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Malkah Rabell

 

Se Alza el Telón

Rafael Pimentel y su grupo de Tlacuache

Rafael Pimentel Pérez es un hombre orquesta, de esos hombres que hay cada vez menos, porque la técnica los traga. En primer término fue y sigue siendo un médico. Profesión que nunca abandonó. La sigue ejerciendo con mucha entrega y amor. Pero su pasión es el teatro en todos sus géneros y en todas sus facetas. Y empezó como mimo, que en su tiempo se hizo muy conocido, muy aplaudido y tuvo una multitud de discípulos, quienes, lamentablemente, permanecieron desconocidos en su mayoría y quedaron en su condición de alumnos, aunque muchos de ellos, al transformarse en actores activos, a menudo introducían en su juego escénico partes mudas, de actuación mímica, debidas a sus conocimientos adquiridos en la enseñanza de su maestro, Pimentel.

En los últimos años, Rafael Pimentel se dedicó durante varias temporadas a su papel de actor, que realizó bajo la dirección de diversos metteurs en scene. Pero le volvió su añoranza por la mímica y lo encontramos actualmente en el escenario del Museo Universitario del Chopo con un grupo de jóvenes actores que se dan a conocer bajo el nombre de Grupo Tlacuache. El antiguo mimo volvió a la tarea de enseñar su arte a todo un grupo, para el cual escribe y al cual dirige.

Tuve la oportunidad de asistir a dos representaciones en el teatro del Museo del Chopo donde ese grupo se presenta en la "Muestra del Cuarto Encuentro de Teatro Joven Independiente". El primero de esos espectáculos se llama: Chance mañana (título que me resulta algo misterioso), y está creado en un acto y nueve cuadros, que no siempre se entienden por su arte mudo y que nos obliga a descubrir en los movimientos del cuerpo y de la cara el significado de la acción. Logramos entender que se trata de la vida callejera de los jóvenes de México que carecen de hogar y de sustento, y han de buscar su pan cotidiano en trucos de gimnastas y hasta de tragafuegos. Y esta última horrenda y peligrosa especialidad, que tantas veces vemos en nuestas calles, con un desgarrado sentimiento de piedad, lo realiza en el escenario con un perfecto realismo uno de los cuatro jóvenes intérpretes.

Grupo de actores formado por cuatro miembros: José Luis Echavaría, Anna Elia García, Israel Martínez y Sergio Zarate, se muestran todos excelentes mimos y sobre todo unos llamativos gimnastas. Y no sé quién de ellos es el que traga fuego. Pero es bien sabido que el amante del arte escénico está dispuesto a todos los peligros y a todos los sufrimientos, con tal de dedicarse a la escena, al teatro.

Pero aún más talentosos que en su arte de mimos, se mostraron en su segundo espectáculo, representado igualmente en el Museo del Chopo, donde seguramente un arquitecto muy modernista planeó unos escenarios muy complicados y a la vez muy bellos. Ese espectáculo lleva como título: Mejor jugamos; y el mismo grupo Tlacuache está vez usa la palabra con un texto del multifacético Pimentel, y pone al servicio de los más variados juegos infantiles todos sus conocimientos de acróbatas, y todo su temperamento de actores enamorados de su arte.

Esta vez, para esos juegos infantiles, en lugar de cuatro, el grupo de intérpretes aumentó en dos miembros: María Elena Sandoval y Gabriel Fragoso, que se me hace en especial un actor ya maduro en arte. En realidad, todos son excelentes bajo la dirección y la disciplina de Rafael Pimentel, quien en el programa afirma: "El juego es fundamental para el desarrollo y la construcción de una personalidad creativa". Y después de asistir durante una hora a los saltos, brincos, danzas y cantos de ese precioso grupo de Tlacuache, no[s] convencemos que si queremos salvar a nuestra niñez de la esclavitud impuesta por la televisión, es necesario que gaste sus energías y su entusiasmo en el juego al servicio del cual desarrolla su imaginación y sus instintos creativos.