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Se Alza el Telón

Malkah Rabell

De Leticia y Amoricia a Denise Stoklos

 

¿Cuál es el lazo que une ese binomio? ¿Cuál es la razón que me hace yuxtaponer esos dos nombres? Pues, ningún lazo, ninguna razón, salvo que he visto actuar a Silvia Pinal en Leticia y Amoricia —que designa a una sola persona— y a la brasileña Denise Stoklos en María Estuardo, en dos noches seguidas. Y Denise Stoklos hizo tantas locuras, tantas novedosas invenciones, tantas inesperadas triquiñueñas, que se me antojó también recurrir a un absurdo: juntar dos nombres que nada tienen en común. Salvo... tal vez... que las dos estrellas, la mexicana y la brasileña, recurren para crear sus respectivos espectáculos al nombre de las dos reinas europeas: Isabel I de Inglaterra y María Estuardo de Escocia.

A decir verdad, Denise Stoklos con su tremenda sobreactuación en la cual interviene el arte del mimo, del clown y de la show woman se encuentra a una kilométrica distancia de su colega mexicana en ese papel de la edecana inglesa paseando a un grupo de turistas en un museo improvisado en la mansión de alguna célebre familia inglesa. A Silvia Pinal ya la conocemos y sabemos que es una excelente actriz, sobre todo en obras musicales donde puede dar libre vuelo a su temperamento de bailarina y cantante así como a su humor cómico. En esa comedia de Peter Shaffer: Leticia y Amoricia, al lado de otra espléndida actriz, María Teresa Rivas, ambas intérpretes hicieron un mano a mano sin fallas, que dio a Silvia Pinal, sobre todo en el tercer acto, la posibilidad de dar libre vuelo a la imaginación del personaje y a su propio temperamento. Lo que salvaba toda la comedia de la sequedad de los dos primeros actos.

Denise Stoklos en cambio me resultaba desconocida, aunque me imagino que en su país debe ser una estrella en pleno brillo. SI bien en un principio me molestaban sobremanera sus exageraciones, su sobreactuación que a veces llegaba a lo insoportable con su morderse las uñas y rascarse todas las partes anatómicas, de pronto me di cuenta que la actriz buscaba crear un teatro nuevo, un arte interpretativo original. Y no tenla que buscar mucho, ni siquiera tenía que inventarlo, parecía salírsele del cuerpo como el humo de una taza caliente de agua.

El monólogo de Denise Stoklos se componía de tres personajes: la Reina de Inglaterra, Isabel I, la Reina de Escocia, María Estuardo y la propia intérprete, la actriz brasileña, que intervenía como una especie de coordinadora entre el pasado y el presente; entre el pasado y el porvenir. Sus interpretaciones políticas del presente nos acercaban a la interpretación de las dos reinas que no dejaban de ser figuras políticas de su época. Estos acercamientos de las dos épocas entusiasmaban al público, en su mayoría juvenil que asistía esa noche en el "Jiménez Rueda".

La intérprete ofrecía su monólogo en algún idioma que se suponía el español, y que pese a todas sus rarezas nos ayudaba a comprender la representación, y despertaba no pocas carcajadas, sobre todo de origen político. En un principio las risas me parecían debidas a una "claque" de origen brasileño. Mas, al paso del espectáculo, cuando al finalizar todo el público, de pie, aplaudía con un desatado entusiasmo, comprendí el origen de esas reacciones. Se entregaban sobre todo a lo novedoso, a lo inesperado. Como en su tiempo, hace unos veinte o treinta años, le fue brindado a Gurrola cuanto introdujo el Teatro del Absurdo con el estreno de La cantante calva de Ionesco. Y de pronto me di cuenta a qué punto nuestro público se encuentra hastiado, cansado del teatro tradicional, harto de las clásicas y envejecidas formas, deseoso de cosas nuevas, inesperadas, originales, que mezclen lo teatral con la pantomina, con el circo, con la música de ópera, y el drama con la comedia, como lo hace constantemente Denise Stoklos.