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Se Alza el Telón

Malkah RABELL

El hogar de la serpiente en el Foro Shakespeare

Los problemas de la familia, siempre han sido fuertes de la dramaturgia mexicana. La primera obra teatral de la escritora novel, María Elena Aura, tiene toda la fuerza dramática —aquí prefiero usar la palabra "melodramática"— de una creación que refleja una realidad poco agradable, pero indudablemente existente en la clase media baja, que cada vez se hace más presente en las esferas más elevadas de la vida nacional, a medida que la mujer y madre se transforma en la fuerza económica del hogar.

Al salir de la sala de espectáculos, y encontrarme con el director de escena Gerald Huillier, no pude retenerme de comentar:

—¡Que melodrama tan desagradable!

A lo que el director contestó con la mirada un poco desviada: —¿No sería más bien una tragedia?

Tal vez. Sin embargo, creo que las tragedias presentan personajes que son héroes. En la obra de María Elena Aura, todos son villanos. Desde la abuela, protagonista consentida para los públicos, pero que aquí recurre a toda clase de traiciones, hasta destroza a su propia hija, para conquistar el amor de sus nietos; hasta éstos, los menores Efrén y Raúl: drogadictos, ladrones e incestuosos, que ya emprenden el camino del homosexualismo. ...¿Y la madre? ¿Qué lugar ocupa la madre? Sin duda es la víctima. Aunque no deja ser culpable y responsable.

La mujer en México que hace apenas unas décadas tenía una importancia de poco valor, y que sólo se hacía indispensable por su papel de madre, y como tal llegaba a ser considerada como "santa", "heroína", la cabecita blanca, adorada por sus hijos, y hasta respetada por el marido, perdía sus atributos cuando los hijos crecían y ella perdía su juventud y su capacidad de procrear. Entonces se le presentaba otra oportunidad de recuperar su lugar de reina: el lugar de la abuela que sin haber vertido la sangre en los partos, ocupaba el lugar de la madre, cuando ésta se veía obligada a abandonar la casa para ir a trabajar. A lo que la nueva generación está cada vez más constreñida.

En un mundo como el nuestro, donde día a día caen todas las barreras morales, y donde todo está permitido, y hasta admirado como moderno y audaz, ¿qué ejemplo puede ofrecer la madre moderna? Sin duda quiere vivir su vida, y tiene derecho a ello. ¿Pero, cómo lo toman sus hijos, ya mujeres, ya hombres? que de tanto en tanto cambian de padre. Madres que no esconden sus citas con amantes casuales. Y hasta consideraban una honestidad ser sincera con sus hijos.

La autora de este Hogar de la serpiente, recurre a todas las exageraciones para dar mayor fuerza, mayor énfasis al texto y al ambiente. Sin duda no es nada agradable presenciar escenas demasiado crudas como la de los nietos, casi niños, masturbándose o cosas peores. Tampoco la abuela que recurre a una religión medio cristiana y medio pagana basada en brujerías y supersticiones resulta muy agradable. Pero todo ello existe y es real, aunque nada de lo que se presenta en el escenario del "Foro Shakespeare" va servir para mejorar la situación. Tal vez, hasta muy al contrario.

Mas, es necesario admitir que la novel dramaturga, miembro de una familia de artistas, como son Marta Aura y Alejandro Aura, posee un sólido talento dramático, y tiene esta aptitud de hijos de artistas de captar rápidamente la creación artística. Si esta es la primera producción de María Elena Aura, ¿qué no podrá ofrecer en tiempos futuros?

La representación cuenta con dos excelentes actrices: Rita Macedo como la abuela que logra ofrecer un personaje de lentos movimientos y de caminar pausado, como suelen hacerlo las personas de edad avanzada. Es natural y verdadera. Que lástima que Rita Macedo ha desaparecido de nuestra escena desde tanto tiempo. Otra actriz estupenda es Alma Muriel en el papel de la madre, donde nos ofrece escenas de verdadera pasión dramática, que nos sacude y destroza como ese grito final, repetido una y otra y otra vez, que nos hace pensar en el grito del pintor impresionista sueco, Edward Munch en su cuadro del mismo nombre: El grito.

En cuanto a los dos menores, Salvador Noriega y Raúl Casillas, el mayor se me hace exagerado, y no sé a qué se deben sus constantes sacudimientos. El menor es mucho más natural y se mantiene dentro de su protagonista.

En el reducido espacio del escenario del "Foro Shakespeare", el escenógrafo bastante desconocido, Juan José Sánchez Vega, montó una escenografía muy interesante de una unidad habitacional.

La dirección de Gerald Huillier hizo el milagro de mantener esa obra tan difícil en un nivel artístico de altura que despertó el entusiasmo de un público dominical formado casi en su mayoría por mujeres.