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Se cae el telón

Dejó de existir Rafael Solana

Malkah Rabell

Después de 15 días de agonia dejó de existir en el Hospital Metropolitano, uno de nuestros escritores más prestigiados y aplaudidos: Rafael Solana, ligado al teatro mexicano tanto por sus obras de dramaturgo, como por su actividad de periodista y fundador y presidente de la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro.

Nacido en 1915, en el estado de Veracruz, Solana era uno de los personajes más multifacéticos y originales de la fauna artística de la capital. Dotado de una memoria fabulosa conocía a la mayoría de escritores, actores, directores y otros creadores de la escena, y retenía, sin necesidad de una agenda o apuntes, todos sus nombres, actividades profesionales y todos los pormenores de su vida y de sus actividades profesionales. Cuando se trataba de presentar al público a un recién llegado, se recurría de inmediato a los recuerdos de Don Rafael. Y él no fallaba nunca. Solana encontraba anécdotas del mencionado que éste mismo ya había olvidado.

Pero el maestro Rafael Solana no era sólo un periodista muy hábil dotado de una buena memoria y de una fuente inagotable de recuerdos. sino un intelectual de inmensa cultura, que había estudiado mucho y leído mucho, y que había escrito, para divertirse, un libro: Leyendo a Maugham. Cultura con la cual nunca presumía. Hijo de un conocido cronista de toros que firmaba "Verduguillo", también el joven Rafael, a los 15 años empezó su vida profesional en el campo periodístico en la categoría de cronista taurino, que pronto abandonó, dedicándose con alma y vida a la poesía, y como poeta figuró al lado de los poetas que fundaron el Taller revista de poesía en la cual colaboraban dos futuros grandes poetas: Octavio Paz y Efraín Huerta. Eran de su misma generación, pero de ideas, tanto en poesía como en política, muy dispares.

A los veinte años publica ya su primer libro de poesía: Laderas en el cual, según lo apunta Antonio Magaña Esquivel en su libro, Medio siglo de teatro mexicano: "Demuestra su facilidad técnica, su rapidez de concepción que luego ha de demostrar en otros géneros que abordó". Pero nunca abandonó del todo la poesía, esa su primera pasión, y hasta en su última creación teatral: Pláticas de familia recurre al verso para dar una imagen más colorida de la legendaria figura de Juan Tenorio en su juventud, época muy poco conocida y comentada del famoso amador. Creación última de su larga y rebosante de actividades carrera, le valió a Solana varios premios por la mejor obra del año 1991.

Como muchos otros hombres de letras, Rafael Solana no pudo escapar del deslumbramiento del teatro, que ya lo sorprendió en la madurez. Y se dejó seducir por la tentación de probar la batalla. Y creo que ninguna otra pasión lo aprisionó tanto. Para el escenario escribió su comedia de fantasía: Las islas de oro que fue estrenada en 1952, en temporada de la Unión de Autores, en el teatro Colón. A continuación, tal vez un poco mareado por los aplausos —que ni el poeta, ni los periodistas suelen escuchar—adaptó un cuento suyo Estrella que se apaga, publicado originalmente en la revista El hijo pródigo, en 1946, y como obra de teatro vio la luz de las candilejas en el teatro Caracol, en 1953.

Las comedias y melodramas —aunque éstos últimos no eran de la cuerda de Don Rafael —vinieron una tras otra, con su ironía y sardónicas palabras que llegaron a ser como el timbre personal del autor, y recibieron el mismo entusiasmo del público de aquella época del boom del teatro mexicano.

Como siempre sucede con los hombres que llega a triunfar en la vida, Rafael Solana contaba con excesivos enemigos. Estaba odiado por unos y amado por otros, que lo conocían de más cerca y admiraban su sencillez, su falta del absoluta prepotencia y orgullo. Nunca ocupó un importante puesto político oficial y jamás exhibió el número de sus obras publicadas o de piezas presentadas, que era extraordinario. Se contentó con la presidencia de su querida Asociación Mexicana de Críticos de Teatro de la cual renunció hace apenas unas semanas, pese a todas las súplicas de sus amigos.

Descanse en paz Rafael Solana, él que nunca pudo encontrar una hora, un día para descansar. Tu ausencia es de éstas que se notan ya demasiado tarde, cuando todos los rumores callas y todos los venenos ya han sido absorbidos.