Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Jean Anouilh, ¿traicionado?
Después de la Segunda Guerra Mundial, Jean Anouilh, uno de los representantes más destacados de la nueva generación de escritores franceses, uno de los más brillantes dramaturgos de los autores jóvenes de Francia (junto con Salacrou), recorrió como una tormenta los escenarios universales y especialmente los europeos, y como una tormenta que al calmarse se olvida pronto, ha sido rapidamente olvidado. Anouilh en las dos últimás décadas ha sido muy pocas veces puesto en escena. Un director mexicano Ariel Blanco lo acaba de rescatar del olvido con una obra casi ingnorada: Orquesta de señoritas.
Nacido en 1910, en Bordeau, cuando termina la Segunda Guerra Mundial, Anouilh ya tiene una vasta obra representada en toda clase de idiomas: L'Hermine; El baile de los ladrones; La salvaje; El viajero sin equipaje, tal vez el mejor de sus dramas; La cita de Senlis; Leocadia; Eurídice; Antígona; y por fin, en 1945; Romeo y Jeannette. Según el programa de mano, Orquesta de señoritas, fue escrita en 1947, pero en realidad casi ninguna biografía la menciona y más bien el año 1946 brilla por la creación de Medea, en tanto el 1947 se distingue por La invitación en el castillo. Me imagino que si un autor como G. Lanson juzgó necesario ignorar esa Orquesta de señoritas, es porque la consideró demasiado débil para sostener la fama de un autor del calibre de Anouilh. Y ese olvido me parece muy merecido. Nunca he visto ni lerdo alguna obra del dramaturgo francés —que durante toda su vida gozó o sufrió de la influencia de Giraudou—, con semejante falta de fuerza dramática.
El director, Ariel Blanco, juzgó apropiado transformar el sexo de las protagonistas, y vistió a un grupo de hombres con ropa femenina. Lo que además de ser de mal gusto, no agrega absolutamente nada al tambaleante valor de la obra, la que carece de esa nota poética que distingue al autor francés, quien consideraba que el teatro debía diferenciarse del pasado realismo de la vida, por su poesía. Ni siquiera encuentro en esa Orquesta de señoritas el sentido de hombre de teatro tan notable en la creación de Anouilh que lo diferenciaba de Giraudou quien siempre fue más poeta y hasta filósofo que autor dramático.
Por fortuna, la compañía que se presenta en el teatro Polyforum Siqueiros cuenta con un grupo de excelentes actores como Sergio Klainer y Roberto D'Amico, quienes aparecen en sendos papeles muy poco dignos de la capacidad de ambos. Dos papeles en los cuales resulta difícil lucirse. En realidad cualquiera de esos personajes tiene muy pocas posibilidades de lucimiento. Son papeles pálidos y poco dignos de Anouilh. Quizá el actor que más interesó al público fue Abraham Stavans en un papel más bien tragi-cómico de solterona que sólo tiene a su madre anciana como compañía. El relato que Stavans hace de esa relación madre-hija, que obliga a esta última a emplear la violencia con su progenitoria débil mental, asusta por su crudeza, pero da a Stavans la oportunidad de crear un carácter.
Tanto Juan Carlos Colombo —un hombre débil de carácter, perseguido por varias de esas señoritas— como Sergio Silva, Miguel Pizarro y Ernesto Godoy, como tres músicos de la orquesta, hacen lo que pueden para dar algo más de vivacidad al ritmo de la representación, que a menudo decae. No obstante parece que al público le gusta y se divierte con toda esa orquesta masculina vestida de mujeres, aunque el programa de mano pretende que: "la obra puede ser representada por hombres o por mujeres, indistintamente, prevaleciendo la presencia masculina para darle a la trama un cariz alternativamente dramático, sarcástico y hasta cómico". Lo que es de una pretensión algo exagerada. La obra se mantiene creo en un nivel de comedieta, y aunque se pretende que la puesta en escena nada tiené de común con el "travestismo", sí lo tiene y le da al público la oportunidad de reirse más a sus anchas, pero ante el cual no deja uno de preguntarse: ¿qué hubiera dicho Anouilh ante semejante perspectiva dramática? ¿No le hubiera considerado una traición a sus intenciones de autor? En resumen, esa Orquesta de señoritas, representada por hombres o por mujeres, con canciones (debidas a Ariel Blanco) o sin ellas, pudo tranquilamente dejarse en el olvido y no le agrega nada a la fama de Jean Anouilh.