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Se Alza el Telón

Enrique Alonso y sus tandas

Hace unas dos o tres décadas, Enrique Alonso, el popular Cachirulo, entregaba todos sus esfuerzos y toda su capacidad creativa en presentar espectáculos para menores de edad, para niños no tan chiquitos, pero tampoco demasiado grandes. Y los niños de toda una generación adoraban a su Cachirulo.

Pasó el tiempo, corrieron los años, y Enrique Alonso con el cabello canoso, pero con todo su temperamento artístico despierto y en plena actividad, empezó a transformar sus representaciones infantiles en espectáculos para adultos. Después de conquistar antaño a toda una generación de menores, Alonso parecía empeñado en conquistar a sus papás, o tal vez a sus abuelos. O como él mismo dice: "No son los papás, ni tampoco los abuelos... son los niños, los mismos niños de los años idos, pero ya crecidos, ya interesados en otros caminos.

¿Será? ¡Quién sabe! Lo único que pudimos constatar en uno de esos espectáculos, era el entusiasmo del público. Una multitud de cabecitas blancas que se divertían sin reserva, que no dejaban de reír, y de comentar los chistes del escenario. Y todos parecían adorar a su Cachirulo como antaño. Y Dios sabe si ese Cachirulo tenía capacidad de hacer reír una pared. Cuando entré a su camerino al finalizar la representación, y lo vi en un camisón blanco con una hoja de parra cocida en un lugar estratégico, yaem pece a reír. Y esta risa no se me detuvo hasta llegar a casa. Y a,decir verdad; no tengo la diversión muy fácil.

Creo que Enrique Alonso no sólo deseaba divertir a su auditorio. Se me hace que buscaba algo más profundo. Parece como si tratara de realizar un espectáculo donde el auditorio descansara de todos los gritos, brincos y movimientos desatados, tan frecuentes en el arte espectacular de nuestros días, en nuestra época cuando todo el mundo busca "originalidades" que consisten en tratar de romperse la columna vertebral en danzas enloquecidas. Y Enrique Alonso con mucho tino y con un don de la medida impuso a todos sus números bailables movimientos lentos, correctos, armoniosos, que abarcaban tanto los brazos como todo el cuerpo. Y el auditorio tal vez sin darse cuenta llegaba a calmar sus nervios y a conquistar una paz corporal y anímica.

Director de escena, así como autor de algunos números artísticos, cuando salió personalmente a escena en la interpretación de Adán, acompañado de Eva, se desató el entusiasmo. No sé muy bien quién interpretaba el papel de Eva. La mayoría de los actores de la compañía: Gibrann, Flora Marina, Salomé, María Luisa Banquels y Roberto Comaduran, me resultaban bastante desconocidos. Pero los jóvenes cantantes tenían en la mayoría de los casos voces muy agradables, los bailarines, bajo la coreografía de Paco Román, resultaban muy disciplinados. Y en cuanto a los números cómicos, sus intérpretes recibían unos calurosos aplausos que casi parecían ovaciones.

Uno de los números centrales fue la aparición de la estrella invitada: Lucha Villa. Admito que fue la primera vez que la veo actuar y oigo cantar. Debe ser una mujer inteligente, porque tuvo el sentido común de basar todo su repertorio cantado en la música de Agustín Lara. ¿Y a quién no entusiasman las canciones de Lara? Así que la intervención de Lucha Villa fue todo un éxito.

En realidad fue un éxito todo el espectáculo, y hasta las personas tristes por naturaleza, no dejaron de reír y de divertirse.

Las tandas, de Enrique Alonso, bajo el título poco apropiado de Mujer, aunque sea debido a una canción de Agustín Lara, se presenta en el Teatro recientemente inaugurado: Rafael Solana que hace parte del hermoso edificio construido por los veracruzanos que habitan el DF.