¿Qué pasa con el teatro en México?
Malkah Rabell
¿Qué pasa con el teatro en México? Esta interrogación parece tener un tono algo drámatico, como si realmente al arte teatral le sucediera una grave desgracia. ¿Veamos si es cierto? Se me hace que el teatro es un reflejo del país y hasta de la ciudad donde se desarrolla. Y también México ha de sufrir durante las épocas de hambruna, y ha de gozar en las épocas de bonanza.
Creo que nuestro teatro es como nuestra ciudad. Hace cincuenta años cuando la capital mexicana contaba con un millón de habitantes, existían en el D.F. tres teatros. Si no mal recuerdo, había dos de revista, y el tercero el Virginia Fábregas que casi siempre se hallaba ocupado por María Tereza Montoya. Por igual que la ciudad pequeña tenia sus ventajas y sus desventajas. Lo mismo le sucedía al teatro... Antaño podíamos hacer facilmente lunadas en el campo, y en el teatro podíamos conocer todo el repertorio de María Tereza Montoya en una sola temporada.
Hoy cuando la ciudad cuenta con 20 millones de habitantes, y es la urbe más habitada del mundo, es casi, casi natural que nuestra capital tenga 70 salas de espectáculos. Pero he aquí que cada fin de semana se ofrecen más de ochenta representaciones, y a veces hasta cien, estiman faltan salas. Ya cuando en 1976 durante una entrevista a Héctor Mendoza le pregunté cuántas salas de espectáculos hay en la capital, me respondió que no lo sabía, pero que se necesitan mucho más. "Las salas que existen en México son insuficientes —me explicó—. No sabe usted la cantidad de solicitudes, incluso de tipo comercial que me llegan. El más solicitado es el de Los Arcos de caracol, por su ubicación.
Pues esta dificultad sigue vigente, pero en mucho mayor proporción. Nos faltan salas y se recurre a los más inverosímiles lugares para actuar; a casas particulares, a sótanos, a habitaciones de hoteles, a escuelas, a bares, a salitas desde mucho abandonas en el cuarto piso. Sobre todo son usadas casas particulares, y lo que antaño sirvió a familias pudientes para divertirse con sus amigos poniendo en escena obras de aficionados, actualmente se transforman en teatros profesionales.
Y uno se pregunta: ¿Por qué con tanto movimiento teatral existe no obstante tanta desocupación en el medio teatrista. Actores, directores, escenógrafos, buscan vanamente trabajo, y muchos de ellos se dedican a dar clase de actuación o van a provincia a montar algún espectáculo. A menudo nos preguntamos dónde están nuestros directores más admirados que hace 20 años eran la vanguardia; donde están muchas de nuestras primeras figuras de la interpretación dónde nuestros magníficos escenógrafos que eran el orgullo de México.
Desde luego, es la nueva generación que entra victoriosamente a la arena de la lucha. Y como siempre sucede en esos casos, muchísimos de nuestros directores, de nuestros intérpretes, de nuestros escenógrafos, van desapareciendo, ceden sus lugares a los nuevos, a los recién llegados. Es la ley de la vida. El que ayer fue el victorioso, hoy debe ceder su lugar a los nuevos. Lo malo es que esos nuevos, los recién llegados se dispersan. Faltan esas manos de hierro que sepan reunir y formar compañías nuevas, originales. En lugar de reunir sus fuerzas, vemos aquí dos, allá tres jóvenes actores que tratan de hacer su lucha aislados, pequeños grupos que aún no dominan el oficio aunque, acá y allá surgen jóvenes con auténticos talentos, tanto en la interpretación como en la dirección y en la escenografía, y hasta en la dramaturgia, que hace apenas unos años nos dio tanta esperanza de crear un nuevo boom
en el repertorio mexicano y que de repente en 1990, desapareció como tragado por un misterioso oleaje.
Y esta falta de unión, y tal vez la falta de comprensión para buscar apoyo en sus compañeros de mayor edad y de mayor experiencia hace que el público busque el nombre y la presencia de cradores ya conocidos y provoca que la cantidad sea mayor que la calidad.
Este es el primer fenómeno: Cantidad más que calidad, que responde al interrogante de ¿"Qué pasa con el teatro en México"?.
A decir verdad no debe sorprendernos. Se nota la falta de grandes artistas, de grandes políticos, de grandes escritores también en el mundo entero. Al iniciarse la segunda guerra mundial, se pudo observar la presencia de grandes personajes a la cabeza de casi todos los países, tanto entre los aliados como entre el enemigo. Había en sendos paises figuras como Roosevelt, Churchill, de Gaulle, Stalin, Tito y hasta Hitler era un extraño fenómeno. Hoy, cuando hace unas semanas estuvimos a punto de enfrentar una tercera contienda universal, nos dimos cuenta que a la cabeza de cada gobierno sólo se encontraban mediocridades.
¿Y he aquí una segunda respuesta a la pregunta del presente acto: Nuestra nueva generación de teatristas No Tiene Lideres.
Pero hay una tercera dificultad que a todos nos interesa: ¿Como vive en nuestro tiempo el ACTOR? ¿Qué pasa con el actor contemporáneo en México?
Sucede que en México no existe, fuera de la Compañía Nacional, otro teatro permanente o de "Repertorio", ni siquiera un teatro de esa índole entre los experimentales. En la mayoría de los casos las empresas se forman para una determinada obra, y los actores están contratados sólo para esa puesta en escena. ¿Cuáles son los resultados? Mientras un actor representa en una sala, ya ensaya en otra, la obra siguiente, por lo general estrena antes de que la anterior puesta en escena en la cual participaba, bajara de la cartelera. Lo que obliga al comediante a abandonar su compañía en plena temporada y a veces en pleno éxito. Recordemos al reciente caso de Zurita con El Sr. Butterfly... Pero, hay cosas aún más graves, de pronto le llegan dos ofrecimientos a la vez. Se decide por uno y rechaza el otro. Y resulta que la compañía que eligió nunca estrena, después de ensayos.
Casi no hay en México actores que trabajan permanentemente. Se les reprocha de que abandonan una obra importante en el teatro por un doblaje, por un papelito en el cine, en la radio o en la televisión. Pero es natural, ante el peligro de quedarse sin trabajo se agarran a todo lo que que presenta. Por lo general el actor se ve obligado a vivir de otra profesión, sobre todo los jóvenes. Muchos actores ensayan de noche, cuando ya todos quedan libres de sus otras actividades. Nada más dañino para la interpretación, la dirección y todo el espectáculo.
Otra pregunta: ¿De dónde surgen tantos nuevos actores, directores y hasta escenógrafos y músicos? Suponemos que deben ser productos de la multitud de recién nacidas escuelas de actuación.
Y una ultima interrogante: ¿De qué fuentes salen los mecios económicos que sostienen ese enloquecedor movimiento teatrista?. Y para esa pregunta que resulta la más importante en esa época de crisis, no tengo respuesta.
Tal vez, sólo tal vez, unos jóvenes productores no encuentran en qué colocar su capital. ya que el banco rinde muy pocos intereres actualmente, y piensan que el teatro puede ser una buena inversión. Más, en México, donde el teatro parece atravesar un periodo de oro, en realidad no es Oro todo lo que brilla, y nuestro teatro tiene no pocos problemas en esta conflictiva época.
Pero, en un país que de tres teatros hace apenas cincuenta años, pudo llegar a contar 70 salas 80 compañías y grupos que actúan en los lugares más increíbles, este país camina, vive y busca nuevos rumbos. Y quien camina, vive y busca tiene todo el porvenir ante sí.
Texto leído el pasado fin de semana dentro del ciclo y 25 años después...¿Qué pasa con el teatro en México?, organizado por la UNAM.