Teatro Hidalgo. Autor, Bertolt Brecht. Versión, Dirección y Producción, Xavier
Rojas. Música, Raúl Sáyago. Adaptación de letras,
Alejandro C. Rendón. Coreografía, Guillermo Keys Arenas. Escenografía, Antonio López Mancera. Conjunto musical, Los quemadores
de tabaco. Reparto: Virma González. Guillermo Keys,
América Velazco, Félix Santaella, Francisco Araiza,
Eva Nelly M., Rosa Guzmán, etc…
El montaje que acaba de hacer
Xavier Rojas en el Teatro Hidalgo, de El
alma buena de Sezuan (Der gute Mensch von Sezuan) de Bertolt Brecht es
uno de los más importantes de la temporada. Colaboran en el espectáculo,
Guillermo Keys Arenas, con una bella coreografía -además
de desempeñar él mismo, y ejemplarmente, el papel del señor Shu Fu-, Antonio López Mancera con una escenografía
funcional, sencilla y pintoresca; Raúl Sáyago, con
una música muy a la moda a gogó; Virma González, a quienes los dioses otorgaron el don de la
gracia, en el personaje central de la obra y un conjunto de actores jóvenes,
bailarines músicos que pusieron todo su empeño en la recreación de la obra
brechtiana, consiguiendo ofrecer al público un espectáculo lleno de frescura y
en el cual los postulados de Brecht dejan de ser teoría para convertirse en
mensaje vital, sin acartonamientos ni sofisticaciones.
Esta obra, lejos de ser una discusión
sobre el bien y el mal, trata de hacer un análisis de las relaciones entre las
clases sociales. El personaje de Shen-Te, desdoblado
en el de Shui- Ta es el que se encarga de clarificar la dependencia de los
personajes de los determinantes sociales a que se ven sometidos. No es que Shen-Te signifique la bondad y Shui-Ta la maldad que se
hallan en todo individuo. Su significación es de orden político y no moral. Shen-Te, por haber sido prostituta, es vista por la sociedad
-por una clase social igual a la de ella- como un ser en el que no se debe
confiar, del que se puede abusar y al que se debe explotar. Pero al desdoblarse Shen-Te en su primo imaginario, el señor Shui-Ta,
aparece como el “rey del tabaco”, a quien se respeta, teme y estima porque
pertenece a una clase social superior.
Los pobres no pueden ayudarse a sí mismos,
nos dice Brecht y, añade, el camino para ayudarles no es la beneficencia, como
tampoco el trabajo, cuando éste se verifica en condiciones de explotación. La
prueba es que cuando el policía o Yang-Sun se
sienten semiintegrados a una clase social superior, a
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diorama teatral
el alma
buena de
sezuan
por mara reyes |
través uno del uniforme de la Ley y
otro del látigo del capataz, se vuelven contra la clase social de la que forman
parte, por el solo prurito de
sentirse “superiores” a ella.
Los dioses, inútiles como figurillas de
paja, tampoco son la solución, ellos hacen todas las concesiones y son
impotentes para resolver los problemas de una sociedad capitalista en la que el
hombre tiene que sacrificar la bondad por la supervivencia. Los principios morales flaquean
ante la presión corruptora de una organización social fincada en la explotación
del hombre por el hombre. Los dioses se hacen los ciegos para no ver la trampa
imaginada por Shen-Te, con tal de poder decir que
todo está en orden en el mundo, pues han encontrado un “alma buena” que supo
mantener la bondad a pesar de la pobreza. Los dioses son los personajes tratados
por Brecht con mayor ironía, y -en la puesta en escena-, son los actores que los
encarnan quienes necesitan todavía pulimento, pues caen en errores de acentuación
en las frases y pierden frecuentemente el tempo que llevan sus compañeros, en
especial, el dado por Virma González, quien le imprime
no sólo el tempo, sino el ritmo y el tono a la representación. Ella es realmente
“el alma” del espectáculo, rodeada por el
marco de bailarines, magníficamente
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manejados por Guillermo Keys y de actores cuya juventud les permite mayor
ductilidad.
En cuanto al empleo que hizo Rojas de una
partitura diferente a la escrita originalmente para la obra, creo que de haber
utilizado la música de Paul Dessau, tal vez se le
habrían planteado a Rojas dos problemas: primero, el de tener que acoplar las
letras castellanas a una música que había sido escrita para otro idioma y
segundo, el del impacto que esa música pudiera tener en nuestro público. Por
eso me parece un acierto que haya substituido la partitura de Dessau por la de Raúl Sáyago, que
da a la obra una atmósfera de actualidad que llega más directamente al
espectador de México. Por otra parte, el que Bertolt Brecht no haya alcanzado a dirigir él mismo El alma buena de Sezuan,
da al director una libertad mayor que si
existiera un modelo previamente fijado por el autor.
Una de las mayores cualidades de la puesta
en escena de Xavier Rojas, es su belleza plástica (y el vestuario estilizado
que escogió, no exento de ciertos toques orientales), belleza que aunada a
los supuestos ideológicos, políticos y
sociales, esgrimidos con toda fluidez, dio por resultado una representación en
la que lo didáctico y lo estético se acoplan en perfecta armonía.
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