Se Alza el Telón
Malkah Rabell
Una nueva voz en la dramaturgia mexicana: Virgilio A. Rivera
En momento cuando desaparece de nuestro escenario mexicano nuestro mejor dramaturgo joven, Oscar Liera, quien a los 43 años nos dio ya tantas obras importantes, y quien tenía aún tanto que decir, llegan a mis manos dos obras de un autor completamente desconocido para mí: Virgilio A. Rivera, quien tal vez un día reemplazará al desaparecido en el escenario mexicano, aunque quién sabe si sabrá recuperar la capacidad del otro.
¿Quién es Virgilio Ariel Rivera? Me dejó sus dos libretos cuando yo no estaba en casa, sin una palabra para explicar su proveniencia, sin posibilidad de ponerme en contacto con él. Y es así, sólo con el conocimiento de dos de sus obras, publicadas por la editorial: "Punto por Punto" Editores; dos piezas según las califica el autor: El enemigo está en casa y Aquel domingo en el Club, tuve que desbrozar la incógnita de ese dramaturgo novel. Y en realidad. por lo que nos deja suponer el texto, o mejor dicho ambos textos, el "enemigo" no sólo está en la casa, sino en el corazón y tal vez en la mente del autor. Y son esas dos piezas las únicas que conozco de esa compleja personalidad. Aunque también tiene un tercer libro acerca de teorías dramáticas que tituló: La composición dramatúrgica, estructura y cánones cuyo análisis haremos en otra oportunidad.
Según parece Virgilio Ariel River nunca tuvo la alegría de ver sus obras puestas en escena, y sin embargo son buenas, interesantes, o por lo menos así me parecen en mi modesta opinión. Llega al mundo del teatro ya nada joven, ya que nació en 1939, y en una de estas obritas: El enemigo está en casa da la impresión de reflejar en el protagonista a su propia personalidad. Ambas piezas presentan sendas introducciones debidas una a Tomás Espinosa y al licenciado Víctor Hugo Rascón la otra. La de Espinosa se apoya en la belleza de su propio texto, en tanto Víctor Hugo Rascón, con su acostumbrada inteligencia busca las raíces de las vivencias de los protagonistas, esos tres hermanos que se destrozan mutuamente con una sonrisa de buena educación . Son hombres de negocios que "hacen dinero", aunque cada uno de ellos heredó de la madre, una concertista, las tendencias artísticas. Uno es escultor —lo que llaman artista del domingo—; otro, el hermano mayor, Ricardo, brilla por su talento en el piano. Sólo Adrián (cambio fácil de descubrir entre Adrián y Ariel). El menor de los tres, ha abandonado su pasión por las letras para dedicarse, con mucha capacidad a los negocios de la familia. Y este último,'cuando la obra se inicia, abandona la vida fácil del empresario, para volver a su gran amor, la literatura.
En cuanto a la otra obra: Aquel domingo en el club, tal como apunta Tomás Espinosa en su "A manera de prólogo": "...pieza en dos actos, nos muestra a un autor preocupado por viviseccionar la educación sentimental de una clase social en decadencia—¿la clase alta baja? ¿la novísima burguesía?— que incuba el virus de su propia destrucción... Esta obra draga y desazolva las frustraciones de los protagonistas. .. en un continuo círculo vicioso, un infierno en voz queda, sotto voce".
Y este sotto voce es el tono contínuo de las dos obras, que nunca recurren a los gritos histéricos del melodrama. Pero es en Aquel domingo en el Club donde sobre todo se plantea la demolición del machismo que va y viene del cero al infinito y llega a las máximas alturas, reflejo del carácter del protagonista. Obra donde no falta misóginas en sus bien estudiadas pinturas femeninas. También subraya Tomás Espinosa que: "La estructura de esta obra es lineal. .." sin embargo, según el mismo Espinosa: "Virgilio Ariel Rivera sostiene y matiza a través de, situaciones y diálogos que discurren con fluidez y con cierto tenue tinte poético florecido de la —en apariencia— gris y roma cotidianidad...
He aquí las opiniones que dos dramaturgos jóvenes han emitido acerca de un colega mayor, que llega tal vez tarde, pero ya maduro como un árbol lleno de frutas..