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Se Alza el Telón

Dos actrices mexicanas escriben... y triunfan

Las actrices abundan tanto en el mundo como en nuestro país. En cambio, mujeres que escriben y hacen de su escritura un medio de existencia, son mucho menos numerosas. Se puede decir que hace apenas unos años en México la escritora profesional era bastante poco común. Pero mujeres del teatro, actrices, intérpretes que se dediquen a la actividad de la pluma, de la literatura, son bastante raras, y los miembros del sexo femenino que pongan su pluma al servicio del teatro, de la dramaturgia, son aún más raras, en ese campo donde ni siquiera los hombres abundan.

Pues, la Sogem Sociedad General de Escritores Mexicanosha demostrado que también el número de mujeres dramaturgas en México crece con el mismo impetu que crece en todas las actividades del país. La Sogem ha organizado el año pasado, en el 1992, un concurso de teatro en el cual nueve fueron las personas que llegaron hasta el final. Y entre estos triunfadores, cuatro resultaron mujeres.

Trataremos en estas líneas de echar una mirada a las obras ganadoras de dos de las finalistas: Tren Nocturno a Georgia de María Luisa Medina; y A punto de turrón, de Sylvia Mejía. Ambas jóvenes, ambas bellas y ambas excelentes intérpretes teatrales.

María Luisa Medina

Su Tren nocturno a Georgia es su ópera prima, y no logramos decidirnos si está a la misma altura que su segunda creación: Concierto de un corazón marchito que desde varios meses se presenta en el escenario del pequeño y simpático teatrito "Foro Conchita" con una muy cálida aceptación del público. La misma autora prefiere a su primera obra. Lo que no es mi caso. Creo que la madurez artística se impuso mucho más en su Corazón marchito. Lo que no deja de ser lo natural. Todos los artistas, todos los escritores y en particular los dramaturgos van madurando a medida que pasan los años y aumentan sus obras con todo su caudal de conocimientos. Pero sucede a veces que la primera obra ofrece el milagro de surgir como una creación perfecta, excepcional, y tal vez sea ése el caso de María Luisa Medina.

Ese Tren nocturno a Georgia no deja de ser una obra difícil, sobre todo técnicamente, con sus diversos episodios en distintos lugares, reunidos en una sola escenografía. Además en un solo acto, como es el caso de la obra, transcurren cinco años. María Luisa Medina sitúa su drama en los Estados Unidos, por las necesidades temáticas; que presentan un juicio con jueces de un cerrado puritanismo, que se muestran excesivamente severos sobre todo con personajes que realizan una actividad pública, como en este caso donde una maestra que es acusada de lesbianismo y de acoso sexual contra una de sus alumnas, es condenada diez años de prisión.

Sin recurrir a ninguna característica truculenta, con mucha sencillez y limpieza en el tono y en el planteamiento psicológico, la autora logra diseñar una figura de joven periodista criminal, o casi, quien para lograr destacar en su profesión y llamar la atención del público, no teme sacrificar a dos mujeres inocentes y llevar a una a la cárcel y a la otra a la ruina moral.

Obra dramática muy fuerte, con una originalidad específica de la dramaturga, que igualmente en su segunda pieza demuestra una tendencia a buscar rasgos poco frecuentes en otros autores. Su imaginación lleva por caminos nuevos la construcción escénica de los sucesos, así como la atormentada psicología de los protagonistas. De ese conjunto surge positiva la personalidad de la maestra, figura recia de doctora en filosofía y letras, víctima de un absurdo complot. La obra introduce en el transcurso de su único acto, la presencia constante, o por lo menos muy frecuente, de la música de gran calidad, que bien ejecutada debe ofrecer durante la representación un interés muy especial a los melómanos. En resumen una obra novedosa con una temática y un desarrollo muy poco usual.

Silvia Mejía

A punto de turrón, sin llegar a la misma originalidad que la obra de su colega María Luisa Medina, logra sin embargo imponerse por su gracia de comedia que enfrenta a dos mujeres rivales —que desde luego han de ser dos excelentes comediantes—dos mujeres que se disputan al mismo hombre, esposo de una de ellas y amante de la otra. Y aunque, según parece, el tema y la aventura del hombre interesado parecen claras, resulta que todo es diferente. En realidad la temática es muy reducida, pero goza de momentos especialmente alegres y sobre todo pícaros. Sylvia Mejía no trató de imponer un misterio determinado, y desde el principio adivinamos el final.

La obra ya no es primeriza. Sylvia Mejía ya ha triunfado en otras numerosas oportunidades tanto en el escenario como actriz, como en el papel de escritora, como comediógrafa. Discípula del maestro Manuel Bauche Alcalde, de cuyo taller escénico es egresada, para ampliar sus estudios sedirigió a Londres, Inglaterra, donde se dedicó al estudio de la puesta en escena. Al volver escribió monólogos, uno de ellos con el título de: "Mamá... mamá", que ella misma puso en escena. En tanto que como actriz tomó parte en la despampanante comedia de Emilio Carballido: La rosa de dos aromas, bajo la dirección de Mercedes de la Cruz, representación que llegó a las mil funciones.

Más tarde ingresa a la compañía titular de la Universidad veracruzana y participa en diversas obras dirigidas por Marta Luna y Boris Koslovsky. El presente premio la trae de vuelta al interés por la creación de la comedia.

Sólo podemos desear a esas dos nuevas fuerzas teatrales que triunfen en todas sus empresas y presenten cada vez mejores y más interesantes obras para el escenario.