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Se Alza el Telón

Malkah Rabell

Cuando la radio conmovió a México

Título sugestivo, secreto, prometedor de multiples descubrimientos de una época ya lejana. Lamentablemente el valor de ese espectáculo representado en el teatro Diego Rivera, debido al texto y a la dirección de Salvador Garcini, se queda en el título.

He conocido a Garcini ya hace bastantes años, no recuerdo exactamente cuántos, cuando él era muy, muy joven, y apenas se iniciaba en la dirección teatral. La primera obra que le ví montada fue una puesta en escena de Jean Genet, cuyo nombre no recuerdo en el teatro de la Casa del Lago. Nos encontrábamos en una extremadamente fría noche de invierno, y en las múltiples áreas de la Casa del Lago, convertidas en escenarios, había varios desnudos ya encima de una mesa cubierta de flores, ya encima de un sofá. Y aunque los desnudos no eran mis imágenes preferidas, llegué a considerar a Garcini como un joven muy prometedor en su actividad directiva. Pero, no puedo decir lo mismo de su realización de esa Radio que conmovió a México, con sus muchachas que cantan las viejas canciones: "palmolívese, embellézcase..." canciones de propaganda que tantas veces hemos oído en el pasado con toda su pegajosa estupidez; y con sus novelistas que a tantos vecinos encantaban, en tanto desesperaban a otros; tiempos cuando alguna inquilina le gritaba a otra por la ventana: "comadrita, ponga un poco más alto la radio, para que también nosotros podamos oir la historia...". Así que no a todos conmovió la radio. A muchos nos destrozó los nervios. Pero eso sí, tal como hoy en todas las partes de las ciudades y de las aldeas encontramos televisores, así en todas partes había radios.

No hay nada más terrible que trabajar en un escenario sin un libreto bien escrito. Nada más caótico que las pretendidas colaboraciones, que el trabajo literario "colectivo". Y esa representación De la radio que conmovió a México, que en realidad para ser auténtica debe ser un espectáculo para el oído, sólo de la voz, en tanto las danzas, los brincos, y las escenas cómicas en vivo, nada tienen que ver y nos parecen bastante pobres, y hasta insoportables. El texto, o el libreto que anunciaba a Garcini como autor, no tenía ni pies ni cabeza, ni una línea directiva determinada. Todo parecía improvisado. Más bien se antojaba como los entretelones de una telenovela, donde se representa un espectáculo visual.

A veces nos divertíamos con la música, las canciones y hasta con los anuncios, cuya adaptación musical original y cuyos arreglos y dirección se debió a Jorge Ruiz Juvera. En cambio, Salvador Garcini, no sólo autor y director sino actor, y como tal pésimo, parecía que se dedicaba a aumentar el caos.

Los jóvenes actores, que eran la mayoría, y desde luego pertenecían a la nueva generación, me resultaban completamente desconocidos. Algunos trataban de imitar a los antiguos ídolos de la radio, como Miroslava o Mayagoitia —o bien otros que no conozco— a quienes interpretaban dos jóvenes comediantes: Elizabeth Arciniegas y Edy Arellanos. De los demás actores sólo me era conocido Ernesto Yáñez.

Desde luego no soy la impresaria para dar consejos sobre cuales deben ser los cambios para transformar este espectáculo en algo más consistente. Pero, seguramente un autor especializado en radios, tendría las ideas necesarias para dar, para lograr una imagen de la verdadera radio que conmovió a México y que debió ser en su época tan revolucionario como unas décadas más tarde la televisión. Sea como sea me parece que tanto un libreto como un espectáculo de los principios de la radio debió estar en las manos de personas que habían conocido ese ambiente, sus necesidades y sus reales expresiones de una representación basada en palabras, en sonidos.

Agreguemos tan sólo que el espectáculo ha sido creado como un homenaje de la radio, no sé si en México, o en el mundo entero. De todos modos debían agregar a la lista de los intérpretes los nombres de esos innovadores, así como las fechas correspondientes, para que por lo menos la representación sirviera para algo. Más que divertir, para enseñar algunos datos históricos en lugar de quedarse en el vacío.