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Se Alza el Telón

 

Malkah Rabell

Ante varias esfinges en su triunfal camino

 

Hace unas semanas, o tal vez unos meses, cuando asistí al estreno de Ante varias esfinges, mi primera impresión al cabo de algunas escenas fue de una notoria influencia chejoviana que dominaba en el escenario. Y semejante sentimiento se hacia cada vez más fuerte a medida que transcurría el espectáculo. Al día siguiente empecé a visitar diversas librerías en busca del original de Ante varias esfinges del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia nacido en 1926 y fallecido hace algunos años en un accidente de aviación en España. ¡Vanamente! Tal vez esta obra dramática nunca había aparecido en letras de molde. Y decidí esperar para conseguir el manuscrito y darme cuente si esa influencia se debía al dramaturgo —(de quien Rafael Solana decía al compararlo con otros escritores mexicanos de la misma época, de que era: "más fresco, más espontáneo, menos esclavo de una moda, más natural") o a la sensibilidad del director de escena, Ludwik Margules.

Hace unos días volví a la Casa de la Paz, donde la obra de Ibargüengoitia continua su triunfal camino, y ¡Oh, milagro! toda esa influencia moscovita había desaparecido. ¿Era un cambio que se produjo en mí, o en el escenario? Creo que la fuerte personalidad nacional de los protagonistas borró, casi involuntariamente, toda influencia ajena.

Y otra vez nos encontrábamos ante el Ibargüengoitia tan personal, ante el autor de comedias dramáticas como Susana y los hombres, El viaje superficial, y Clotilde en su casa, con todas sus virtudes y sus defectos, con todos sus rasgos personales, con su sentido del humor tan cáustico, con su mirada melancólica y sin mucha esperanza en el porvenir.

Aunque Ante varias esfinges es la historia de una familia, lo que más bien importa al dramaturgo como al espectador son los caracateres de cada uno de sus miembros: el padre, Marcos, que en ese invierno de 1954, no se sabe muy bien en qué ciudad, espera su muerte que se acerca a pasos veloces, y que en la interpretación tan natural, tan sin esfuerzo, o como sin esfuerzo, de Augusto Benedico surge como un personaje extraño, sin amor y sin ternura para nadie, indiferente a la suerte futura de todos los "suyos" —palabra que se hace difícil de admitir en ese hombre frío y egoista—, pero cuyo egoismo en las transposiciones del autor, se hacen casi cómico, y que Benedico logra transmitir con un humor muy peculiar. A su lado Aurora Molina como la esposa y la madre de varios hijos ya maduros y como abuela de los de la nueva generación, también ella se desempeña con una increíble naturalidad, es como si el papel se le fuera pagando a los huesos.

De los diez intérpretes, actuados por su conjunto disciplinado y espléndidamente sometidos a sus multifacéticos caracteres por la mano del director, resulta tal vez inconveniente citar sus acciones argumentales, y sólo citaremos los nombres de los actores que los realizan: Dolores Beristein, Silvia Mariscal, Luis Rábado. Luisa Huerta, Alvaro Guerrero, Carlos Mendoza, Laura Almola y Sonia Linares. Es extraño como Ludwik Margules, sin tomar en consideración el físico de sus protagonistas, los adaptó a las necesidades de sus papeles. Un conjunto de actores que logró crear una gama multifacética de vivencias, desde ese personaje endemoniado de Tere (Laura Almela) que para divertirse y pasar el tiempo se dedica a conquistar cuantos hombres se le ponen enfrente, sin importarle su posición san-guinea en la familia; un carácter que estuvo muy de moda y se consideraba original y audaz en los años entre ambas guerras; hasta Rosa (Luisa Huerta), excelente actriz, que pese al carácter serio de sus habituales interpretaciones supo darle un tono deliciosamente cómico a su papel de esposa estupida. Todo ese conjunto de actores, que bajo la férrea batuta de Ludwik Margules impusieron el triunfo de la obra.

Otro de los elementos que no se debe olvidar es la escenografía y la iluminación de Teresa Uribe, que realizó —¿por inspiración del drama o por el consejo del director?— una especie de jaula de vidrio donde viven presos tanto de si mismos como de su ambiente esos diez personajes.

No es frecuente, nada frecuente enfrentarse a un espectáculo, a una representación que reúne drama y comedia hábilmente entretejidos, inteligentemente presentados en su forma dramática y literaria, de tono tan mexicano y a la vez universal, excelentemente dirigida y no menos excelentemente interpretada por un conjunto de actores verdaderamente profesionales. Representación que no en vano se considera una de las mejores en la cartelera de nuestra inmensa capital.