Se Alza el Telón

Malkah Rabell

Las dos mejores obras del año: El rehén y Entre mujeres

Ahora, en este final de junio, cuando hemos llegado a mitad del año, es bueno recordar lo mejor de estos seis meses transcurridos en 1993, para no permitir olvidar a su vez a quienes dan los premios, o simplemente a quienes escriben reseñas, y a menudo se olvidan de los mejores logros, de los más serios, o de los más exitosos. Tal vez pueden también preparar los ánimos a preocuparse por estas realizaciones en lugar de ir dispersando los esfuerzos a diestra y siniestra, entre obras de menor valor, o de plano de mucha medianía.

Desde luego, no he visto en estos seis meses todo lo que ha ofrecido el campo teatral. Imposible muchas veces salir de casa por las lluvias y por la lejanía de ciertos teatros, como por ejemplo los universitarios. Se considera que existen en nuestra capital 80 compañías. En la mayoría de los periódicos se anuncian 45 salas ocupadas. Y en éstas, hay por lo general dos compañías en cada sala y en el transcurso de cada semana de actuación. Lo que hace 90 compañías. Descartemos un diez por ciento que llega a faltar, al cerrar sus puertas, o por otras razones. Y así llegamos al número de 80 grupos o compañías que actúan en la ciudad.

Personalmente aunque sólo vi la mitad de esa superabundancia de compañías activas, sólo pude conservar un recuerdo imborrable de dos espectáculos. Entre ellos me impresionó hasta lo más hondo, hasta la angustia, El rehén, y me gustó, aunque sin llegar a las mismas profundidades, la comedia del español Santiago Moncada: Entre mujeres.

Da la casualidad que entre esas dos obras hay un sólo razgo de familiaridad. Ambas se deben a la interpretación de personajes del mismo sexo. El rehén sólo es interpretado por hombres. y Entre mujeres se debe tan sólo a mujeres, tal como lo indica el título.

En cambio, el tema, las ideas, las intenciones, las psicolc' gías, son absolutamente diversas en cada una de estas obras.

El rehén, basado en un guión cinematográfico, más o menos de los años cincuenta, cuando después de la guerra aún estaban vivas en todas las memorias, las tragedias de los rehenes, que a menudo pagaban con sus vidas las exigencias de los ejércitos victoriosos. Adaptada la obra por Juan Tovar a los acontecimientos actuales, conserva mucho de la inteligencia del original, así como su fuerza dramática. La representación dirigida por Luis de Tavira ofrece un reparto con una actuación de primera calidad, a cargo de cinco actores: Alejandro Tomassi, en el papel de J.J.Farr, sacerdote rebelde, recién liberado de manos de una pandilla de criminales que lo mantuvieron cautivo durante cinco meses como rehén. Pero no es el hecho de haber sido secuestrado lo que crea los problemas psicológicos al sacerdote, sino el hecho de haber sido torturado de la manera más espantosa, lo que lleva a ese famoso teológo que se declaró en rebeldía acercándose al ateísmo, a volver a la fe y a Dios.

Los demás intérpretes de El rehén son Juan Felipe Preciado, Fernando Torre Laphan, Fernando Rubio, Jesús Angulo, y Joaquín Garrido, todos parecian haberse compenetrado de sus personajes hasta el sufrimiento más íntimo.

Y hasta la escenografía de Gabriel Pascal, uno de los más talentosos escenógrafos de la nueva carnada, se lucía especialmente en el estreno, en el teatro: Foro Shakespeare. Espectáculo que actualmente ha pasado al más amplio escenario del muy conocido Teatro Insurgentes.

En cuanto a la comedia que a menudo se vuelve dramática del autor español, Santiago Moncada, escrita con toda la habilidad y conocimiento del oficio, heredados de una escuela dramática vieja de siglos, llegó hacia nosotros con la única noticia de que tuvo un clamoroso éxito en Buenos Aires, Nueva York y Los Angeles. Pero muchos no le dimos demasiada importancia, convencidos que bajo semejante título: Entre mujeres, no podía ser otra cosa sino una de esas triquiñuelas realizadas para el goce de un público sin demasiadas pretenciones.

La obra desde sus principios fue un triunfo del gran público. Y empezó a llamar la atención de la gente menos accesible después del sorprendente premio colectivo a las cinco actrices que otorgó La Asociación Mexicana de Críticos de Teatro: Rosa María Bianchi, Nuria Bages, Raquel Olmedo, Silvia Mariscal y Macaria, en papeles de múltiples facetas, ya que la comedia abarca una infinidad de géneros que termina uniéndose en una sola unidad. Aveces la comedia parece que va a dar un misterio policial. Otras veces simplemente descorre el velo íntimo de un internado de señoritas donde la moral, la religión y la estupidez de los, o de las maestras de la dirección crean una infinidad de problemas que persiguen a las ex-alumnas por el resto de sus vidas. Entre mujeres ofrece un cuadro de carácteres, de vidas, de destinos que casi nos convencen que cuanto más alto trepa un carterista, tanto más ciego y sordo se vuelve su conciencia y su sensibilidad. Ante los aplausos ajenos que lo ensordecen desaparece toda piedad por el sufrimiento ajeno. Y ese texto en manos de cinco excelentes intérpretes, elegidas con mucha inteligencia y sentido común, continúa su triunfo desde el año anterior, desde 1992, año por el cual obtuvieron las actrices su premio a la mejor actuación de la temporada.

Esas dos representaciones tan absolutamente diferentes entre sí, tan alejadas una de la otra, son hasta este momento las mejores y las más exitosas del año 1993.