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Se alza el telón

Malkah Rabell

Calle 42 en el Teatro Insurgentes

La comedia musical nació en los Estados Unidos cuando ya Viena tenía su opereta y España su zarzuela. Mucho antes de la comedia musical apareció la revista estadunidense, y recuerdo muy bien cuando en la pantalla recién nacido la palabra y el sonido, empezaron a surgir las películas dedicadas a las revistas musicales, en las cuales todo el mundo cantaba, bailaba y al final de cuenta nada pasaba. Creo que fueron esas revistas que dieron vida a una determinada categoría de comedias musicales, mucho más cercanas al joven cine americano que a la opereta vienesa. Ya en 1935, y hasta creo que ya en 1932, se cantaba y se bailaba en los filmes estadunidenses y también en los europeos. Lo que a veces resultaba divertido, pero más a menudo cansaba. No obstante mucho menos cansaba en el cinema que en el escenario cuando en éste empezaron a bailar y a cantar sin descanso. ¡La comedia musical estadunidense había nacido! Y cuando digo que esa clase de género teatral muy al estilo revisteril, cansaba, hablo sólo para mí. En cuanto al públio parece que escuchar la canción introducida por el jazz, cuya melodía le escapa, y ver por décima vez el tape,tape parece encantarle.

A esa clase de comedia musical pertenece Calle 42, más revista que comedia, con texto de Michael Blackwell, música de Al Dubin y coreografía en México del mexicano Roberto Ayala inspirado en el original dancístico del estadunidense Gower Champion. Estamos muy lejos de Amor sin barreras y de Mi bella dama. En cambio nos hallamos muy cerca de una comedia musical estadunidense como Chorus Line la que por igual que Calle 42 carece de argumento, es decir de alma y de espíritu, para arraigar su inexistente tema en las piernas de un amplio conjunto de bellas bailarinas. Al asistir a la representación podíamos decir del texto de Blackwell como lo decíamos con anterioridad de Chorus Line. ¡En La calle 42 el mundo baila! En cuanto al canto, apenas terminada la representación no logramos recordar las melodías.

Sin embargo la mayoría del público se divierte, con los 22 actores y actrices en el escenario, y con los conjuntos bailables constituidos por 38 bailarines y cantantes. Entre los intérpretes, los de la "vieja guardia" no llegan a más de tres: Amparo Arozamena, Óscar Servín y en el papel central, Joaquín Cordero. Los tres resultan excelentes. Pero una golondrina no hace el verano y tres actores no logran imprimir el tono a la larga lista de jóvenes actores que podríamos considerar como la nueva ola del teatro nacional. Entre los nuevos actores figuran Xavier Ximénez, Víctor Peña, Edgar Flores, Simone Brook, Elsa María Gutiérrez, Tania Fabiola Pérez, Sergio Acosta, Olivia Bucio, Male Pamplona, Laura Zaizar, Ana Sofía García, Claudia Gabriela, Alicia Fahr, Mario Sauret, Roberto Blandón, Manuel Canseco, Rodolfo Goldstein, José Posada, Alejandro Palencia, Maria Barbosa y Norma Valdés. De todos ellos sólo me resulta conocida Olivia Bucio. Como en las revistas, también Calle 42 está constituida por escenas, como sketches. Algunas especialmente divertidas e interesantes, como: "Ponte a bailar", "Teatro Calle 42", "Nueva York"; "Vamos a viajar", "No le des tanta importancia a los problemas" y otras más que se nos escapan de la memoria.

En esta vaga historia de una muchacha que pierde su trabajo y siendo buena bailarina viene a buscar un puesto en el conjunto de sus colegas danzantes y cantantes, sucede una desgracia a la primera figura, que sufre un accidente; cae y se fractura una pierna. La joven no puede presentarse en el estreno,y como hace falta quien la reemplace, se elige a la principiante que milagrosamente triunfa. Este es todo el argumento.

Indudablemente La calle 42 está destinada a ser un espectáculo de larga vida y de largo triunfo en el teatro Insurgentes.