Tchin-Tchin
Sala 5 de Diciembre. Autor. François Billetdoux.
Traducción, adaptación y dirección de Alexandro. Escenografía, Manuel Felguérez y Fernando García Ponce. Reparto: Leonor Llausás,
Guillermo Orea, Bernardette Landrú, Humberto
Huerta, Pablo Leder, Stella Brunette, Luis Erazo Mario Ochoa.
Billetdoux, ha causado revuelo en Francia por su fuerza
dramática, su sencilla exposición, su denuncia de una clase social que él ve en decadencia, su forma directa de plantear los problemas humanos y por la forma en que maneja los diálogos
y las situaciones sicológicas. No es un
teatro realista, tampoco simbolista, es una protesta que se sirve de personajes reales a través de los cuales se adivina un mundo. Cuando presenta un vicio, no es sólo el vicio que recibe su ataque, sino todo lo que subyace en el origen de ese vicio: formas de educación, formas de convivencia, formas de adaptación -o inadaptación- al medio ambiente, formas de relación filial, conyugal o eróticas, etc...
Para la representación se sirve Alexandro, como en
anteriores obras, de todos los elementos teatrales para crear su atmósfera, exprimiendo sus posibilidades al máximo. Son los personajes mudos los que hacen el ambiente, los que dan la tónica. Entre estos seres que pululan por el mundo, se mueven los agonistas, hablando en nombre de todos, como corifeos, bebiendo en nombre de ellos, riendo y muriendo también en su nombre.
Domina Alexandro la escena y ese aliado que tiene en la pantomima y que él ha sabido recuperar para el teatro. Además es imaginativa su forma de dirigir y la imaginación empleada con conocimiento se vuelve un factor insustituible para la escena.
La
forma en que los escenógrafos: Manuel Felguérez y Fernando García Ponce resolvieron la escenografía, a base de reproducciones de cuadros famosos de Picasso, Braque, etc.... intercambiables, no pudo ser mejor, ni más
funcional.
Las actuaciones de Leonor Llausás y de Guillermo Orea, son insuperables. Escenas como aquella en que se conocen, cuando Delfina aún disimula al beber el ron en una taza de té, o como aquella otra en que ambos, Delfina y Cesáreo, gritan a los vecinos su verdad, mientras el hijo de ella permanece encerrado dentro de1 ropero y muchas más, como las del mercado, constituyen verdaderas cátedras de actuación.
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Pablo Leder tiene aún serias deficiencias, tanto en la interpretación emotiva, como en la técnica, su dicción deja mucho que desear, aunque el hecho de ser éste su primer papel como profesional reclama indulgencia.
Toda la compañía, que forma como el marco sin el cual no se comprenderían los personajes centrales, realiza un trabajo extraordinario. Sobresaliente es en especial el de Bernardette Landrú, cuya interpretacion pantomímica es impresionante. Es una lástima que no se le haya dado una oportunidad mejor.
Muy bien Humberto Huerta.
Es de las obras que no deben dejar de verse.
El alquimista
Teatro Orientación. Autor, Ben Jonson. Dirección, Rafael López Miarnau. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Carlos Ancira, Emma Teresa Armendáriz, Augusto Benedico, Carlos Bribiesca, Sergio Bustamante, Angel Casarín, Ángel Pineda, Ricardo Fuentes, Enrique Reyes, María Rubio, Felipe Santander y Arturo Soto Ureña.
Ben Jonson, autor de El alquimista, fue contemporáneo de Shakespeare (quizá para su desgracia) y sentía por este admiración y afecto, a pesar de las pullas que en ocasiones se tiraban uno otro.
Su obra más conocida Volpone, la llevó a escena en México José de Jesús Aceves en la época en que el
Teatro Caracol funcionaba en un sótano de la calle de Cuba. En El alquimista se encuentran, si no situaciones
similares a las que se hallan en Volpone –su obra maestra- sí caracteres parecidos: el criado
habilidoso que engaña a todos con el objeto de aligerarlos de sus monedas, y muchos otros. Ben Jonson era un autor
interesado sobre todo en la pintura del ambiente, más que en la discusión de los problemas de la vida
que tanto preocupaban a su genial contemporáneo.
En El alquimista,
como en Volpone, no deja en ningún momento de presentar a sus personajes con un gran
sentido humorístico; la charlatanería recibe
su justo castigo por sus manos y ante el arrepentimiento se doblega como buen cristiano que era.
En sus obras procura no salirse de los cánones y esto quizá se deba a su interés por los clásicos. La agilidad con que se
desenvuelven las escenas
en El alquimista y el tono satírico de sus diálogos acercan la obra a la farsa,
sin que llegue a ella, quedándose en la comedia de enredo,
ambiental, que no lleva
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