Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Las 200 representaciones de El extranjero
Una obra de teatro que llega a las 200 representaciones, demuestra con seguridad que se trata de un éxito, aun cuando ese triunfo no llegue a la crítica, ni tal vez al mundo artístico. Tal es, puede decirse, el caso de El extranjero, que no trata de la maravillosa novela de Albert Camus, como algunos suponen, sino de un autor norteamericano bastante desconocido: Larry Shue, que se presenta en el teatro San Rafael, y que la noche de la presentación de las 200 funciones estaba repleto hasta el último rincón.
Aunque se supone que se trata de una comedia, es difícil afirmarlo con toda seguridad. Pues, El extranjero ni es del todo una comedia, ni tampoco un drama, ni siquiera un melodrama de aventuras. Presenta más bien una mezcolanza de todos esos rasgos. Y lo mismo podemos decir de su protagonista, Charlie, que ha de enfrentarse a un papel muy difícil, que no logra imponerse como cómico, ni tampoco como dramático, y no se sabe muy bien es tonto, loco pícaro. Construir un carácter con semenjantes rasgos no deja de ser sumamente complicado. Héctor Bonilla, que hace interpretar dos o tres actos sin pronunciar una sola palabra, dándose a entender con mímica, con gestos o palabras inventadas, crea ese personaje extraño.
Esta obra acerca de un "Extranjero" que en realidad es un norteamericano que desea permanecer anónimo en el pueblo de Georgia, donde llega para descansar y olvidarse de sus problemas familiares, nos ofrece un panorama que nos da a entender que el autor considera al norteamericano medio como ingenuo y propenso a dejarse engañar por la aureola de lo extranjerizante. Pero enfrente de ese grupo humano, que en el fondo es bondadoso, coloca a gentes de mala entraña, corno los miembros del Ku-Klux-Klan, decididos a desembarazarse de todo lo extranjerizante, entre quienes coloca a los italianos, a los judíos, a los negros y a los latinoamericanos, aunque hayan nacido en el país. Puesta en escena por el conocido actor y director, Héctor Bonilla, lo más llamativo de esta dirección es el manejo de los actores, quienes forman un conjunto estupendo, encabezado por el propio Bonilla en el papel protagónico, a quien recordamos en numerosos papeles, pero los que más me emocionaron fueron el de Barnum y el de Mr. Butterfly.
A su lado se halla esa estupenda actriz, María Teresa Rivas, que lamentablemente nos abandona con demasiada frecuencia. Pero como dice el proverbio: "La ausencia aumenta nuestra nostalgia". En la actual obra se presenta en un papel de dueña de un modesto hotelito en su pueblo natal, donde van a reunirse todos los personajes de la obra. Pese a su cabellera nívea, María Teresa Rivas da la impresión que !os años no pasan por ella, y su actuación es de una actriz en pleno dominio de sus facultades.
Todos conocemos a ese excelente actor, el Pato Castillo, con su estilo humorístico y su dominio del personaje que le toca representar. En El extranjero, interpreta a un militar del ejército norteamericano sin un solo rasgo cómico, pero al cual sabe manejar con infinita gracia.
De no menor calidadinterpretativa es la actriz de origen universitario, Julieta Egurrola, quien en el presente caso da vida a un personaje entre cómico y serio. la millonaria del lugar.
Como reverendo —que seguramente no lo es y sólo engaña a los ingenuos— lo desempeña un joven actor uruguayo, creo que surgió de la compañía que nos ha visitado hace algunos años, oriunda del Uruguay: El Galeón, Marcelo Buquet.
Otro personaje "malvado" es Luis Couturier, como Owen Maser, un "Kuklu klanista" de hueso colorado. creo que a Luis Couturier lo han encerrado sin razón alguna en la categoría de los "malvados", aunque merece mejor sino que de las naturalezas criminales.
Yo por fin, en el personaje de un joven un poco anormal, Mario Iván Martínez —a quien recordamos en A la manera de Shakespeare— encontró todos los tonos para dar naturalidad a su cómico protagonista. aunque me parece que ese joven actor es mucho más dotado para el drama que para la comedia. Pero puede muy bien deberse a esa falta de comicidad sincera que tiene el autor.
Apoyados por la escenografía de David Antón, y por la iluminación de Manolo Sánchez Navarro, ese grupo de eficaces actores dio a la dirección de Bonilla todo su valor, y han impuesto a esa obra un poco sosa, y poco desabrida todas sus posibilidades de comedia al parecer de poca risa, pero que el público recibía con grandes carcajadas desde el principio hasta el final.
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