Se alza el telón
Malkah Rabell
120 mil leguas de viaje submarino en el Bellas Artes
Cuando yo era niña, en la época cuando los niños suelen leer a Julio Verne, este autor no me gustaba y nunca logré vencer mi indiferencia hacia él, por más que me hablaban de sus grandezas. En mi infancia Alejandro Dumas con sus Tres Mosqueteros" y su Monte Cristo venció completamente a Julio Verne en mi imaginación. Ahora que ya soy una señora respetable tuve que aguantar un espctáculo de más de dos horas de duración de Hugo Hiriart basado en la novela de Julio Verne: 120 mil leguas de viaje submarino en el escenario del Palacio de Bellas Artes. No dudo que hace 100 años no sólo los niños sino los adultos quedaban extasiados y embelesados ante la imaginación del autor francés. ¡Pero hoy!, cuando a diario se inventan nuevos fenómenos de los cuales ya nadie puede afirmar que no existen, ¡que no pueden existir! Porque ya todo puede existir y los hombres no sólo pueden hacer viajes submarinos, sino alcanzar la luna, y ya resulta muy difícil de extrañar a los niños actuales, aunque el adaptador Hiriart agregó a la imaginación de Julio Verne una gran cantidad de inventos personales más apropiados a nuestra época, y Julio Verne hasta se antoja excesivamente moderno, con sus conocimientos de los cohetes que van a las estrellas, y hasta parece conocer a Hussein.
Desde luego, nuestros niños que se pasan la mayor parte del tiempo ante el televisor, y a quienes ya nada sorprende ni extraña, se lo pasaron, la mañana dominguera cuando se estrenó la adaptación de Hugo Hiriart de 120 mil leguas de viaje submarino, llorando desesperadamente los más chiquitos, y platicando entre ellos los mayorcitos. En tanto yo misma hacía esfuerzos sobrehumanos para no quedarme dormida de aburrimiento.
Lo único que podía sorprender y llamar la atención era la escenografía, y ésta para el espectador actual resultaba bastante cotidiana: ¡el interior de un submarino! ¡un velero!... Nuestros niños han visto centenares de objetos voladores, marinos y submarinos en la televisión, que no existen todavía. Los escenógrafos y guionistas de cine y televisión se dedican a su invención a diario. En cambio el escenógrafo que trabajó para ese 120 mil leguas de viaje submarino, Yan Hendrix no parecía dotado de excesiva imaginación. Hugo Hiriart que ha manejado a menudo textos de la mitología griega ha sido más, mucho más misterioso y poético con ésta que con Julio Verne. La única escena realmente graciosa, que hacía reir a chicos y grandes, era cuando los viajeros del misterioso submarino recuperan su libertad y se encuentran en una isla desierta donde creen volver a la calma y a la normalidad, y de pronto se enfrentan a los habitantes salvajes del lugar.
El elenco era numeroso, pero formado en su mayoría por actores desconocidos, salvo Miguel Flores en el papel del profesor quien despertaba el interés del público, tanto por el misterio de su personaje como por sus dotes de actor. La dirección del mismo Hugo Hiriart y de Mario Espinosa no lograba darle mayor fuerza al texto. Y en cuanto al público, parecía discutir con más pasión de los gastos que semejante puesta en escena acarreaba a los responsables de la representación, que de las calidades del espectáculo.