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Malkah Rabell

Se alza el telón

Recuerdos de una presentación: Felipe Ángeles

Desde ya muchos años, el Departamento de Teatro de la UNAM busca afanosamente nuevos valores teatrales, obras sin estrenar o desconocidas de la dramaturgia nacional. Y he aquí que de la manera más sencilla, más modesta y menos ruidosa, sin escenografía ni actores de renombre, ni tampoco gran cosa de públicidad, sube al escenario de la CU un drama de Elena Garro: Felipe Ángeles, que tal vez puede considerarse como la aparición más importante en el teatro mexicano, desde que El gesticulador de Rodolfo Usigli subió al escenario.

Personaje de la Revolución Mexicana, es históricamente poco conocido y la mayoría de manuales de historia ni lo mencionan. Mas según su único biógrafo, el general Federico Cervantes, ha sido un brillante militar, egresado del Colegio Militar de Chapultepec donde se destacó especialmente en las matemáticas, materia que más tarde lo dió a conocer el el campo de las Investigaciones en Francia, donde prosiguió sus estudios. Ferviente partidario de Madero, después del asesinato de éste combatió a Huerta desde las filas carrancistas, más sin confiar en la integridad revolucionaria del "viejo Rey", o como llamaban los carrancistas a su jefe: "El primer Jefe".

Para Felipe Ángeles era necesario conservar la unidad y unir las filas en la lucha contra sus asesinos. Pero cuando desaparecido el régimen huertista los elementos revolucionarios triunfaron, Angeles miembro de la Convención, abanderado con la Constitución de 1857, se adhirió a las filas de Francisco Villa. Aunque en las filas de éste —según opinión de algunos observadores— hizo papel de Eminencia Gris, también de éstas se alejó, separado de Villa por las diferencias de "educación, criterio y procedimientos". Y como muchos revolucionarios tuvo que emprender el camino del exilio, del destierro, a los Estados Unidos.

La obra de Elena Garro se inicia cuando Felipe Ángeles vuelve del destierro, y traicionado por el villista, Félix Salas, a cuyo asilo se acogió, es apresado por fuerzas carrancistas y sometido a un juicio sumario por un Consejo de Guerra. En la ciudad de Chihuahua, la noche del 26 de noviembre de 1919, es condenado a muerte por rebelión militar en campaña. Como tantos revolucionarios, también él cae víctima de esa lucha fratricida que devora a sus hijos. También él, también Felipe Angeles pierde la vida ante un pelotón de soldados.

Carezco de elementos para juzgar desde el punto de vista hitórico al protagonista de este drama. Pero como en toda obra de arte, la historia queda en sugundo plano para dar nacimiento a una creación personal del autor que toma la imagen de un héroe del pasado o del presente para moldear ideas y vivencias peculiares, debidas a convicciones propias.

¿Quién es Felipe Ángeles, el personaje creado por Elena Garro? Es sobre todo una voz que se opone a poder absoluto, al poder de Carranza y más allá de Carranza a todo poder: "un revolucionario que llega al poder es una contradicción. Y asesinar a los revolucionarios en nombre de esa revolución es una consecuencia de esa misma contradicción". Sea como sea, y como fuera el auténtico Felipe Angeles, que en todo ser humano existen diversas facetas, el Felipe Angeles, que nos presenta Elena Garro, es de una gran pureza moral, que se me hace más soñador que hombre de acción, y quien acepta la muerte sin tratar de luchar, de combatir, rechazando la ayuda de sus simpatizantes.

Y la autora ofrece una imagen densa de la farsa que significó el jucio llevado contra el general Felipe Angeles en el transcurso de una sola noche. Jucio que tenía su sentencia dictada por anticipado. Y a través de ese proceso la autora trata de demostrar la falsedad del juego "legalista" y de sus trinquiñuelas, en ciertos regímenes supuestamente democráticos.

Con brillante inteligencia la autora opone constantemente las opiniones del reo a las de sus enjuiciadores, sobre justicia, libertad, poder y oposición a éstos. A menudo este diálogo entre dos puntos de vista, parece una discusión de la autora consigo misma. O como dice el protagonista: "Este es el juicio de Felipe Ángeles, que fue revolucionario, y dejó que la Revolución cayera en el pecado que había combatido"... Y aunque la autora emplea elementos mucho más discursivos que dramáticos, y la obra carece de acción, nunca decae el interés del espectador.

Bajo la dirección de Hugo Galarza, el drama está montado con la sencillez de efectos luminosos como única escenografía. El director usa con mucho sentido estético unos cortinajes negros como fondos, donde los personajes al abandonar la escena parecen perderse en la noche y en la nada. La dirección no se detuvo mayormente en la búsqueda de originalidades y hallazgos escénicos y puso todo su empeño en la dramaticidad del texto y en la actuación de los actores bastante homogéneos en su desempeño, aunque el reparto no siempre transmitía sus largos parlamentos con suficiente claridad. Sobre todo nos hubiera gustado oír cada palabra del discurso que pronuncia Felipe Ángeles como final. Monólogo que mucho tiene de poema y nos da la clave del personaje, y que pronunció Guillermo Gil, en su papel protagónico, en el cual se mostró excelente.

Pero el gran mérito de esa obra y de esa puesta en escena universitaria, así como de su director, es de haber dado a conocer una creación digna de ser analizada en cada una de sus partes, de sus párrafos y de sus parlamentos. Obra que me parece suficientemente actual como para volver a ser montada, en lugar de tantas babosadas que vemos en los 126 teatros que tiene la capital.