Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Cielo de abajo, un espectáculo ambicioso de Jesusa Rodríguez
Una representación que más bien podemos llamar "espectáculo": Cielo abajo que presenta la controvertida, polifacética Jesusa en el teatro de La Capilla que Salvador Novo descubrió hace ya más de treinta años en una hacienda en ruinas, donde hacía de capilla y tampoco se encontraba en muy buen estado. El maestro Novo la compró y la reconstruyó poniéndola en actividad como al más pequeño teatro de su tiempo en México. Creo que no cabían entre sus tres paredes más de 25 asientos, es decir 25 espectadores. Por lo tanto su nuevo dueño decidió imponer unas entradas a precios muy altos, los más caros de la capital, y exhibir en su escenario obras muy especiales y novedosas. Si no me equivoco fue la capilla donde se estrenó por primera vez en México a Beckett con su Esperando a Godot como asimismo 13 a la mesa comedia de Marc Gilbert Sauvajon, que pude presenciar muchos años después en otro teatro cuyo nombre olvidé.
Hoy sigue difícil encontrar ese teatrito en la calle Madrid número 13, casi tanto como lo fue en sus principios. Ya no siempre se hace teatro en La Capilla desde la muerte de Salvador Novo. Actualmente Jesusa pone en escena el espectáculo Cielo abajo con textos de Malu Huacuja, interpretada por la propia Jesusa y Liliana Felipe. Obra que lleva al escenario una historia prehispánica de una mujer fallecida que se reúne en los subterráneos mundos con una amiga muerta con anterioridad. Y según narra con mucha belleza el programa de mano no menos bello: "Los muertos sin gloria, los que no habían sido elegidos por un Dios. Los que perecían por enfermedad común y corriente (tlalmiquilitzli, muerte de tierra, muerte causada por las fuerzas telúricas) pasaban al helado camino del inframundo, camino que debían recorrer en un lapso de cuatro años, para llegar por fin al noveno lugar de la muerte, donde entregarían a Mictlantecuhtli, los bienes que les habían servido en el viaje y esperarían su definitiva destrucción".
Como puede darse cuenta el lector, es un tema muy ambicioso que nos introduce en un mundo misterioso y secreto. Que además, después de cuatro años de un viaje de martirio, lo único que logra es un final de destrucción, el fin de sobrevivencia de las dos mujeres. Idea muy distinta de la religión cristiana y de la fe judaica, que ha servido de fuente a la anterior, ya que ambas creen en la vida eterna que se prolonga en el cielo y que recompensa los sufrimientos que el ser humano hubo de padecer en el valle de lágrimas.
Ese espectáculo trata de reproducir en el escenario los avatares del viaje de cuatro años que esas dos mujeres tuvieron que soportar en las regiones subterráneas, en los inframundos, a través de diversas escenas. Lástima grande que la interpretación de esas dos actrices no logró alcanzar los valores que tan ambicioso espectáculo exigía. El lenguaje de Malú Huacujano estaba a la altura de las difíciles y bellísimas imágenes que ese misterio indígena debía representar: el High aztec; la tierra; la capa más externa del inframundo; que a su vez representa no pocos misterios, desde un perro rojo que se entierra con un muerto para cuidarlo, hasta por "donde están las fieras que comen los corazones"; desde el pasaje donde sopla un viento helado que corta como si llevara navajas de obsidiana, hasta el pasaje por donde los cuerpos flotan como banderas..."
Parece que ni la regisseur, ni la autora tomaban muy en serio toda la misteriosa belleza de esa desconocida religión, y no buscaban profundizar los diálogos. Más bien trataban de hacer reir al auditorio, lo que lograban a ratos, y se trataba de una risa no muy consistente, ni muy generalizada. Muchas personas permanecían muy serias (como yo misma). La actuación de Liliana Felipe resultaba deplorable, excesivamente de principiante. Los numerosos desnudos que ofrecían las dos intérpretes, pintados de azul para imitar la carne putrefacta de la muerte, dejaba sentir excesivamente al cabaret en lugar del teatro. Y por fin, esa difícil y exigente escenografía necesitaba una mano más firme en inventos.
En fin de cuentas, ese espectáculo que se antojaba tan ambicioso e interesante. llenó a ser malogrado.