Se alza el telón
Malkah Rabell
México-USA representación en Cuernavaca
No se puede negar que Felipe Santander es un autor valiente que no teme las consecuencias que sus obras pueden acarrearle. Fue valiente al escribir El extensionista que lo compensó con cinco años de duración en cartelera y 3 mil 300 representaciones, y lo es al escribir México-USA, tal vez aún más. Ya que si en la anterior obra analizaba la situación del campesino mexicano, en la presente atraviesa la frontera norte y ataca de frente ciertos problemas que suceden en el vecino país del Norte y que tienen una relación directa con México. Si algo puede reprocharse a la obra, es su excesiva duración, su prolongada extensión que abarca demasiados detalles y protagonistas, demasidos elementos, demasiadas historias individuales y colectivas, psicológicas y sociales y, sobre todo, políticas.
De corte policial, como suele suceder con muchas novelas detectivescas -aun cuando no hay detectives en este drama- la intriga, o mejor dicho las intrigas, son tan numerosas, tan densas y tan complejas que a menudo llegan a lo enrevesado. Y parece que también en el actual caso el público celebra este México-USA con amplia y prolongada asistencia. La obra, estrenada en Cuernavaca, ya llega a las 10 semanas, lo que en la bella ciudad de la eterna primavera es más bien un caso raro. Pero Felipe Santander no se quiere contentar con los espectadores cuernavaqueños, y tuvo la original idea de invitar un profuso grupo de periodistas a través de sus tres agrupaciones profesionales de críticos, al servicio de quienes se puso dos camiones para pasajeros. Y sábado 21 de abril, a las 5 de la tarde, este multifacético auditorio pudo asistir en el teatro Ocampo -antiguo cine acomodado para las necesidades de un teatro- a la función de la tarde de México-USA.
Cierto que el drama carece de algún detective famoso y profesional, pero en cambio cuenta con una funcionaria del gobierno mexicano que se hace llamar Ruth Gordon, aunque éste no sea su nombre, es la que se lanza en persecución de esos gángsteres modernizados y adaptados a las nuevas condiciones de fines del siglo XX, que son los traficantes de las más complejas drogas. Y el autor, que también es el director de la puesta en escena, hace desfilar por los diversos escenarios a toda la clase de personajes chicanos y mexicanos de visita en el vecino país, que han sido llamados por las autoridades para descifrar un crimen, que en realidad nada tiene que ver con la comunidad mexicana. Pero, como suelen actuar las policías del mundo entero: los primeros sospechosos son los extranjeros. Y aun cuando estos chicanos ya sean ciudadanos estadunideneses, para la policía no dejan de ser extranjeros y, sobre todo, extranjeros pobres (aunque tampoco tienen mayor respeto hacia personajes de alcurnia o de alta posición política) a quienes se puede molestar impunemente y hasta a veces matar.
Debida la original escenografía a Guillermo Barclay, forma una unidad con el texto. En cuatro escenarios se llevan a cabo las diversas acciones y una quinta pantalla ofrece las explicaciones de los distintos hechos. La obra es fuerte, aun cuando carente de unidad dramática; más que obra teatral se antoja una novela policial que mantiene en tensión al público a lo largo del drama. Y la curiosidad del espectador casi nunca disminuye.
Elemento interesante es la multitud de actores noveles que toman parte en la representación. De los 31 que actúan, sólo cuatro son actores profesionales: Socorro Bonilla, como Ruth Gordon; además Hugo Larrañaga, Eduardo López, y Miguel Angel Zevada, los que pertenecen a la Compañía de Repertorio de Cuernavaca. Todos los demás, 27 en total, son miembros del Centro de Arte Dramático y Estudio, A.C., así como alumnos de la Escuela de Arte Dramático Seki Sano de Cuernavaca que abrió sus puertas a fines del año 1989 y donde iniciaron sus estudios esos jóvenes actores, quienes pese a su juventud y a sus recientes estudios profesionales, demostraron, bajo la dirección de Felipe Santander, una ferviente entrega y una férrea disciplina en el desempeño de sus papeles.
Otro hecho interesante es el teatro de 300 asientos que espera estrenar Cuernavaca a fines de 1990. Cuernavaca que por encontrarse tan cerca de la capital reúne las virtudes y los defectos de semejante cercanía, se halla en camino de tener una vida cultural independiente, debido al apoyo del gobernador del estado de Morelos, Antonio Riva Palacio y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.