Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Un puñado de títulos de obras teatrales
México, el D.F. ya no es tan sólo la ciudad más habitada, más densamente poblada del mundo, es también quizá la urbe donde más espectáculos se ofrecen en determinadas noches de la semana. Una ciudad donde se calcula que existen 80 compañías o grupos, y son 80 espectáculos que se presentan los domingos cuando se supone que todos los teatristas funcionan.
Mi deber es juzgar todas las obras teatrales que se presentan en la capital. Lo que es absolutamente imposible. ¿Cómo se puede en el transcurso de una semana asistir a 80 representaciones que se ofrecen a la misma hora? ;Ay! los bellos tiempos cuando la capital contaba una media docena de teatros, y cuando una representación considerada de calidad era visitada por toda la ciudad, o por lo menos por el "Tout Mexique". Toda la ciudad hablaba de ella.
Actualmente imposible ver lo mejor, porque nadie sabe qué es lo óptimo, y qué es lo pésimo. Un crítico pregunta a otro: "¿Qué viste?" Y nadie conoce la respuesta. Cuando nos dirigimos a un estreno vamos como a un juego del azar. Y mucho de lo que vemos es lamentablemente malo. No hay bastantes buenos actores para tanto escenario, ni bastantes obras, ni directores, y sobre todo no hay bastante público para llenar tantas salas.
Bernard Shaw dijo una vez con su inimitable sentido del humo: "¿Cómo quieren que una persona que ha de asistir noche tras noche al teatro, pueda aguantarlo? Desde luego terminan por odiar los espectáculos. Y por ello tenemos tantos críticos que son nuestros peores enemigos".
Y por primera vez en mi vida dejé de escribir sobre numerosas representaciones a las cuales asistí. No me alcanza el tiempo para hacerlo, ni tampoco me alcanzan las fuerzas físicas... Y he aquí que me di cuenta que el número de obras que vi y dejé de juzgar crece y crece. Y he decidido de escribir aunque sea brevemente sobre algunas de ellas que más me han gustado.
Sangre de mi sangre: drama y puesta en escena que han gustado por lo general a todos. Obra de Tomás Urtusástegui quien pese a ser recién llegado a las filas de la dramaturgia mexicana, ya tiene 70 obras en su haber. Lo que es demasiado, y no todas son de gran valor dramático. Pero las que merecen el nombre de drama o comedia, lo tienen bien ganado. En esa obra que pone en escena la autodestrucción de una familia de clase media actual, el autor tiene el valor de recurrir a una violencia y a un realismo que pocos logran. Sobre todo recurre a un gesto que temen hasta los más valientes dramaturgos: el hijo abofetea a la madre.
Y no puedo dejar de pensar que en nuestros hospitales los médicos denuncian a diario la llegada de niños víctimas de castigos físicos provocados por los padres, entre los cuales las madres no faltan. Y nadie se asusta de que un padre, y sobre todo una madre puedan cometer actos crueles contra niños carentes de defensa.
La dirección de María Muro es excelente, y lo mismo se puede decir de los cuatro protagonistas: Luis Rabago como el padre, Luisa Huerta como la madre; Rita Guerrero y Humberto Silva en los papeles de los hijos menores de edad dan el tono y el ritmo de una extrema juventud, muchachos bastante indisciplinados y exentos de respeto para sus progenitores, aunque estos últimos no sean muy merecedores de esos rasgos que exige la biblia a los hijos.
Rosa de dos aromas: Comedia en un acto de Emilio Carballido que desde seis años ocupa la cartelera, y que actualmente se presenta en el teatro Lomas Verdes, con la actuación reciente de Kitty de Hoyos, que acaba de reemplazar a la anterior actriz al lado de Ana Bertha Espín. Esa comedia ha merecido una longevidad como ninguna otra obra del mismo dramaturgo tan amado por el público. Tal vez su especial atracción consiste en que pone en escena a dos mujeres cuya historia refleja un estado de cosas bastante frecuente entre la población femenina de México, y aunque las reacciones de esas dos mujeres son bastante parecidas a las de otras de su mismo sexo, terminan por reaccionar de un modo completamente inesperado.
El público no deja de divertirse desde la primera hasta la última escena. No solamente por el texto, sino también por la excelente actuación de las dos protagonistas. Y aunque no se anuncia al director de escena cada una de esas dos actrices crea un carácter distinto. Sobre todo nos admiró Kitty de Hoyos para quien la representación resultaba un estreno, y quien interpretaba un papel de mujer simplona y populachera, al cual se entregó sin preocuparse por su físico, con una gracia cómica que conquistó al público.
Piel de cemento: Se trata de un monólogo, que no es precisamente mi género preferido. Tampoco lo es del director, Lorenzo de Rodas, que declara en el programa de mano: "En mi larga carrera profesional he rehuido los monólogos, y Piel de cemento me atrapó. Lo hizo porque más que una pieza es un estudio profundo y serio del mexicano de determinado estrato socioeconómico. Y sin embargo cualquiera de nosotros independientemente de nuestras raíces nos identificamos con ese múltiple personaje por sus antecedentes".
El monólogo pertenece a una joven autora, Ana María Vázquez, y el único papel lo interpreta un muy joven actor: Bruno Bichir.Tal vez ambos sean todavía demasiado jóvenes para llenar las exigencias de un monólogo, que pide tanto a la autora como al intérprete una madurez y una especial capacidad creativa. Y según mi manera de concebir sus dos áreas artísticas, ninguno de los dos responsables da el ancho. En primer término el monólogo es demasiado largo y cansa al espectador por lo terriblemente repetitivo de los parlamentos. El protagonista que ha de estar drogado y embriagado no siempre se da a entender más que la dirección de Lorenzo de Rodas tuvo, el joven actor no pudo darle todas las fuerzas dramáticas exigidas por las dos horas de duración del acto.