Se alza el telón
Malkah Rabell
Al pie de la letra en memoria de Oscar Liera
Si quisiéramos recordar las costumbres del pasado para compararlas con el presente, miremos un poco al México de hace unos tres decenios más o menos. Entonces cuando una jovencita paseaba del brazo de su "novio", frente a su casa, y no se casaba con él, todo el barrio la consideraba una "perdida", una malviviente, una inmoral. Hoy, Oscar Liera —el dramaturgo hace poco fallecido— nos muestra a una joven cuya audacia se asemeja excesivamente a la pornografía. Y no es su embarazo fuera de las leyes matrimoniales que se presta a la crítica. El reconocimiento de la legalidad de un hijo aunque carezca de padre ha sido una de las maravillosas conquistas de la mujer mexicana de la cual carece todavía la mayoría de los países considerados de alta civilización. Lo que se puede reprochar a ese trío sexual formado por dos hombres y una mujer es su herencia de las costumbres que Víctor Margueritte describe en La Garconne. Oscar Liera defiende el derecho de la mujer de ser madre por su propia decisión. Con lo que desde luego todo el mundo está de acuerdo. En lo otro, la manera de llegar a ser madre en compañía de dos padres, que choca hasta a las personas bastante liberales. Me pregunto cómo presentará a su papá a su futuro hijo: "Hijito, éste es tu papá, y el otro también lo es. Puedes elegir". Y surge otra pregunta: ¿Es ello una de las costumbres que Liera descubrió en la deshumanización de la gran ciudad? ¿Una urbe como el D.F.? ¡No lo creo! Se ven siempre las cosas según el color de los anteojos con los que se mira.
Aunque Al pie de la letra pertenece al mismo tono y a la misma línea de violencia temperamental que Dulces compañías, hay mucha diferencia entre ambos dramas. Esta última puede ser considerada tal vez como la mejor obra del dramaturgo sinlaoense por su unidad y perfección tanto argumental como estilística. Creemos en Dulces compañías como en una tragedia surgida de la sociedad en que vivimos, de sus condiciones de vida. No pasa lo mismo con Al pie de la letra. Indudablemente existen semejantes casos. Pero son más bien raros. Se deben a degeneraciones personales y no a una sociedad enferma. En ese trío que realiza el drama, más bien creemos en la atracción homosexual de los dos hombres, por más que estos se indignan por semejante sospecha de la "vieja". Es el machismo que trata de defenderse. Todo el resto de esa aventura se nos hace simplemente criminal, realizada especialmente por uno de los dos hombres que tiene una fuerte influencia sobre su compañero a quien empuja hacia el crimen y hacia la locura.
Por fortuna para el espectáculo que se presenta en el minúsculo Teatro Santo Domingo, la dirección de Marta Luna le impuso un sello de credibilidad y de fuerte dramatismo. Su mano de directora original dirigió a sus tres personajes con una disciplina que los hizo verdaderos. Aunque no logramos sentir simpatía por ninguno de ellos, ni siquiera por la figura femenina que debe ser considerada la víctima pero que se nos hace repugnante. Por más que los tres interpreten a sus protagonistas con toda exactitud, y el personaje del compañero débil debe llevarnos a la compasión, no logramos comprender a ninguno de los tres, ni perdonarles su crimen, ni la conducta que los lleva —a los tres— hacia el crimen.
Los tres jóvenes actores, Chema, Alvaro Hegewisch y María Morett logran dar vida y realidad a sus personajes. Son ya actores con conocimiento de su oficio, que han tenido la suerte de ser dirigidos por uno de nuestros mejores directores de escena, Marta Luna en cuyo montaje el espectáculo se nos hace interesante y seguimos su trama con toda atención. Hasta nos pareció demasiado corto.
A su vez ,la carencia de escenografía, sólo se emplazada por el diseño de iluminación de Sergio López, es un detalle sugestivo. El empleo de las paredes del propio teatro dan la impresión de escenografía. Y por más que el argumento de Oscar Liera a menudo nos choca, la representación convence y despierta muchas inquietudes.