Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Dos obras de teatro independiente
En la densa marea de representaciones teatrales que hubo en México en los últimos años, teatros en su mayoría profesionales, el movimiento de los foros independientes desapareció, parecía olvidado, ignorado por el público mayoritario. Una "Muestra de Teatro Independiente", la cuarta de esa clase, que se lleva a cabo en el local de "Contigo... América", y que se inició el 25 de enero para clausurarse a fines de febrero, nos devuelve las familiares siluetas de un movimiento que buscó durante años una estética personal y una ética de vanguardia.
Tuve la oportunidad de presenciar en una sola semana dos puestas en escena de ese movimiento: una en la "Muestra", Prometeo, representada por el "Taller de la Comunidad"; y la otra en su estreno del teatro "Actores del Método", que pusieron en escena en su propio local la obra de René Marqués: Purificación en la calle de Cristo.
Empecemos con la mención de ese Prometeo basado en el Prometeo Encadenado de Esquilo con apoyo en textos de León Felipe. Una representación que pese a no contar más que con tres intérpretes, nos sorprendió por su calidad artística, por su estética tan personal, lograda con muy pocos medios. Bajo la dirección de Juan Manuel Martínez, el Prometeo de Esquilo quedó desdoblado, lo que dió más dinamismo al texto y nos permitió seguirlo con mayor facilidad.
El argumento viene de muy lejos y según dice en la introducción a la tragedia Angel María Garibay, el Prometeo de Esquilo: "... es uno de los mitos que hallamos como fondo de las creencias de los pueblos indoerupeos aún antes de dividirse. Un dios, o semidios, compadecido de los hombres da a éstos la clave de todos los progresos. Les comunica el fuego, padre de vida y técnicas. Les enseña el principio de todos los artificios y artesanias. Los Dioses mayores lo castigan...".
Y Ángel María Garibay termina con esa espléndida facilidad por resumir los argumentos más complejos: "Este es el tema de la tragedia. Zeus manda encadenar a la roca a Prometeo. La sencillez de la trama está compensada por el lirismo maravilloso de los coros y la patética elocuencia del castigado. Es el drama acaso más famoso de Esquilo. La antigüedad cristiana creyó ver en ese episodio un atisbo de la redención y en este héroe una figura de Cristo".
En esta representación todas las figuras míticas de Esquilo están reemplezadas por una sola presencia interpretada por Juan Manuel Martínez, igualmente director, que lleva el rostro cubierto por una máscara negra como su túnica, reemplazada la máscara en la segunda parte de la obra por una especie de careta de color amarillo, de extraña forma. Su papel no tiene texto, pero sus manos empuñan los diversos instrumentos musicales que han de imitar los gemidos del encadenada o los sonidos de la naturaleza.
Los dos Prometeos, como un desdoblamiento de la misma persona, están representados por dos muy jóvenes actores, Carlos Mauricio Montes y Miguel Flores, que pese a su juventud manejan sus largos parlamentos con mucha habilidad y lirismo. Su semi desnudez los hace más frágiles y dignos de piedad. En la sala helada del teatro "Contigo... América" los torsos desprovistos de ropa de los dos jóvenes se antojan un castigo digno del suplicio de Prometeo encadenado a la roca. El espectáculo tiene una duración más o menos de dos horas, pero el tiempo se nos hizo corto.
En cuanto a la puesta en escena de Purificación en la calle de Cristo, es difícil resumirla en pocas palabras, porque se antoja carente de tema y la vida de esas tres personas, las tres hermanas, se reduce a su soledad que una de ellas eligió al perder a su novio y al encerrarse en su habitación. Si algo nos llamó la atención fue el hecho de que a las tres protagonistas las interpretaron tres hombres: Juan Zermeño, Eduardo Von y Roberto Soto. Una de "ellas" debe ser muy hermosa, lo que no sucede; la otra muy fea, lo que tampoco se realiza, en cuanto a la tercera, es una coja deforme, su interpretación fue la mejor de las tres en la actuación de Juan Zermeño. La psicología de esas tres protagonistas se desprende de su apariencia física. Y el odio y los celos de la hermana fea por la bonita no es un tema muy novedoso. El reemplazo de mujeres por hombres sorprende y no deja de molestar. Según parece este travestismo involuntario es una costumbre entre los "Actores del Método". En cada obra se elige dos repartos, uno formado en su totalidad
por mujeres, y el otro formado por actores masculinos.
Otra sorpresa fue la cantidad de público que asistió al estreno, y que logró con gran dificultad caber en el estrecho espacio de la habitación de casa particular adaptada al espectáculo: escenario y auditorio. No sé cual es el máximo de público admitido en la reducida salita, pero tal amontonamiento no deja de ser peligroso. Por fortuna el espectáculo se desarrolló sin mayores dificultades y bajo la dirección de René Pereyra despertó calurosos aplausos.