que dan agilidad a la acción. El diálogo,
como una estructura arquitectónica, está bellamente construido.
Por otra parte, la dirección de escena es una obra de arte, cada momento está logrado con toda pulcritud. La escena de la cena, en que Bob escucha las risas y los gritos de Ted y Dora, deformados a través de una grabación acelerada, es un acierto que da gran impacto
al espectador.
La actuación de Manolo Fábregas -aunque en momentos habla en voz inaudible-, es magnífica, proyecta sinceramente toda la sensibilidad de su personaje.
Al fin José Gálvez vuelve representar personajes diferentes a los reyes que hizo en el Seguro Social, y a vestir con la ropa actual. Le hacía falta ese cambio, su actuación es magnífica, ágil, vivaz, llena de aciertos.
Luz María Aguilar, hace una estupenda caracterización, en su personaje de Dora. Da admirablemente las dos tónicas que requería la obra: una de disimulo y fingida timidez, al tratar de aparecer como un ser poseedor de un gran mundo interior -que en realidad el personaje no conoce ni por los forros-, y la otra, en la que se descara su verdadera personalidad. Los tres hacen sus respectivas interpretaciones en forma admirable.
El
ojo público. Teatro del Bosque. Autor, Peter Shaffer. Traducción, Manuel Sánchez
Navarro. Dirección, Manolo Fábregas. Escenografía, David Antón. Reparto: Manolo Fábregas, José Gálvez y Luz María Aguilar.
El asunto de El
ojo público es sencillo: una pareja
distanciada, vuelve a unirse, gracias a la intervención de un detective. Así relatado, parece demasiado simple, no obstante, la anécdota
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es original, y la comedia llevada en forma amena y ligera profundiza en la
relación de una pareja, tocando todos los puntos
posibles, con un tratamiento poco común. El resorte de la trama es el personaje del detective. La vida de la
pareja se adivina como dos líneas que partiendo de un punto
van abriéndose en un ángulo, separándose cada vez más; aparece el detective, detiene el alejamiento
de las líneas y las vuelve a reunir de
nuevo en un mismo punto.
Como eje que es el detective, tenía que ser un personaje de gran fuerza, para que no resultara sobrando y para que tuviera la suficiente potencia para variar el curso de los acontecimientos de la vida conyugal del señor Sidley y de Belinda. Pero no sólo le resultó al autor un personaje de fuerza, sino que es toda una creación. Creación que supo interpretar Manolo Fábregas con una simpatía y un calor inusitado. Su trasformación es notable ya que no sólo estuvo a la altura del autor, sino que su creación se eleva a alturas insospechadas. Y su trabajo como director, es digno del mejor de los elogios.
José Gálvez y Luz María Aguilar, también se trasforman de manera total, en relación a los papeles que interpretan en la primera obra, demostrando ambos ser dos actores que dominan su
oficio. De ellos debían aprender otros actores que en lugar de tomar la personalidad de los personajes que interpretan, los ajustan a su medida.
Las actuaciones que hacen los tres, de esta obra, igual que de la anterior, son una verdadera cátedra de lo que es el buen teatro comercial.
Las escenografías de ambas obras son magníficas. David Antón se anota un triunfo
más en su haber.
No deje de ver estas dos pequeñas obras
maestras del teatro moderno, en las
que se conjugan todos los elementos, y da por resultado el milagro teatral.
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