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Se Alza el Telón   

Malkah Rabell

La primera comedia del año

Se estrenó el 3 de enero del nuevo año 1992, mientras en la mayoría de otros teatros todavía se presentaban las pastorelas, y no pocas salas aún permanecían cerradas. Se estrenó no en un lugar profesional construido para obras teatrales, sino en el lugar que debería ser el más adecuado para el arte hablado: entre libros, en una librería que todo el mundo que sabe leer conoce en el DF: la Gandhi, en su pequeño foro que lleva el mismo nombre de la librería: Foro Gandhi. Y desde luego nos esperábamos a algo de la misma calidad de los libros. Pero ;ay!, qué desencanto, aunque no debía sorprendernos. Una comedia que lleva el poco recomendable título: Ojos que no ven, cornudo que no siente. ¿Qué otra cosa pudimos esperar de semejante título, sino una frivolidad?

La comedia es el género más difícil para el actor. El drama, y sobre todo el melodrama pueden enseñarse a un aficionado que tiene muy pocos conocimientos dramáticos. En especial cuando los ensayos se hallan en manos de un director idóneo. Mas, cuando de una comedia se trata, no basta la habilidad de un metteur en scene. El actor debe tener en su alma y en su cuerpo, y en cada uno de sus huesos, la ductilidad, la ligereza, la alegría y el desenfado de un auténtico actor de comedia. No precisamente de un comediante, de un cómico, que a menudo no es más que un bufón, sino de un intérprete de comedia que sepa llevar con gracia ligera el pesado bagaje de la comediografía. No se le exige los conocimientos del canto y del baile como el intérprete de la opereta. Pero sí debe poseer la ligereza én el decir un chiste, y la naturalidad en una escena cómica. Al presenciar esa comedia de Roberto Erdos, me estuve preguntando cómo se hubiera expresado en algunas escenas similares un Jorge Ortiz de Pinedo.

Sobre el escenario del Foro Gandhi, me parecía observar a un grupo de jóvenes principiantes, de muy buena voluntad, pero de muy poco oficio. Esos pseudo profesionales estaban indudablemente muy disciplinados, con textos memorizados a la perfección. Pero nada más. No había alma que los movía. Todo era mecánico, puesto en movimiento como por una

máquina y realizado con la rapidez de un motor. Ni ellos dominaban al público, ni éste los dominaba a ellos. Eran jóvenes que estaban aprendiendo un oficio, pero no un arte.

¿Y la obra de Roberto Erdos? Bueno, era la eterna historia del marido veleidoso, bastante sinvergüenza, que para tener mayor libertad en sus manejos con las mujeres ajenas, trataba de empujar a la suya en brazos extraños... Y terminaba por lograrlo. Entonces, empezaba el drama del marido celoso y arrepentido: ¡Demasiado tarde.. ! Había en todo ello una semilla de dramatismo. No sé si el dramaturgo es aún muy joven y no sabe utilizar esta posibilidad de seriedad, o ya es más maduro y no quiere aprovecharla. Y la posibilidad pasa sin pena ni gloria. En cambio, al final hay un intento de introducir una nota no sólo seria sino poética.

El marido, Ernesto, interpretado por Felipe Castillo, hace lo que suelen hacer muchos actores sin mayor costumbre de la comedia: exagera y a menudo cae en la bufonería. Y sin embargo no hace reír. El narrador, Martín Gómez, incurre en un tono mecánico, y parece un robot. Está mucho mejor en el personaje cómico del italiano, que seduce a la esposa. El mejor de todos es Anacleto, el amigo estúpido que al final de cuentas queda con la mejor parte, con la muchacha más bonita y la más elegante; interpretado por Gabriel Berthier, pierde a veces el hilo de sus parlamentos como poseído por una auténtica emoción de hallarse en un escenario. En cuanto a la amiga seductora lo interpreta Claudia del Bosque que tiene bastante materia prima como para imponerse como actriz deritro de unos años no lejanos. A su vez la esposa, Angélica Lanzelotti, ya pasa de la edad de una esposa inocente y se consuela con un amante italiano, que como todo el mundo sabe son los seductores más atractivos.

No es la comedia que se espera de actores jóvenes e inexpertos, ni tampoco la esperábamos encontrar en una institución como una librería. Es más bien material para actores profesionales para un teatro comercial.