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Se Alza el Telón

Malkah Rabell

La tarea cumple 100 funciones

No tuve la oportunidad de presenciar esta obra de Jaime Humberto Hermosillo —quien también fue su director de escena—ni en su tiempo de proyección cinematográfica, ni tampoco durante sus primeros meses de presentación teatral, en el teatro Galeón. Recién cuando se anunció sus 100 funciones fue cuando me llegó una invitación, que desde luego aproveché de inmediato. Se trata de una obra de la cual se habló y se sigue hablando mucho, pero sorpresivamente casi no se dice nada. Y quienes la fuimos a ver por primera vez estábamos en la total ignorancia tanto de su argumento como de sus demás valores.

Y cuanta no fue mi sorpresa cuando me encontré frente a un texto que parecía escrito por un principiante, sin valores literarios ni papeles creativos. Además ni siquiera escrita para el escenario teatral, sino, tal vez para la pantalla, que exige otros valores. Y en realidad ni se trataba de una obra dramática, sino de un "sketch" para más o menos cuarenta minutos de actuación. Ni siquiera para una carpa, sino para ciertas cosas más fáciles de contentar. La tarea, sin miedo ni falsas vergüenzas daba libre vuelo a sus rasgos pornográficos.

Y el público que llenaba la sala del Galeón en esa noche festiva de las cien representaciones, deliraba de entusiasmo, de alegría y de sentimiento de coparticipación con los actores, que sólo eran dos: María Rojo y Ari Telch; una actriz ya de muchas tablas y un muy joven intérprete, que sin embargo lograba imponerse.

Tantas risas, tanta admiración y complicidad abierta o solapada, no pudo menos que llamarme la atención. ¿Por qué tanta entrega del público, a una obrita de 40 minutos, que realmente no contiene nada fuera de un desnudo masculino y un semidesnudo femenino, además de su descabellada historia de una "tarea" encomendada a la protagonista —¿por quiénes?— de ofrecer una historia fotografiada de una actividad digna de atraer la atención y de divertir al gran público. La primera figura femenina se halla convencida que nada mejor podrá cumplir con su cometido que fotografiar un acto sexual. Desde luego, emprende su "tarea" engañando a su compañero, quien sin embargo descubre casi de inmediato el engaño, y si en un principio se indignó, después de reflexionar acepta el proyecto con entusiasmo... Y punto final.

¿Por qué tanto entusiasmo del público? Es cierto que el "espectáculo" (se puede en realidad llamarlo "espectáculo") no aburre, es rápido y ágil, realizado con un sentido del humor bastante grueso, pero para la mayoría muy chistoso. Pero no creo que ello sea el auténtico motivo de tanta aceptación, de tanta risa y tanto agrado. El auditorio parecía comer helado con crema de chocolate. ¿Cuál es entonces el misterio de tanta felicidad, cuál es su fondo? Ese secreto me mantuvo varios días intrigada.

Por fin llegué a la conclusión que todo ello es en realidad la expresión de una rebeldía tal vez inconsciente. Un público que ha tenido una infancia encerrada en dogmas religiosos, encauzado en el odio y la prohibición del sexo, y más de uno ha sido castigado severamente por mirar por el ojo de la cerradura del dormitorio de sus padres, de repente se rebelan. Ha descubierto el engaño de todas las prohibiciones, de las arengas de sus propios padres y de los Padres de la Iglesia. Y he aquí que todo el castigo infernal cae en pedazos, hecho polvo. ¡No es nada, fuera de algunos chistes y un poco de desnudez! Todos aquellos a quienes la infancia perseguía, porque como dice el psiquiatra doctor Santiago Ramírez: "Infancia es destino", se pusieron a carcajear. ¿Dónde está el castigo? ¿Dónde el infierno y las llamas? ¡Nada! ¡No hay nada!

Y mientras tanto, ¿qué hacían los intérpretes en el escenario? María Rojo que se inició en el arte teatral desde niña, bajo la batuta de Enrique Alonso, ya está bastante familiarizada con las dificultades teatrales, como para no espantarse de nada. Y caso extraño, ella no anda desnuda, sino semivestida. Existe en muchos teatros la severa regla, de que el actor ya de prestigio no se quita la ropa. Para tales papeles se buscan los principiantes, dispuestos a todo para abrirse camino. Lo pudieron observar en la puesta en escena de Sexualidades de Nancy Cárdenas, cuando en la misma escena el joven actor que se inicia salió desnudo, y en cambio Raymundo Capetillo que goza de prestigio salió en short. Por fortuna el muy joven actor Ari Telch demostró bastante capacidad y preparación como para seguir su ascenso sin necesidad de concesiones.

En ese espectáculo de La tarea lo que se llama especialmente la atención fue la escenografía de Alejandro Luna con su laboriosa semejanza con una azotea que baja a una supuesta planta inferior, de plano demasiado importante para una representación tan simple.

En resumen, me imagino que la obra tiene en perspectiva una larga vida, y es de las muy pocas representaciones en la capital que en esta época de crisis atrae un público numeroso y permanente.