en el ridículo. Las otras dos obras, de Adela Fernández, tampoco fueron un
dechado de virtud. Sus simbolismos son ingenuos, su poesía superficial, sin
embargo, con estudio, Adela Fernández podría llegar a alcanzar otros niveles en
sus obras futuras.
Asistimos
al Festival, en calidad de jurado, María Luisa Mendoza, Maruxa Vilalta, Malkah Rabell, Yolanda Argudín y quien
esto escribe, habiendo otorgado los premios estipulados en la convocatoria
publicada por el Departamento de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes,
en la forma siguiente:
Premio
al mejor grupo, por su cohesión, disciplina y sentido del ritmo, al Grupo
Teatral y Cinematográfico que interpretó La chinche.
Premio
al mejor director, por su alto sentido de la farsa
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y su concepto del trabajo colectivo, en La chinche, a Adolfo Basi.
Mención
de honor por la concepción del montaje de Romeo y Julieta, y su realización
plástica, a Eduardo Goycolea.
Premio
a la mejor actriz; repartido entre: Iliana Urueta y
Celia Suárez. La primera por su expresividad dramática en el monólogo El
sepulturero y la segunda por su sinceridad emotiva en Todos
son mis hijos.
Premio
al mejor actor, por su trabajo mímico, pleno de frescura interpretativa en el
espectáculo Los cuatro y yo, al mimo Xavier Cuevas.
Diploma por su acertada actuación del papel de George Deever, en Todos son mis hijos,
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