Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Cantos de la guerra civil española y del exilio
Malkah Rabell
En un escenario apenas esbozado, tres jóvenes mexicanos cantan a España. Cantan a esos lejanos días cuando la República española defendía paso a paso a su tierra, a su pueblo, a sus vidas, ante un enemigo mejor armado, de más fuerza y de más odio, llegado de Alemania y de Italia y del fascismo internacional.
En un escenario apenas esbozado, en una minúscula sala de un recién estrenado Club a nombre de Enrique Alonso, actor, director y productor de un teatro infantil, tres jóvenes mexicanos cantan y rememoran la España destrozada por aquellos días sangrientos de una guerra civil que cubrió de sangre y de muertos y de lágrimas a la naciente República española, en aquel 1936, cuando su vecina Francia festejaba al Frente Popular que llegaba al poder.
Si me quieres encontrar... ya sabes mi paradero.
Tercera brigada mixta... primera línea de fuego
Centenares de bocas la han cantado. Centenares de bocas de muchachos que se volvían héroes de la noche a la mañana. Héroes sin saberlo.
Y cincuenta años después, en México, tres jóvenes mexicanos, una voz y dos guitarras, la cantan en un minúsculo escenario apenas esbozado. Una voz, la de Carlos Pascual, que ya cantó en la ópera y estudió música en el Conservatorio Nacional y en la Academia de la Ópera del INBA; que es actor a sus horas, al lado de figuras ya de renombre, del teatro, y que ahora en ese pequeño reducto de la calle Durango 215, al lado de sus dos compañeros, estupendos guitarristas, Francisco Fernández del Castillo y Julio López Valencia, engranan el testamento musical de una guerra que oficialmente se perdió, pero que siguió viva en miles de corazones, en miles de memorias y en miles de bocas. Guerra que siguió viva en los corazones de los hombres del mundo entero que tienen corazón.
Y esas canciones con sus letras ensangrentadas por manos heridas y desgarradas por las lejanías, llegaron a México como llegaron a los paises del mundo entero. Y empezaron a cantarse desde las escuelas hasta las cárceles, desde los cafés frecuentados por la bohemia intelectual en calles ya desaparecidas, hasta los escenarios de los teatros de comedia y de dramas. Hasta que poco a poco fueron olvidadas. Y estos tres jóvenes mexicanos: Carlos Pascual, Julio López Valencia y Francisco Fernández del Castillo, las fueron juntando desde los misteriosos cajones que pertenecían a poetas de renombre, hasta los que nacieron en la calle, o a las que creó la trinchera, o simplemente la vida. Canciones famosas o anónimas.
¡Ay, Carmela! ;Ay, Carmela!
Recuerdos de la vida de aquella España que esos tres jóvenes artistas mexicanos no conocieron, de aquella época cuando aún no habían nacido. Y sin embargo, cuánta emoción, cuánto amor y comprensión en cada palabra, en cada nota, en cada expresión, que a veces son de García Lorca y otras de León Felipe, o de Antonio Machado.
"Frente de Cabo de Palos —sobre las aguas
"Retumban los cañones —sobre las llamas
"¿Qué será, qué pasará —¿qué estará pasando?
La marina española —que está luchando.
Y cuando la voz de Carlos Pascual lanza: "Nuestros hijos nacerán con el puño levantado", uno de los guitarristas contesta:
He poblado tu vientre de amor y sementera —He prolongado el eco de sangre
—Y espero sobre el surco como el arado espera (Canción del esposo soldado) de Miguel Hernández
O bien canta Carlos Pascual: El crimen fue en Granada, de Antonio Machado, donde el autor narra la muerte de García Lorca:
Se le vio caminando entre fusiles
Por una calle larga
Salir al campo frío
Aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico —cuando la luz asomaba
El pelotón de verdugos —no osó mirarle la cara
Todos cerraron los ojos —rezaron: "Dios te salve"
Muerto cayó Federico.
Pero después de las canciones de guerra, esos tres jóvenes artistas mexicanos, uno con su voz o los otros con sus guitarras, que a menudo se entrecruzaban y formaban una sola unidad, empezaron sus cantos de exilio: cuando el soldado republicano abandonó el fusil y tomó el bastón del nómada, cuando dejó su tierra patria ensangrentada y buscó el refugio en tierras extrañas, por rutas desconocidas del mundo, donde siempre resultaba un "extranjero... pero vivo" según reza una de las tantas canciones.