Resaltar búsqueda

 

 

 

Se alza el telón

 

Un harén estilo siglo XXI, de Ricardo Talesnik

 

Malkah Rabell

La humanidad se dio en perseguir las novedades. Todo el mundo quiere llegar al siglo XXI con renovadas invenciones. No importa si los males siguen iguales, lo que importa es la forma, lo exterior, el lenguaje, que a menudo ni se entiende. Aunque se digan cosas viejas el lenguaje debe cambiar. Y en estas búsquedas, es natural que las indagaciones también lleguen a la pareja, a ese doloroso problema de la pareja que desde siglos no logró encontrar la perfección, y cada vez más parece a punto de derrumbarse.

Y el comediógrafo argentino, Ricardo Talesnik —¿recuerda usted esa graciosa comedia: La fiaca, interpretada por Sergio Corona? pues es del mismo autor—, ha descubierto que nadie debe tener ¡Una sola mujer, nunca más! ¿Por qué tantas antiguas civilizaciones han conservado el harén durante siglos? Los musulmanes, los chinos, los japoneses, y tantas otras civilizaciones que probablemente han desaparecido. ¿Por qué tener una "Casa Grande" y otra "Chica" lo que resulta demasiado costoso en nuestra época de crisis? ¿Por qué insistir en un sistema matrimonial que ha demostrado sus fallas a lo largo de siglos cuando se puede tener a todos sus amores juntos? Y he aquí que la mujer maternal, la psicóloga, la muy jovencita y hasta la cortesana se encuentra bajo el mismo techo y congenian fraternalmente.

Y para demostrar lo bien fundado de tal sistema aplicado a la sociedad occidental, Talesnik trae a escena no sólo un harén a lo siglo XXI, sino busca algunas novedades en la técnica teatral. Numerosas escenas se desarrollan en silencio, sin palabras, con la única expresión mímica o de gestos, con un fondo de música popular, cuya letra, conocida por todos, interpreta la escena muda.

La dirección del propio Ricardo Talenski impuso un tiempo, un ritmo ágil, que a veces hasta se torna desatado, impetuoso, lo que subraya la comicidad y más aún el sentido del humor.

La comedia, la verdadera, que sin llegar a ser la "alta" que según considera Patrice Davis en su Diccionario del Teatro: utiliza sutilezas del lenguaje, alusiones, juegos de palabras y "situaciones intelectualmente agudas", cuyo origen se atribuye a Ben Jonson" tampoco llega a la comedia "baja", que más bien cae en la farsa de lo cómico visual, como el "gag". Pues la verdadera comedia es uno de los géneros más difíciles, para la actuación del actor. Más difícil que el drama. La interpretación dramática se puede aprender, la cómica nunca. Un actor de comedia, nace, no se hace, y sobre todo no todo cómico que suele decir chistes gruesos y buscar gags, hasta a menudo embadurnarse el rostro, es cómico de comedia. Este último necesita una especial ligereza, una gracia y un donaire en la palabra y en el gesto, un sentido del humor mucho más fino que el usado por el "cómico de cine". El actor de comedia no sólo actúa con el texto, ha de adaptarse con todo su cuerpo a una determinada plasticidad. A veces, los bailarines resultan ser buenos intérpretes de la comedia, como fue el caso de Sergio Corona, cuando contaba todavía con menos kilos.

Tal vez Alejandro Suárez, en el difícil y prolongado papel de Miguel, en Nunca más una sola mujer, obra en la cual es el único personaje masculino que casi todo el tiempo permanece en el escenario, carece de la costumbre del género, en este caso más de Marivaux que de Moliere. Esperemos que en otra oportunidad, habrá adquirido mejor el hábito de jugar con esa tan difícil técnica.

En cambio, las cinco mujeres —con este instinto de las mu-
jeres por adaptarse—, estaban todas estupendas, desde Dina de Marco, Jacaranda Aifaro, Blanca Sánchez, Mónica Pablo y Lourdes Deschamps, grupo femenino entre el cual sólo Blanca Sánchez es conocida del público, por el cual fue ,recibida con un caluroso aplauso. No hay nada como la televisión para acercarse a todos los públicos, aunque también es el medio que mejor logra destrozar las capacidades del comediante. Lo que no es, por fortuna, el caso de Blanca Sánchez.

En el programa de mano, no se anuncia el nombre del escenógrafo, lo que es la mejor señal que tal colaborador no existe. Ni tampoco hace falta para construir ese sencillo decorado de una habitación de soltero, que extrañamente se parece a una mezquita.

Aunque el Once de Julio no resulta muy popularizado entre un auditorio más amplio, esa comedia de Talesnik fue recibida durante varios meses por un público bastante numeroso, que en esa representación de fin de temporada a la cual asistí, no se cansaba de reír y de aplaudir a los intérpretes.