diorama teatral
la crítica
por mara reyes
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Una vez más se ha puesto de
manifiesto la crisis en la que se halla desde hace años la crítica teatral en México. No ha faltado quien para juzgar un trabajo escénico, inmiscuya en su
comentario alusiones a las actividades extrateatrales de quienes han tomado parte en una obra, lo que es tan improcedente como si
para afirmar que un crítico es bueno o es malo como crítico hiciéramos hincapié
en que usa zapatos amarillos. Salvo muy honrosas excepciones de críticos que
han dado ejemplo de integridad, pesan sobre la crítica terribles lastres que
han hecho que la evolución de ella no haya ido aparejada con la evolución del
arte escénico en nuestro país. Cosa muy de lamentar y que nos pone frente a un
hecho contundente: la necesidad improrrogable de crear una carrera
especializada de crítica teatral.
No podemos ser indiferentes frente a una “crítica”
que se atreve a decir que una obra está mal interpretada porque el director es
dueño de un restaurante, o frente a una crítica que por no estar de acuerdo con
un género de teatro pide la aplicación del artículo 33 constitucional para
quien dirigió una obra; ni frente a una “crítica” que lejos de analizar
imparcialmente un montaje, se dedica a lanzar insultos personales a quienes participan
en una representación. Es hora de que las autoridades respectivas pongan coto a
esos vicios tan deleznables.
Hago un llamado pues a las autoridades
educativas, primero, para que tomen las medidas pertinentes para crear en sus
planteles (que pueden ser, la Escuela de Arte Teatral dependiente del Instituto
Nacional de Bellas Artes, o la Universidad Nacional Autónoma de México -dentro
de su escuela de arte dramático- o el Instituto de la ANDA) una carrera de “Crítica
Teatral” que puede ser complementaria de la de “Composición Dramática” o la de
“Director de Escena”, o bien adquirirse como doctorado especial de la
licenciatura de letras.
Sé que la sola creación de una
carrera de este género no sería de gran utilidad si los directores de los
periódicos y revistas no tomaran conciencia del problema, y es por eso, que el
llamado debe ir también dirigido a ellos, a fin de que una vez establecida
dicha carrera en los centros educacionales, ellos confiaran sus columnas a los
egresados de dichas escuelas, lo mismo que una empresa de construcción contrata
ingenieros, o médicos un sanatorio. Se me dirá que el título
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no es una garantía y que lo mismo
hay malos médicos o malos ingenieros titulados, como buenos médicos o
ingenieros no recibidos. Sin embargo, hay más probabilidades de que una persona
que ha realizado estudios especializados dé un mejor rendimiento, que otra
persona que se ha improvisado en tal o cual actividad.
Quien más, quien, menos, el público se
erige siempre en juez de todo espectáculo, porque la actitud humana no puede
evadir la posición crítica que es la que le ayuda a conformar su experiencia.
Siendo el teatro un arte complejo en el que intervienen tantos elementos: autor
(creador literario), intérpretes (creadores vivos), elementos sonoros,
plásticos y tantos otros, además del propio público que forma parte del
espectáculo y sin el cual el teatro deja de serlo, la labor crítica no puede
fincarse en la sola intuición, precisa de una metodología que es la que da al
crítico sistematizado la posibilidad de ascender esa difícil cuesta de la que
hablaba Alfonso Reyes que va “desde la libre impresión humana hasta el alto juicio
que sitúa las obras en los cuadros de la cultura”.
La crítica no es negación y censura y
creer que enumerar el error, la deficiencia o el defecto es hacer crítica es
una falta de la que debe precaverse todo crítico. La crítica también busca el
acierto, la eficacia y la virtud. Lo importante es tener la debida preparación
intelectual especializada para descubrir en dónde radican el acierto o el error,
la deficiencia o la eficacia, la virtud o el defecto de un espectáculo teatral
y fundamentar con profundidad esos juicios. Y es esa fundamentación la que sólo se obtiene mediante el análisis y el conocimiento de las artes escénicas.
No puede pedirse que la crítica sea
infalible, puesto que quienes la ejercemos somos humanos y por ende
susceptibles de equivocarnos; por otra parte, sería imposible una
estandarización -espantable además- de las opiniones y gustos personales, pero
sí puede exigirse a los críticos una fundamentación sólida de sus juicios,
ajena a cualquier clase de compromisos o de intereses creados, o de rencillas
personales o de odios gratuitos.
Y repito, es tiempo ya de cambiar de
nivel, es hora de que la crítica teatral alcance la estatura que en México ha alcanzado
la materia que estudia. No se puede criticar la teoría de Einstein desde un
pupitre de primaria, en el que apenas se ha aprendido aritmética elemental.
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