Malkah Rabell
Se Alza el Telón
Inclán-Castillo-Klainer
Se trataba de un texto difícil, el de: Don Quijote murió del corazón, de Federico S. Inclán, dramaturgo mexicano fallecido hace 14 años. Para entender mejor la representación que bajo la dirección de Julio Castillo se estrenaba en el teatro "La Ciudadela", conseguí el original de la obra y me pasé la noche leyéndolo. Y aquella noche me encontré entre dos fuegos, entre la espada y la pared. Después del estreno sólo tenía que entender el espectáculo. Después de la lectura del texto tenía que enténder también las palabras originales del autor. Por fortuna, nadie había sido traicionado. Julio Castillo, con esa maravillosa imaginación plástica, que casi pertenecía a un pintor, había conservado fidelidad a la mayor parte del texto, agregándole una fuerza trágica que subrayó la extraordinaria actuación de Sergio Klainer. Entre ambos, director e intérprete, habían transformado, tal vez inconscientemente, la Farsa dramática tal como llamó a su obra el autor, en una tragi-comedia, que hubiese sido seguramente muy del agrado del dramaturgo, de vivir éste y poder presenciarla.
El ingeniero Federico Inclán fue un hombre muy inteligente y muy culto. Esa inteligencia y esa erudición se captaban muy de prisa a la lectura de Don Quijote murió del corazón, drama de un personaje de nuestro tiempo, enloquecido, creyéndose la encarnación de Miguel de Cervantes y de su máximo héroe: El Quijote. A Federico S. Inclán lo consideraban sus propios colegas como su autor teatral más dotado profesionalmente en México, que escribía con la misma facilidad el drama como la comedia, pero que nunca escribió obras literarias, como novelas o cuentos. Mas, da la extraña casualidad que algunas de sus 34 obras teatrales, entre comedias, dramas, melodramas y monólogos, eran más literatura que teatro, y resultaban precismente sus mejores realizaciones, como La muerte de Sócrates y Yoshua. En cuanto a Don Quijo murió del corazón nunca fue aún representada ni publicada, y tal vez el autor la consideraba todavía inmadura para el escenario, esperando algún momento de inspiración para darle los últimos retoques. Sobre todo retoques al personaje del doctor Manuel Huerta —Sancho Panza— que parecía aún incompleto.
Muchos han sido los artistas que han dejado obras incompletas y han sido otras manos y otras imaginaciones que le han puesto el punto final. Aquella vez le había tocado a Julio Castillo semejante tarea. Desde el principio, desde la aparición de la escenografía, se sentía la mano del director. Ese ambiente que más parecía una cárcel que un hospital y un sanatorio, impresionaba dolorosamente. El primer acto se iniciaba con la "marcha de los monstruos", la marcha casi militar de las afanadoras con las cabezas y los rostros introducidos en las cubetas vacías. Algunas otras escenas debidas a la imaginación del director, como la batalla de Don Quijote con las afanadoras, resultan muy sugestivas. Pero, cuando el Quijote-Klainer se levanta de su cama de enfermo mental a quien atosigan con inyecciones, y empieza a dar vida a su personaje, su interpretación se imponía al ambiente, a la atmósfera, y su presencia en el escenario dejaba en suspenso a todo el público.
Es imposible describir todos los detalles de la actuación de Sergio Klainer. Es una presencia que nada tiene de cómico y en cambio mucho de trágico, aunque sea un demente, que se refugia en su locura con apasionamiento. Siente que fue un don nadie y ahora es un poeta. Klainer desde su figura alta y delgada, hasta sus parlamentos, que constantemente pasan de la realidad de un hombre moderno a la de los sueños del héroe de Cervantes, crea una imagen trágica, la de un nuevo Don Quijote. Creo que Sergio Klainer ha encontrado en aquel papel su mejor creación. ¡Fue extraordinario y dejó en la sombra a todo lo que había en su torno.
No le fue nada fácil sostener la competencia con el Quijote al personaje del doctor que interpretaba el excelente actor Alfredo Sevilla. Más que el texto original, fue el director de escena, Julio Castillo, quien trató de imponer a Sevilla la doble personalidad del psiquiatra y del escudero, buscando para ello una actuación muy especial. Según mi opinión personal, después de la lectura de la obra, el médico debe ser simplemente una persona muy inteligente, que desde el inicio del espectáculo emite teorías de la nueva psiquiatría, como: "... aquí no hay demencia, sólo hay personas que como son diferentes de la inmensa mayoría de las gentes... " Y ese médico hablándole de tanto en tanto como si fuera Sancho Panza, logra mejorar su personaje. Un médico que se da perfectamente cuenta que su enfermo no quiere curarse de una locura que le hace feliz y le da una importancia que como persona cuerda no tenía. Y según dice el psiquiatra: "No hay peor enfermo que el que consiente su enfermedad como cosa preciosa..." Creo que la mejor manera de interpretar a ese psiquiatra de la nueva escuela,a ese médico-Sancho es dar de él una imagen de profesional comprensivo, que se da muy bien cuenta de que "toda su ciencia se estrella contra tan singular testarudez". Y aunque diga: "¿Debo volverme loco para curar a un loco?", no deja de ser cuerdo.
Fue una interesantísima representación, que seguramente hubiese encantado y dado unos años más de vida a su autor, Federico S. Inclán.
Desde entonces, desapareció del mundo de los vivos también Julio Castillo, en plena juventud. En cuanto a ese extraordinario actor Sergio Klainer. lo han empujado con un estúpido egoísmo, al anonimato de papeles mediocres de la televisión, sin darse cuenta que no sólo hacen daño al actor, sino al país, que pierde a un extraordinario intérprete.