El sitio y la hora. Autor, Antonio Magaña Esquivel. Dirección José de Jesús Aceves. Escenografía, Ramen.
Reparto: Carlos López Moctezuma, Héctor Gómez, Antonio Brillas, etc.
Con motivo de
la Feria del Artista, se
viene representando en el Teatro
del Bosque esta obra de Antonio Magaña Esquivel, quien se dio a conocer como dramaturgo en 1956 con el estreno de su obra Semilla
del aire. Y en la función
de la noche, se lleva a escena la reposición de El
gesticulador de Rodolfo
Usigli. Por tratarse ambas
obras de una crítica a la política,
no faltará quien trate de encontrar semejanza entre una y otra pieza;
sin embargo. el planteamiento
es diverso, es otro el conflicto y es
otro el fin.
En la obra de
Magaña Esquivel, la crítica se hace más concreta y se le ve apuntar su arma sin titubeos hacia las corrompidas maniobras de los partidos políticos. La acción de la obra es sobre todo una asociación interna. El protagonista va descubriendo para sí mismo toda la tramoya que los hombres crean para beneficiarse a sí mismos, con el pretexto de que se sacrifican por “la patria”. La obra de Magaña Esquivel tiene la bravura de quien no se deja
someter y de quien entresaca del lodo la flor, y se sirve de
ella para adornar su vida.
Desgraciadamente,
la precipitación con que seguramente se
decidió la puesta en escena de estas dos
obras, hizo que el día de su
estreno, en ambas, repercutiera
esa premura, pues algunos de los actores no se sabían sus partes y esto restó ritmo, seguridad y tono, pues cuando el actor está pendiente del diálogo, en vez de estarlo de su personaje el público está perdido.
Quienes
destacaron por la cuidadosa interpretación
de sus respectivos personajes son Héctor Gómez y Antonio Brillas. Muy bien Óscar Bonfiglio y María Eugenia Ríos. Sin dominio de la escena, Josefina Escobedo y Julia Alfonso. Y en una de sus actuaciones más débiles Ángel Merino y Daniel Villarán. Correcta la dirección de
José de Jesús Aceves.
El gesticulador. Teatro del Bosque. Autor, Rodolfo Usigli. Dirección, Luis Aragón. Escenografía. Ramen. Reparto: José Elías
Moreno, Miguel Ángel
Ferriz, Carlos Becerril, Graciela Doring, etc.
Es increíble cómo esta obra de Usigli a pesar de haber sido escrita en el año de 1937 sigue teniendo la misma vigencia de hace 14 años. Las frases mordaces
como aquella de que “donde quiera encuentras impostores... asesinos disfrazados de héroes... caciques disfrazados de demócratas...” siguen teniendo la fuerza de entonces porque siguen existiendo
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esos impostores y esos caciques. Su crítica a la política no se queda
en la superficie, es por eso que es imperecedera. Cuando habla de que: “los hombres son como las botellas que se usan en el teatro: con etiqueta de coñac y rellenas de limonada”, está hablando de toda la hipocresía dentro de la cual se mueve el mundo político. También habla del por qué el hombre se ve obligado a actuar así, como un simulador o un “gesticulador”, porque la historia se lo pide, porque los hombres no aceptan la vulgaridad de la verdad y tratan de crear una fantasía que corresponda más a su ideal. Es por ese anhelo épico que cuando el protagonista
le cuenta la verdadera
historia de César Rubio al historiador, éste no la acepta porque “no es lógico” que un gran hombre sea muerto por un vulgar asesino y desaparezca sin dejar rastro. Cuando el historiador o el hombre buscan una historia que estremezca en lugar de buscar la realidad verdadera,
prosaica si se quiere, pero auténtica, es cuando nace la mentira, el disfraz v cuando se fabrican los falsos héroes.
La reposición de esta obra de
altos vuelos, no sólo por la
tesis, sino por la belleza de
su diálogo, la exacta construcción
de sus situaciones, y otros
muchos de sus valores, nos
ha llenado de satisfacción. Todos sus
personajes están trazados con mano maestra, como el “diputado por las dudas”, el representante del partido: un acomodaticio, que maneja a los demás siempre con frases imprecisas, demagógicas (recordemos que Usigli ha llamado a su obra “pieza para demagogos”) pero siempre cortés; los dos hijos de Rubio, con sus personalidades bien definidas; la madre, y desde luego el protagonista: César Rubio, al cual vemos despojarse en el transcurso de la obra de todo el lastre de su fracaso y termina por dar su sangre “porque México necesita la sangre de sus héroes”.
En cuanto a la puesta en escena, el día del debut equivalió a comerse un guiso aún no sazonado, se nos quedó en la boca un mal sabor. José Elías Moreno, inseguro en sus parlamentos, olvidando lo que tenía que decir; empero, creemos que José Elías Moreno hará un magnífico “gesticulador”, sólo que habrá que esperar a que madure la fruta.
Muy bien, especialmente, Graciela Doring quien
cada día actúa con mayor
justeza, Carlos Becerril muy sincero
-¡si no mirara tanto el suelo!-, muy actor: Miguel Ángel Ferriz, Ramón
Bugarini, Julio Taboada y Xavier Massé
sobresalen por sus exactas caracterizaciones. Jorge Mondragón discreto
y nada más. En cuanto a Amanda del Llano es tan gris su actuación
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que en ningún momento logra perfilar el verdadero fondo de esa esposa que en su aparente “abnegación” oculta todo el matiz destructor de su carácter.
Luis
Aragón dirigió en forma poco
equilibrada en cuanto a composición
escénica, poco fluido el
movimiento de los actores, en
cambio, bien marcado el carácter
de los distintos
personajes y muy cuidadas las escenas críticas.
Parafraseando un dicho popular, diríamos que “la precipitación es la madre de muchos errores”, ojalá siempre se prescindiera de ella.
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