Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Cita con un ángel o teatro y el PAN
Sin duda el teatro es un reflejo de todo el mundo circundante. Por más insignificante que sea una obra, transmite las costumbres, las modas, la moral y hasta la política de un tiempo determinado en el cual se siula el drama o la comedia, y sobre todo una comedia. Las comedias son las más representativas de un periodo vital, y los cómicos captan de inmediato el lenguaje y las maneras de ser de la población de ese periodo. Probablemente si la comedia de Jorge Estévez y Roberto Garza Leal —que son también los productores de la representación— hubiera sido escrita hace unos 30 años, sin duda el ángel que resuelve todos los problemas del caso, hubiese sido un Comisario Soviético, pero como está escrita y representada en el México de 1993, el angel es una MONJA, que da toda la impresión de pertenecer al PAN. No sólo hace milagros con la mayor facilidad, sino que transmite buenos consejos a diestra y siniestra, y uno de ellos nos asegura que para ser feliz en el matrimonio, la mujer debe casarse virgen. Una moral que hemos creído desaparecida para siempre.
Tal vez ese alud de chistes que lanza a troche y moche el protagonista, nos hubiese hecho reír de tanto en tanto, (como despertaba las carcajadas de un público super abundante), si no fuera por la mala costumbre del primer actor —el único—, Rafael Inclán, de hablar todo el tiempo, hasta quedarse exhausto, y no, sólo él, sino todo el público. Y desde luego, durante esos alúdicos parlamentos, los chistes y las "gracias" caían como lluvia, inundaban toda la escena y también toda la sala. Para el colmo el "estrello" siempre las arreglaba para ocupar los primeros planos, para que nada de sus charlatanerías se perdiera. El actor nadaba en un mar de sudor, y cansaba terriblemente a sus oyentes. Alicia Fahr que hacía de esposa, sólo se hallaba en el escenario para darte la réplica, y si de por sí la señorita Fahr no es una brillante intérprete, en esas condiciones perdía su poca presencia interpretativa.
Por fortuna, en un momento dado, cuando ya estabamos a punto de estallar (y no precisamente en aplausos) sino en gritos histéricos apareció el Ángel, interpretado por María Victoria. Esta simpática actriz que durante tantos años estuvimos acostumbrados a oír cantar, resulta una comediante nada despreciable, casi verdaderamente angelical.
En cambio, se me viene a la memoria ese dicho popular que considera todo lo excesivo como malsano. Y si alguna vez en mi vida he oído un exceso de charlatanería, y una superabundancia de chistes, que daban ganas de matar al protagonista, es decir a Rafael Inclán, fue con ese papel de marido estúpido de una esposa harta de las gracias de su esposo.
Pero según parece, el público no se hartaba... y hasta se me hace que estaba dispuesto a escucharlo durante mucho tiempo más.
La dirección de Otto Sirgo, que debía haber detenido ese permanente alud de estupideces, no logró cumplir con su papel de corrector y de moderador. Tal vez no se permitió el lujo de suprimir la mitad de la prosa, porque ésta pertenecía a los dos productores, quienes seguramente se relamían con cada chistecito. Más, me extraña que el productor asociado, Mauricio Gilbert, un hombre sensato y ya con bastante tiempo en la actividad de la farandula, no haya intervenido para ponerle un hasta aquí a la verborrea del protagonista.
Es menester mencionar la agradable escenografía realizada por una artista totalmente desconocida: Cristina Martínez Velázquez, para el escenario del teatro 29 de Diciembre.