Se Alza el Telón
Malkah Rabell
La muerte de Dantón en el GFCM
Para quienes no dominamos el alemán, se nos hace excesivamente incómodo admitir todos los valores de ese drama histórico concebido por un escritor genial que apenas cumplía 24 años por aquel 1837 cuando dejó de existir. A través de las páginas dolorosas y a menudo desordenadas de su obra, de sus tres teatrales: La muerte de Dantón, Leoncio y Leña, y la más famosa: Woyzeck, así como en los trozos de su novela inconclusa: Lentz cuyo protagonista es un joven poeta malogrado y enloquecido del siglo XVII, obras en cuyas páginas se puede adivinar el inicio del expresionismo alemán. Y también a través de todas esas páginas escritas como en estado delirante, poseído por la fiebre, se infiere que la muerte no fue un accidente final en esa joven existencia, sino un hecho esperado, presentido, latente en cada una de sus horas. Murió de fiebre tifoidea, no obstante ser hijo de un médico de Darnstad. Fue predestinado a una muerte prematura, y como muchos predestinados a tai fin se distinguía desde muy joven por valores excepcionales.
Su primera obra dramática: La muerte de Danton, aunque no logró producir la misma conmoción que Woyzzeck, posee trozos soberbios, que leídos provocan una dolorosa tensión, un ensimismamiento profundo, pero que escuchados en el escenario se escapan a quien desconoce el idioma de Goethe. Sobre todo para quienes conocen los pormenores de la Revolución Francesa, y ansían seguir a los personajes históricos en su desenvolvimiento, en sus vivencias y en sus reacciones psíquicas ante los acontecimientos de su tiempo, resulta una auténtica tortura no entenderlos, y aún más, ni siquiera reconocerlo. En el primer acto, nos preguntábamos con desesperación: "Quién es Dantón". "Quién de todos esos seres en el escenario es uno de los creadores de la Revolución? Su parecido con Camille Desmoulins era tal que temíamos confundirlos. ¿No sería un error de la dirección escénica no haber distinguido de manera más tajante la inmensa personalidad de uno de los arquitectos de la Revolución Francesa, George Danton, para que llamará de inmediato la atención del espectador? Y vanamente buscaba yo en la representación aquella escena cuando Camille Desmoulins llega a su vez a la cárcel, nuevo preso y nuevo condenado, y uno de los antiguos reos le hecha en cara: "Ya ves, procurador general de los faroles, tus mejorías a la iluminación pública no dieron más claridad a Francia...".
La palabra "Faroles" señala desde luego el papel que le hizo jugar el populacho a los faroles cuando éstos servían para colgar a los pretendidos enemigos de la Revolución. Y ya que estamos mencionando a los faroles, se me hace que en lugar de la "Marsellesa" que entonan algunos actores que simbolizan las masas populares, se prestaba más a ser cantada la "Caramañole" que abiertamente insiste: "Tous les bourgois a la lanterne"... "Tous les bourgeois on les pendra".
Qué lástima que esta obra tan inteligente, que ya tenía resonancia a lo Romain Rolland no nos llega con toda fuerza a quienes ignoramos el alemán, o como dice el programa de mano: "El público, que no domine la lengua alemana se perderá el resplandor relampagueante del verbo buchnereano, su poder lingüístico, el deslumbramiento de sus metáforas". Sin embargo logramos captar en el último discurso de Danton antes de ser llevado a la guillotina, su deseo suicida de morir, que acepta la muerte por cansancio, agotado por la estéril lucha, lo que es un hecho histórico. Pero también nos damos cuenta que el desfile demasiado caleidoscópico de los personajes, no permite un diseño más firme de ninguno de ellos.
No sabría hacer un paralelo entre la dirección de escena de Roberto Ciulli y otros creadores, porque lamentablemente no he visto ninguna otra mise-en-escene. No obstante hemos de aplaudir ciertas escenas que me parecieron originales y excelentemente resueltas, como son los episodios callejeros, simbolizados por dos o tres actores. En cuanto a las figuras femeninas me parecierons las mejores de toda la representación, las mujeres populares. En cuanto a Hannes Hellmann como el protagonista, Dantón, sobre todo llegó a emocionar en su último discurso, donde da libre vuelo a todo su temperamento dramático.