Se alza el telón
Malkah Rabell
Los armenios soviéticos bailaron en el San Rafael
Los que sólo conocen a los bailarines del Bolshoi se sorprenderán por la falta de brincos, vuelos aéreos y acrobacia de los danzantes del Ballet Armenio que llegó de la Unión Soviética y se presentó durante cinco días de la semana pasada en el teatro San Rafael.
Mezclando el folklore eslavo, particularmente el ruso, con elementos orientales, el Ballet Armenio tiene un tono general mucho más dulce, mucho más suave que la mayoría de los ballets folklóricos eslavos. Lo oriental es sobre todo en ellos muy visible y reconocible, especialmente en las mujeres que parecen ya princesas persas, ya heroinas hebreas surgidas de las páginas de la Biblia. Los hombres son más rudos y más rusos. Los siglos de convivencia y vecindad de sus respectivas regiones, aunque condenaron a los armenios a no pocas masacres, no podían impedir la mutua influencia. Tanto las danzas, con la mayoría de sus pasos populares, son rusos, como lo es la música, y la he oído en toda mi infancia. Desde luego, la música que más destaca es la de Aram Katchatourian, con su preciosa yuxtaposición de sonidos rusos con notas orientales. Lástima que sólo pudimos escucharla una vez, acompañando la danza: Festival de Juegos.
Y este pueblo de un destino tan trágico, asesinados en todas partes donde trataban de instalar sus nuevos hogares, asesinados por los turcos y ultimamente por sus vecinos de Acerbayan, pues este pueblo baila con una increíble alegría. Más aún, la tragedia les parece ajena, y la única danza donde se mostraron bastante poco adecuados fue la dedicada a las víctimas de dos terremotos, el de México en 1985, y el de su propio país en 1988. Faltaba en esa coreografía un temperamento más dramático en los hombres, y la dulzura en las mujeres que no podían lucir su belleza, de bellos rostros y altas figuras. Y en general esa danza carecía de su habitual ternura, que parece un rasgo muy peculiar de ese pueblo.
Danzas dedicadas a ciertas regiones, como la del lago Sevan o Vasbouragan; otras que recordaban a ciertas batallas como la de la Sarderabad entre armenios y turcos; danzas de gitanos o costumbristas... Y todas ellas con el conjunto de cincuenta elementos en el escenario entre hombres y mujeres. Parecían una multitud. Las mujeres bailaban sobre todo con los brazos, como lo hacen las bailarinas orientales; en tanto los hombres ponían todo el peso en las piernas, como los rusos, cuyos pasos de danzas populares adoptaron, y eran los que más subyugaban al público que llenaba casi totalmente el teatro en aquella helada noche decembrina del sábado ocho de diciembre. Un público que aplaudía con entusiasmo. Lo que no impedía que se notaban como islas, ciertos grupos que demostraron indiferencia y permanencían fríos, sin aplaudir una sola vez. ¿Razones políticas? o ¿razones estéticas? Se me hacían más bien las primeras.
Cuenta una leyenda que el Arca de Noé al terminar el diluvio se detuvo ante el monte Ararat y uno de los "viajeros" exclamó: "Ereban, Ereban", que significa: "Tierra... Tierra a la vista" o se ve, se ve. Fue el lugar donde se alzó la capital armenia, y donde permanece hasta la fecha con el mismo nombre: ¡Ereban!... Capital que no cuenta con más de dos millones y medio de habitantes. En tanto toda su pequeña República que hace parte de la U.R.S.S. cuenta con una población de cuatro millones.
¡Adiós hermanos armenios! ¡Vuelvan pronto que México les tomó cariño!