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Se alza el telón

Malkah Rabell

Panorama del Teatro en México en 1990

 

En cuanto a los teatros comerciales, o particulares, o profesionales, la obra nacional que más éxito obtuvo fue la de Carlos Olmos: Eclipse que aún sigue presentándose en el teatro Granero. La pieza tuvo la suerte de reunir tanto en el campo de la dirección como en el de la actuación, a los mejores actores bajo la batuta de ese espléndido director de escena que desde un medio siglo resulta Xavier Rojas que le han dado a Eclipse un temperamento, un ritmo desgarrador y único.

Otro autor que tuvo éxito con una obra recién estrenada fue Edgar Vázquez con Y... la vida cambia, puesta en escena en el teatro: Wiiberto Cantón (Sogem) bajo la dirección de Héctor Bonilla y Roberto Sosa. La obra, sin llegar a grandes alturas, interesa por la manera como trata de profundizar en el drama no sólo físico sino psíquico de un joven lisiado, inmobilizado en una silla de ruedas, interpretado por un actor de poca experiencia, pero que promete mucho, Sergio Silva, y en el papel del padre, el prepotente y tiránico hombre de negocios y de fortuna, el excelente actor Carlos Cámara. Las dos actrices que completan este cuarteto fueron Blanca Sanchez y la más extraña de las jóvenes intérpretes recién llegado al escenario: Carmen Delgado.

Tal vez podrirnos decir que la última obra de Luis G. Basurto: Corona de sangre, que fue presentada cuando el autor ya había fallecido, unos días antes del estreno, no tuvo todo el éxito que merecía. Drama que no posee la fuerza dramática de su Candidato de Dios, no obstante esta historia del padre Miguel Augusto Pro, y de su trágica muerte ante el pelotón de fusilamiento, tiene una fuerza desgarradora. Lástima que faltó la mano del autor para los últimos retoques a la dirección de Willebaldo López, y una selección más refinada de intérpretes que muy poco dieron de sí mismo. Ni siquiera Alejandro Camacho en el papel central del Padre Pro, acusado de ser el autor intelectual del asesinato del general Alvaro Obregón, logró algo más que una simple reproducción del personaje.

Otra obra estrenada en un teatro bastante lejano y poco conocido, el CADAC, y sin contar con un elenco profesional, fue: La vida de Ta-Ka Brown de Héctor Azar, que parece entrelazar dos influencias: las del teatro de Brecht y las del teatro del absurdo. Para quienes hemos amado la vanguardia y nos ha sugestionado el teatro del absurdo, hoy nos rejuvenece encontrar a nuestra "Vieja Guardia" como escondida en el personaje de esa Vida incontenible del respetable señor Ta-Kah Brown.

Tiempo de ladrones, como muchas otras, ha sido una reposición, y traía al escenario la remembranza, de Chucho el Roto. Y tal vez fue también reposición la obra del malografo joven dramaturgo, Oscar Liera: Al pie de la letra. Obra desagradable, con su imagen en vivo del aborto impuesto por dos sinvergüenzas a una joven, no menos sinvergüenza que encuentra que el amor a tres es el más adecuado. Y por fin fue reposición la famosa obra de Felipe Santander, puesta en escena en Cuernavaca y que ya llegó a las 50 funciones: El extensionista, con un elenco casi completamente nuevo formado por los alumnos de la nueva escuela de actuación creada por el propio Santander en la bellísima ciudad morelense que le dio una nueva vida cultural con su compañía de repertorio de Cuernavaca.

También en Cuernavaca puso Felipe Santander otra de sus obras, ésta nueva: México-USA, obra fuerte aunque carente de unidad deramática, a la cual la espléndida escenografía de Guillermo Barclay dio una unidad artística de la cual carecía el texto.

Indudablemente aún faltan muchas obras nacionales por nombrar, pero lamentablemente no tuve la oportunidad de verlas todas en ese maremagnum que es nuestro teatro en la capi:al. Obras tales como Luces de Termidor de Víctor Hugo Rascón Banda, que se presenta al aire libre en el Jardín del Monumento a Julio Castillo, bajo la dirección de Bruno Bert con el Grupo Itaca; o bien como la obra de Héctor Mendoza: Cosas simples en el teatro Virgina Fábregas bajo la dirección de Guillermo Serret, y hasta la más lujosa y brillante revista musical: Viva México... y Olé puede ser considerada obra nacional. Pero de ella hablaremos en los próximos artículos sobre el mismo tema.

Tampoco faltaran obras nacionales que todavía no salieron de sus teatritos anónimos y salitas inadaptadas, y cuyos autores permanecen desconocidos.

Lo que no deja de llamar la atención en este 1990, a punto de terminar, es la multifacética serie de representaciones infantiles debidas a autores mexicanos.

Continuará