Se alza el telón
Malkah Rabell
El tío Vania de Anton Chéjov en Contigo... América
Hace 100 años, en 1890, vio la luz la obra teatral chejoviana: El tío Vania, transformación de otro drama del mismo autor: El espíritu de los bosques que fracasó. Pero fue apenas el 26 de octubre de 1899 cuando Tío Vania logró su estreno en el Teatro de Arte de Stanislavsky en Moscú, donde la futura esposa de Chéjov, la actriz Olga Kniper desempeñó el papel estelar de Elena Andreyevna. Tal vez debido a ese centenario que el teatro independiente: Contigo... América —que a su vez cumple 10 años de existencia— eligió esa obra del famoso dramaturgo-cuentista ruso, para festejar su propio aniversario.
Las obras rusas siempre han sido de una especial dificultad. Lo que se llama el "alma rusa" no es nada fácil de expresar. Para el teatro Contigo... América resulta especialmente complejo ya que siempre se ha mantenido dentro del marco de un repertorio latino-americano, y la mayoría de su elenco lo forman actores jóvenes, para quienes crear tipos de carácter exige un esfuerzo nuevo. Y no siempre lo han podido lograr en la presente puesta en escena, como el de la Nana, esa clásica nana rusa, tan suave y entregada, un tipo tradicional tanto en la vida como en el teatro ruso, interpretada por Carmen Vera,una actriz muy joven desprovista de ese arte de la transformación que sólo tienen determinadas actrices de carácter muy competentes, y desde luego no logró dar el personaje. El director Blas Braidot al dirigir la obra tal vez pensó que el papel era insignificante y no obstante este símbolo de la vida familiar rusa resulta importantísimo.
Otro tipo femenino, el de Elena Andreyevna, la joven esposa de un profesor ya entrado en años, se me hacía excesivamente joven e ingenua. Las mujeres que seducen a todos los hombres en su derredor son por lo general vampiresas y no ingenuas. Además ese discurso acerca de la personalidad de Elena Andreyevna que pronuncia el Dr. Astrov, y en el cual señala todos los rasgos negativos de ese supuesto angelito se me hacen los más exactos. Creo que la intérprete Susana Mercader no entendía gran cosa de su personaje. Y el director Blas Braidot no la ayudó mucho a entenderlo. En cambio la que se me hacía excelente, era, como siempre la gran actriz Raquel Seoane en el papel de Sonia, la mujer fea y rechazada por el hombre que ama en silencio, y que sufre en silencio.
En cuanto a los hombres, son tres, pero sobre todo son dos quienes ocupan el escenario y el drama de esa familia que vive en el campo y recibe la visita de los dueños de la finca, seres urbanos mal asimilados por la vida rural. En ese drama de cuatro actos, es sobre todo el tercero que logra sacudir al público, con su violencia que enfrenta a dos hombres, al tío Vania, la víctima, contra el vanidoso y egoísta profesor Serebriakov. Un acto de especial fuerza dramática, cuando el drama se resuelve y la obra chejoviana tan famosa por sus silencios adquiere una voz estridente. Quizá los parlamentos más interesantes son los del doctor Astrov, un médico rural, que parece tener una voz moderna al hablar de ecología y considerar que es un crimen talar las añejas arboledas de esos maravillosos bosques rusos, ya que la destrucción de los árboles trae la muerte de la humanidad. Por ser un personaje indudablemente autobiográfico, ya que Antón Chejov también fue médico de aldea donde tenía una casa solariega: Melikovo, que más tarde vendió cuando los médicos le prohibieron vivir en su clima y el escritor se instaló en-Yalta, pasando los inviernos en Niza, Francia, por reflejar el doctor Astrov al propio Chejov resulta la figura más profundamente estudiada del drama. La interpreta el joven actor Pablo Jaime, también él demasiado joven para su protagonista, aunque Chejov murió a los 45 años debido a su enfermedad pulmonar. Tanto Pablo Jaime. como todos los actores del conjunto, dominaban los textos de sus papeles y los transmitían con mucha fluidez, pero se encontraban incapaces de darle vida más profunda a sus personajes.
Es Mario Ficachi, en el complejo papel del Tío Vania, quien mejor logra crear un carácter con vida interior. Ya hemos visto a Mario Ficachi en varios personajes latinoamericanos, y siempre ha tenido una profunda comprensión para sus protagonistas. Logró esa misma comprensión para el "alma rusa" del Tío Vania y se entregó con pasión al personaje y aunque demasiado joven consiguió hacer creíble a ese hombre dedicado a trabajar para otros y sacrificado sin remordimientos por su cuñado el profesor Serebriakov, interpretado con bastante sinceridad por Emilio del Haro, que poseía la figura y el aspecto más apropiado para su papel de todo el conjunto.
En el pequeño teatro que inauguró recientemente Contigo... América el área dedicada al escenario fue magníficamente aprovechado por el estupendo escenógrafo José de Santiago para los cuatro actos con sus distintas escenografías que los mismos actores manejaron al estilo brechtiano durante toda la duración del espectáculo.
La representación fue dirigida por Blas Braidot y a él se debieron las virtudes y las fallas de esa compleja obra rusa llevada a un escenario latinoamericano.