Se Alza el Telón
El diario prohibido de Alvar Costa: grupo Punto y Raya
Malkah Rabell
Oscar Flores Acevedo como Colón, bajo la dirección de Gilberto Guerrero. [Pie de foto , N. del E.]
Me llevaron a un lugar llamado ex convento de Churubusco, que de día con su larga avenida bordea de añeja arboleda debía ser muy hermoso, pero que de noche se hacía bastante tétrico. Tal como su nombre indicaba, no era un teatro, sino un ex convento que alquilaba una de sus amplias salas para actos teatrales o bien de otros menesteres públicos. Un grupo de tres actores, Rafael Pérez Fons, Oscar Flores Acevedo y Víctor Manuel Michel, y una actriz, Teresa Guerra, todos muy jóvenes encabezados por un director de escena no mayor, Gilberto Guerrero ofrecieron una obra muy rara y compleja, ni siquiera estoy segura si puede llamarse-le obra dramática. El grupo, bajo el titulo: Punto y Raya, ya tenía varios años de existencia. Yo los había visto hace unos siete u ocho años actuar en una librería en la obra del dramaturgo y escritor vienés Sznitzler: La ronda que me dejó un buen recuerdo. Y pensé con tristeza: "He aquí otro grupo, uno de tantos que abundan en nuestra ciudad, que buscan un escenario, y a falta de éste se refugia donde pueda. ¿Por qué tantos grupos? ¡Cuantas vidas destrozadas en la vana persecución de un sueño! ¡El sueño de ser actor! Y no encuentra en su camino a un Héctor Azar, a un Héctor Mendoza, o a un personaje semejante que supiera reunirlos a todos, o por lo menos a muchos, bajo la conducta de una mano fuerte y hábil y conocedora de las necesidades teatrales para transformarlos en elementos adaptados a ese difícil y cruel terreno que es el teatro. Mas, quien tiene el derecho de sugerirles: ¡Hombre, hombre, deja ya de soñar, despierta! Tal vez los interpelados le contestarán: ¿Y de qué voy a vivir si no de mis sueños? ¿Quién y qué me mantendrá vivo en este mundo gris y monótono de la existencia cotidiana alena a los sueños?Pues bien, en esa noche fría y melancólica de noviembre, en esa sala desnuda del ex convento, tres muchachos y una jovencita pusieron en escena una obra extraña: El diario prohibido de Alvar Costa, que no sabemos a ciencia cierta si realmente se basa en un hecho real descrito en su diario por un marinero loco. "Manuscrito cuyo frustrado editor, Luis de Calderón, por orden de la Santa Inquisición, murió en la hoguera", o si es sólo debido a la imaginación de un escritor contemporáneo: Felipe de Jesús de Hernández.
La obra tiene un sólo acto, que dará más menos unos 100 minutos. Tal vez en un escenario normal, el drama hubiese podido ser dividido en por lo menos dos partes, o dos actos, y hubiera ganado mucho al dar un respiro no sólo para los actores, sino para el público. Pero el reparto de Punto y Raya, se hallaba en una sala sin escenario, actuando casi "encima" del auditorio, que consistía en seis espectadores, ya junto conmigo. Y al ver la pasión, con la cual esos jóvenes intérpretes se entregaban a sus personajes, nos preguntábamos: ¿qué sostiene el entusiasmo, la fe, la entrega de esos cuatro comediantes, y del director y adaptador? Y sólo lograbamos responder: Pues, el amor a la escena, el amor que mueve montañas.
En esa fría noche del invierno incipiente, esos cuatro enamorados del teatro, se sumergieron en baldes de agua fría, que simbolizaba el mar, a ratos se desnudaban, y siempre lograban darle vida y realidad a sus protagonistas: Rafael Pérez Pons, como Alvar Costa; Óscar Flores Acevedo, como Christóphoro Columbus y Víctor Manuel Michel como el tercer personaje sin nombro, tal vez una sombra anónima. En cuanto a Teresa Guerra, hacia un sinnúmero de personajes, verdaderos o imaginativos que nacían en las mentes de esos marineros enloquecidos por el miedo, por la sed y tal vez por el hambre. Las escenas de locura que reinaba a bordo de uno de los navíos de Colón, duraron por lo menos 40 minutos, que se hicieron excesivos por lo repetitivo tanto de la prosa como de los gestos y actitudes. También se me hicieron demasiado largas unas escenas de homosexualismo quo a bordo de un barco durante tanto tiempo en la mar, se explican por sí solas. O como dice el supuesto autor en el programa de mano: "El 15 de marzo de 1943, de regreso ya en el Puerto de Palo, conociendo la existencia del Diario y acusándole de "rebeldía en navegación" el capitán Martín Alonso, remitió al marinero Álvaro Costa, a la cárcel de Granada, donde enloquecido contaba exquisitas historias de orgías a bordo de barcos. Ahí murió en 1496.
En cambio estaban muy bien realizados tanto el primer episodio que poseía mayor agilidad, acción y dramatismo, y donde introducíanse los personajes del drama. Asimismo el final estuvo correcto, y llevó triunfalmente ese último episodio hasta el momento cuando a bordo una voz lanza el grito de la esperanza: ¡Tierra!... ¡Tierra!".