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Se Alza el Telón

Malkah Rabell

Jacques y su amo, de Milán Kundera

La literatura checoslovaca es muy poco conocida fuera de los límites de sus fronteras. Por lo mismo, Milán Kundera, producto novedoso de esa literatura, nacido en 1929, todavía no penetra con mayor hondura en el mundo del pensamiento universal. Lo empezamos a conocer más o menos hace una década, tal vez algo más, y sobre todo Ilamu la atención de las poblaciones occidentales por su origen de elemento surgido de una nación comunista. No obstante que Kundera ya abandonó sus lares checoslovacos y vive actualmente en Francia, cuya ciudadanía e idioma adaptó, sigue entusiasmando a numerosos lectores en las más diversas traducciones.

Jacques y su amo, ya fue presentado en un teatro mexicano creo que hace más o menos una década, y si no me equivoco lo puso por primera vez en escena Ludwik Margules. Actualmente, el director de la Escuela de Arte Teatral de Bellas Artes, el maestro Héctor del Puerto le echó el ojo a la misma obra y quedó prendado por el mismo texto. Pero si Margules lo colocó en nuestra edad, tal como lo precisó el autor (creo), Héctor del Puerto lo consideró una paráfrasis muy libre de la novela de Diderot: Jacques el fatalista, cuyo estreno se realizó en París en 1981, representado por el grupo: Theatre des Maturins.

Si bien no sé hasta qué punto el Jacque de Kundera se parece al Jacques el fatalista, pues nunca tuve la oportunidad de leer esa novela del famoso enciclopedista. En cambio, el personaje de Jacques se me hace increíblemente parecido al mismo Diderot. Es: cuentero, charlatán, consejero, razonador, vulgar, con una necesidad constante de hablar. Si algo definitivo puede decirse del sirviente Jacques, es que era dueño de una colección infinita de relatos. También quiso ser amigo de su amo, y lo era cuando su amo lo necesitaba, y a decir verdad, lo necesitaba a cada rato. Pero más de una vez el amo se acordaba que era un Señor Feudal y lo trataba también como tal, y hasta le pegaba. Pero Jacques no dejaba de volver. Hacía unos pasos hacia el borde del escenario y volvía, necesitado de hablar, y hasta a veces le daba por ser algo filósofo.... Igual que Diderot.

Lo que la adaptación de Héctor del Puerto introdujo de —creo— absolutamente personal, es la aparición de escenas que reflejan las palabras comentadas por Jacques. Y así esos diálogos entre Jacques y su amo, que caían a veces en la monotonía, adquieren viveza y colorido. Esos personajes de Kundera, transferidos al siglo XVIII en víspera de la Revolución Francesa, son divertidos y a menudo reflejan la "moral"-o la falta de moral= de ese siglo tan erótico y pornográfico, herencia de la Madame de Pompadour, y de Manon Lescaut.

Jacques contaba sus propias aventuras, que nacían más bien en su cerebro que en la realidad, y su amo las adaptaba a su propia naturaleza y a las necesidades de ésta, que bebía en las fuentes de la literatura de su siglo. Y Kundera muy a la manera del mismo siglo XVIII, daba a la obra y a su espectáculo un tono de constante conversación, tan propio de Marivaux. A esas escenas que agregó Héctor del Puerto, reflejo y prolongación del texto de Kundera, le da mucha vida el vestuario de la época, tan lleno de colorido y de movimiento, un poco parecido al loco vestuario de nuestra propia época.

De todo el grupo de actores, que pertenecen a la Escuela de Arte Teatral y estudian en las últimas clases, el único que me ha impresionado de una manera muy favorable y que me parece que tiene mucho porvenir en el teatro profesional, es Felipe de Jesús en el papel de Jacques, quien auna temperamento y alegría, a una dicción clara y a una naturalidad de la actuación. No se puede decir lo mismo de Tomás Ceballos en el papel de amo. Bien parecido, en cambio carece de temperamento y habla en voz demasiado baja que apenas se oye. Pero parece conocer el arte de la esgrima, lo que es muy necesario para el papel.

Lo que llama en especial la atención es la escenografía. que no sabemos cómo denominar, pues ofrece extraños aspectos semejantes a una rara paloma y otras veces a un aeropuerto. Escenógrafa, e, igualmente autora de la vestimenta, María Teresa Ortiz, maneja la iluminación con igual talento.

Representación que merece ser visitada y aplaudida por un público numeroso y que se debe tanto a la dirección como a la inteligencia y muy novedosa adaptación del maestro Héctor del Puerto.