Se alza el telón
Malkah Rabell
Espectáculo universitario: La última diana de S. Magaña
¿Drama, melodrama, tragedia...? Tal vez todo ello. Hasta a veces farsa que hace reir a una determinada gente. Sergio Magaña es cruel, y no teme a la crueldad. Pero ésta tiene fuerza dramática y mantiene en tensión al público hasta el último momento de la representación. Y si a veces alguien lanza una carcajada, nadie la contesta, nadie la sigue. ¡La última diana! ya lo dice el titulo, nos enfrenta a un condenado a muerte, un militar. Y el dramaturgo nos lleva a una celda de sentenciado a la pena capital durante las últimas horas que aun le quedan de vida. El preso no tiene miedo a la muerte, pero en esa última soledad, se le presentan a la memoria distintas personas que tuvieron que ver con su destino de muchacho de clase social de la máxima pobreza, a la cual supo escapar por su carácter y su fe en la fuerza de los galones, en la grandeza del ejército y de los militares. Su estado de pobreza a la cual se ve reducido en su celda le da mayor angustia que el fusilamiento... A menudo la realidad y la fantasía se entrecruzan y el espectador ya no sabe muy bien si se halla ante el ensueño del reo o ante un suceso real. Tampoco sabemos siempre si estamos en México o en Panamá cuyo nombre se repite con frecuencia y al cual se puede adaptar el tema.
Pero la fuerza dramática nunca desaparece del escenario. Un solo episodio se me hizo superfluo: el penúltimo, cuando el autor introduce un suceso poco factible, que termina por antojarse excesivamente pesado, y ya porque se trata de un crimen irrealizable, ya sea porque se llega hasta el canibalismo. Pero si nos damos cuenta que todas las escenas con la madre, que en realidad ya murió, con la hermana, con el cura y con el venerable juez, son fantasías de una mente delirante en espera de la "última diana", entonces los excesos desaparecen y todo adquiere una perfecta claridad con una dramaticidad emocional llevada hasta las últimas consecuencias.
Este acto único con su hora y media de duración, no sé por qué me recuerda un cuento de Magaña cuyo título no recuerdo muy bien y que trata de la muerte de una joven campesina asesinada por su padre y su novio como castigo por haberse entregado a un amante unos días antes de su boda con el novio oficial. Tal vez esta semejanza que encuentro entre ambos casos es la crueldad tanto del padre como de la madre del reo de La última diana. Sergio Magaña no sólo no la teme a la crueldad, sino que tampoco teme aplicarla a la naturaleza de los progenitores.
Pero, la madre del preso, interpretada por Angelina Peláez, tiene tal despliegue histriónico, que todo en ella se nos hace posible y real, tanto su semisalvajismo como su odio contra el hijo que choca contra el odio de éste; tanto su coraje de una extraña "mutter courage", como su indiferencia ante la muerte del hijo condenado. ¡Gran actriz la Peláez! a la que vi actuar en papeles de jovencita, menuda e infantil, que hoy se nos presenta como una matrona amplia y gritona. ¡Si! ha crecido en dimensiones físicas, y en posibilidades artísticas.
Actor muy joven que nos ha sorprendido por su capacidad interpretativa, es Enrique Pineda, que ya se nos mostró como director de escena en varias oportunidades, sin casi nunca convencernos. Esta vez, como actor me pareció digno de un premio como intérprete juvenil: mucha fuerza dramática, mucho sentimiento y naturalidad, que nunca cae en exageraciones realistas.
Los demás personajes tienen papeles muy reducidos, aunque entre ellos figura un intérprete de primera magnitud, como Felio Eliel, quien en la sequedad del venerable no pudo sacarle más de lo que el personaje ofrece. En el papel del cura, Juan Sahagún resulta excelente, ya que el personaje tiene muchos momentos emotivos. Y por fin la muy joven actriz, Leticia Huijara le dio a la figura de la hermana del reo, no sólo su belleza y frescura, sino también su emoción dramática.
La dirección de Germán Castillo, que también abarcó la escenografía, con su sencillez de una celda de preso, así como la iluminación que cada vez adquiere mayor importancia en el teatro moderno, supo darle al drama de Magaña toda la fuerza que la obra contiene, toda la intensidad de los personajes, con la soledad delirante del reo, la desatada personalidad de la madre, y todos los menudos detalles psicológicos de los demás papeles. ¡Excelente puesta en escena, de una obra difícil de manejar!