comedia, de los cuales pasó a la dirección. Sin embargo, después de tantos años de haberlo perdido de vista, tengo la sospecha que es mejor actor que director.
En cuarto a la acción que dirige la obra de Ira Levin, prefiero guardarla en secreto para no suprimir la sorpresa del público ni su entusiasmo al ir descubriendo poco a poco los secretos del drama.
Y por fin para completar la alegría de los espectadores, estos se han encontrado ante una preciosa escenografía debida a Antonio López Mancera. Escenografía basada según parece en la misma que había ocupado el escenario en el primer montaje del espectáculo.
Desde luego, vuelvo a repetir mis eternas teorías. En una obra que conquista al público por sus calidades teatrales, todos los actores parecen excelentes, y en realidad casi siempre lo son. Porque la obra hábil, coquista tambié al actor y lo ayuda en su desempeño.
Recomendamos a todos los amantes el género detectivesco visitar el teatro Manolo Fábregas en su representación de Trampa de muerte.