diorama teatral
los novios
de la torre
por mara reyes
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Casa del Lago. Autor, Jean Cocteau.
Dirección, Adam Guevara. Escenografía, Carmen Parra. Música, Alicia Urreta. Reparto: Lilia Aragón, Ana Ofelia Murguía, Patricio
Castillo, Fernando Becerril, Marta Aura, Selma Beraud,
Ramón Barragán y Luis María Olmedo.
Jean Cocteau estrenó
este divertimento poético hace la friolera de cuarenta y siete años (el 18 de
junio de 1921) y hoy, en México, en junio de 1968 sigue siendo una obra
moderna, “vanguardista”, y sigue conservando la frescura de su humorismo. Si la
definición que hizo de esta obra el señor Bidou -el único crítico que la comprendió, según
confesión del propio Cocteau- de ser una “construcción
de ingenio” correspondió al texto, también hoy podríamos aplicar esta
definición a la dirección escénica que de ella hizo Adam Guevara, pues el espectáculo
íntegro, incluyendo texto, dirección, escenografía, música, actuación, todo en
conjunto, es una positiva “construcción de ingenio”.
Este director de la joven generación toma
la idea de Cocteau y la desenvuelve con la facilidad
de quien conoce todos los hilos conductores dentro del laberinto. Desdobla a
los dos únicos personajes parlantes de la obra, el Fono l° y el Fono 2°, y presta sus parlamentos a los demás personajes, haciendo que
conserven sólo aquellas líneas de índole narrativa. De manera que los dos narradores
pierden toda rigidez y se trasmiten las palabras y las acciones de uno a otro, dando
a la obra una enorme elasticidad.
Adam Guevara, Alicia Urreta,
Carmen Parra y el conjunto de actores, han logrado lo que Cocteau se propuso:
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la poesía teatral (no la poesía en el teatro), la reivindicación del lugar
común y la pureza del ridículo como destronadoras de
las falsas sublimidades.
Aquello que dijo Cocteau sobre que “el secreto del teatro, que necesita el triunfo rápido, es tender una
trampa, gracias a la cual una parte de la sala se divierte en la puerta, para
que la otra parte pueda situarse en el interior”, fue comprendido a pie
juntillas por cada uno de los integrantes de esta representación extraordinaria,
que lo mismo halagará a los que nada exigen, como a los que exigen todo.
Otro hallazgo, además plenamente cimentado
en esa “poesía y milagros de la vida cotidiana” con que Cocteau se refiere a su obra, fue la utilización de instrumentos musicales
rudimentarios de que se sirven los actores para ejecutar las marchas y cuadrillas,
así como el empleo de dos globos para musicar [sic] una de las danzas, son otra “construcción
de ingenio” que hay que agradecer a Alicia Urreta.
Y como esos, mil y un aciertos más, que
hacen del humorismo una gema del arte y del teatro una puerta abierta al
infinito. Como infinita es esa cámara del fotógrafo que expele leones e ingiere
avestruces, de la que brotan bañistas y se traga espejismos.
Los actores: Lilia Aragón, Selma Beraud, Ramón Barragán (los tres forman parte de la
Compañía de Teatro Universitario), Ana Ofelia Murguía, Patricio Castillo,
Fernando Becerril, Marta Aura y Luis María Olmedo, forman un equipo homogéneo
que domina la técnica de interpretación y que alcanza un nivel de expresión artística
ejemplar.
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