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Se alza el telón

Malkah Rabell

Aquel tiempo de campeones drama del dinero y del poder

 

Existe entre un grupo numeroso de críticos mexicanos, tanto de teatro como de cinema —sobre todo entre los muy jóvenes—, la tenacidad de considerar a los dramaturgos y a los cineastas estadunidenses como partidarios de un arte ligero, frívolo y falsificador de la vida nacional de su país que muestra bajo un color de rosa. Olvidan casi por completo que nuestras mayores fuentes de conocimientos de la "manera de vivir norteamericana" nos viene precisamente de los artistas de aquel país, los más acérrimos críticos de sus compatriotas. La obra que actualmente se presenta en el teatro Julio Prieto: Aquel tiempo de campeones pertenece a esa clase de dramas amargos e incisivos, que arrancan la máscara de todas las hipocresías sociales y políticas, para mostrarnos la vida del vecino país en toda su desnudez, en toda la verdad que trata de esconder el triunfo deportista tan caro a nuestros vecinos del Norte. Y para ofrecernos esa imagen, el autor, Jason Miller, no busca la gran ciudad, la urbe compleja y desgarrada por sus problemas, sino tiene la originalidad de elegir una pequeña ciudad de provincia, anónima, donde podríamos pensar que no pasa nada, y coloca en el escenario a cinco ex campeones del deporte a quienes el tiempo, los años han transformado en hombres maduros adaptados a distintas ramas de las actividades humanas.

Por lo general los dramaturgos tratan de mostrar la tragedia de una sociedad, de una ciudad o de un grupo determinado social, a través de la acción de algunos individuos. En Aquel tiempo de campeones muy poco sucede a través de la acción directa, sino a través de los parlamentos, de los diálogos de los protagonistas. Y sin embargo el drama nos resulta claro tanto en los sucesos como en la psicología de cada uno de esos personajes, cuya vida diaria gira y se encierra en la lucha por el dinero y el poder.

El autor, Jason Miller me resulta desconocido, aunque la obra no es un estreno sino un reestreno después de una década de interrupción. La obra de Miller ya fue puesta en escena con un grupo de brillantes figuras teatrales que lamentablemente han desaparecido, ya muertos, ya dedicados a otras actividades. Si mi memoria no me engaña la dirección continúa en manos de Rafael López Miarnau, quien como en la anterior oportunidad ha reunido en su torno a un equipo de campeones, pero no precisamente de futbol, sino de arte escénico.

Como a los cinco campeones, que para festejar una memorable victoria en el campo futbolístico se han reunido en casa de su entrenador, de su coach, tenemos en el escenario a Héctor Bonilla, José Alonso, Fernando Balzaretti, Patricio Castillo y Octavio Galindo, todos ellos absolutamente magníficos, y sería muy difícil hacer distingos entre uno y otro, elegidos todos ellos según los años que podrían tener los mismos actores si hubieran tomado parte en un match de futbol en su juventud. Cinco personajes que después de unas horas de rememorar viejos recuerdos al calor de unas copas, pasan de la conveniente clarividencia de gente bien educada al estado de embriaguez normal en semejantes casos, y empiezan a descubrir todos los secretos de sus vidas que no son precisamente tan limpias como los antiguos campeones desearían hacerlo creer al público, y tal vez a sí mismos. Todo está falso, y ni siquiera ese trofeo que figura en la casa de su entrenador es lo que parece ser: el trofeo de una victoria limpia. Esa victoria fue obtenida porque eran blancos y sus rivales eran negros.

A la misma altura de esos cinco intépretes queda la dirección de Rafael Miarnau, que supo manejar a cada uno de sus actores de acuerdo con los rasgos que debían tener los diversos caracteres, y logró imponer a todo el conjunto una disciplina excepcional

En cambio, no podemos decir nada en especial de la escenografía ni de las luces que también pertenecen a Rafael López Miarnau: cumplieron simplemente con las exigencias del drama, sin ofrecer nada de especialmente novedoso.

En resumen se puede pretender que se trata de una de las mejores representaciones de teatro extranjero -tal vez la mejor- de la temporada 1990.